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Jaume Grané_despatx.
Jaume Grané al despatx de la rectoria
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En el corazón de Sant Andreu de la Barca se erige un campanario tardogótico de 1581. La parroquia que hay a sus pies fue construida a finales del XIX y reconstruida parcialmente después de los estragos de la Guerra Civil. Alrededor de la plaza de la iglesia, un entramado de bloques de pisos en calles estrechas testimonia la transformación que ha vivido el pueblo durante las últimas décadas. No obstante, el patio que comunica la parroquia con la rectoría parece un trozo de cielo que, al margen de los cambios exteriores, permanece atemporal. Se puede acceder como si se tratara de una plaza del pueblo, sin tener que llamar a ningún timbre.

Desde allí me abre la puerta Jaume Grané, rector de Sant Andreu desde hace 34 años y sacerdote desde hace 50. A lo largo de este medio siglo, Grané no se ha limitado a ver pasar el tiempo, sino que ha sido protagonista de grandes cambios. Comprometido con la pastoral obrera y con una Iglesia que toma partido ante las injusticias, Grané fue uno de los impulsores de la JOBAC, de la ACO y, posteriormente, de la JOC en el Baix Llobregat. También fue pionero en Cataluña en el uso de proyectores en las misas, algo que hoy está plenamente arraigado. Jaume Grané forma parte de una generación de sacerdotes que lleva 50 años viviendo para llevar a la práctica el espíritu del Concilio Vaticano II.

Con una sonrisa amable, me recibe en el primer piso de la rectoría, donde tiene su despacho. La sala está repleta de discos de la nova cançó, que denotan tanto la época de la que es hijo como su compromiso social. Nació en 1947 en Matadepera, en una familia numerosa, pero a los 11 años ya ingresó en el Seminario Menor. Los años en la Conreria "fueron un tiempo de espabilarnos, de abrir los ojos", asegura el sacerdote.

"Éramos jóvenes de edad, de Iglesia y éramos jóvenes políticos"

Eran tiempos convulsos en la Iglesia y en Cataluña: cada vez era más evidente la oposición a la dictadura y las demandas de aggiornamento en Roma. Al hablar de la época de formación, Grané siempre se refiere en plural. Nunca habla de él mismo en solitario, sino de toda una generación. Una setentena de jóvenes cursaron la formación sacerdotal durante aquellos años y muchos celebran este año las bodas de oro de presbiterado.

"Éramos jóvenes de edad, de Iglesia y éramos jóvenes políticos. Las tres juventudes a la vez nos pusieron en mucha marcha." El espíritu de renovación era generalizado en toda la esfera formativa eclesial de Cataluña, asegura Grané, tanto en el seminario mayor como en el menor. Recuerda con humor cuando vino a la Conreria Modrego Casaus, el obispo de Barcelona, a explicarles que se celebraría el Concilio Vaticano II.

"¡Nada! ¡No os preocupéis! –les dijo el obispo– Conversan allá en Roma, pero no pasará nada. ¡Todo seguirá adelante!" Grané ríe y aclara: "Nos dio una charla carca tremenda. Y nosotros nos estábamos de pensar: ¡uy! ¡Si esto lo revolucionará todo!".

"Nos pudimos unir porque, de hecho, compartíamos la manera de trabajar y de hacer, a partir de la revisión de vida."

Habiendo terminado el seminario, Grané fue ordenado en Sant Boi de Llobregat el seis de julio de 1975. A lo largo de sus cincuenta años como sacerdote, siempre ha estado vinculado al Baix Llobregat. Después de Sant Boi, fue destinado a Molins de Rei, más tarde a Castellbisbal y finalmente a Sant Andreu de la Barca. No obstante, durante todos estos años siempre ha procurado tejer redes en la zona, yendo más allá de cada pueblo.

Justo después de haber salido del seminario, él y otros rectores de la zona impulsaron los encuentros de confirmación para jóvenes. Cada mes organizaban un encuentro en una ermita de la comarca para jóvenes que se estaban formando para la confirmación. Se reunían cada mes una setentena, recuerda Grané. En un inicio, los encuentros funcionaban de manera independiente, pero con el paso del tiempo fue necesario coordinarlos, y fue entonces cuando se creó la JOBAC –Jóvenes Cristianos de Barrios Obreros y Ambientes Populares– en el Baix Llobregat:

"Nació en Barcelona, pero nosotros nos unimos porque era lo que necesitábamos, lo que esperábamos. No fuimos como un apéndice, sino que desde el primer momento, participamos de pleno derecho".

A finales de los años 80, la JOBAC se fusionó con la JOC para unificar esfuerzos. “Nos pudimos unir porque, de hecho, compartíamos la manera de trabajar y de hacer, a partir de la revisión de vida.” También fue entonces cuando apareció la ACO en la zona, que “durante muchos años se ha alimentado de los grupos que venían de la JOC”.

Gran parte de estos proyectos pudieron llevarse a cabo por la colaboración entre clérigos y laicos jóvenes comprometidos, algo que hoy cuesta encontrar. Actualmente, "nos cuesta mucho llegar a los jóvenes. Entre otras cosas, porque también nosotros nos hemos hecho mayores. Cuando tienes relación, tienes relación porque eres el sacerdote, porque eres el maestro... En definitiva, porque hay una relación de jerarquía." Los proyectos funcionan cuando hay una relación cercana, de amistad, asegura Grané.

"¡Oramos para tener más fuerza para hacer el trabajo después!"

Respecto a los jóvenes de hoy, advierte que, por un lado, desconocen completamente el hecho religioso y que, por otro, están completamente sobreprotegidos por los padres. También se fija en un sector creciente de jóvenes conservadores dentro de la Iglesia, que son de un estilo "más dócil, más piadoso" y que, en lugar de buscar el camino del servicio y el amor, buscan seguridad en Cristo. Ante esto, Grané reflexiona:

"¿Qué hacía Jesús a lo largo de su vida? ¿A quién atendía? Atendía al que estaba enfermo, a aquel que estaba fuera de ruta... Nosotros debemos seguir este camino y no el camino de la seguridad. ¡Oramos para tener más fuerza para hacer el trabajo después!"

Sin embargo, puntualiza que este perfil de jóvenes no son los únicos, sino los "que hacen más ruido”.

Hablemos ahora sobre los antiguos jóvenes vinculados a la JOC y la JOBAC. ¿Qué ha sido de ellos? "Hay gente que se ha desconectado de la Iglesia, pero no se han desconectado del compromiso. En este sentido, te los encuentras también cerca porque son servidores de los demás." Sin embargo, "de vez en cuando hay alguno que da un paso hacia una fe personal y profunda. Entonces son un testimonio importante".

La crisis de vocaciones también es un reflejo de este desencanto religioso generalizado. Ya se notaba hace cincuenta años, pero ahora es más grave: "es una crisis fuerte. De tal manera que, en este momento, nuestra diócesis de Sant Feliu no tiene a nadie en el seminario." En este sentido, "debemos ir pensando en cómo podemos invitar a realizar este servicio de sacerdote, pero desde otra perspectiva."

Ahora bien, no todo son malas noticias. Al preguntar si la Iglesia de hoy es mejor que la de hace 50 años, Grané me responde con un sí rotundo y convencido: "Sí, porque está más atenta a los pobres." Además, "cuando miras el panorama de toda Cataluña, estamos en un buen momento. De obispos más jóvenes." Concretamente, "en la diócesis de Sant Feliu estamos viviendo un momento de empuje con el obispo que tenemos: joven, que tiene cuerda...".

Desde la diócesis se reafirma que nadie es más cristiano que otro por su cargo: "el obispo recalca mucho que todos los cristianos somos bautizados por igual." "En este sentido, estamos viviendo una hora fresca, nueva." Y añade: "tenemos que salir más. No solo debemos vivir la fe los que ya la tenemos y ya la vamos conservando, sino que es necesario que podamos relacionarnos y expandirnos. Debemos ser más misioneros."

"todos seguimos al mismo Dios, aunque sean diferentes formas."

Antes de acabar la entrevista abordamos un tema complejo: la inmigración. Grané expone convencido la dificultad de la situación, comprometiéndose al diálogo y a la integración:

"Hay quienes juzgan mal a los inmigrantes, quienes los ven como un lastre que nos ha caído encima. Debes ayudarles a hacer la lectura positiva. Es decir, esta persona ha venido aquí porque lo necesitaba, porque su vida no podía avanzar. Por tanto, nos toca facilitarle el arraigo y amarlo como a uno más."

Sobre el islam afirma: "En lugar de hablar tanto de ellos, lo que debemos hacer es hablar con ellos. No es fácil porque la cultura que tenemos, la nuestra y también la suya, no lo facilita, pero... pienso que, en un tiempo no muy lejano, deberemos ir organizando en todas partes encuentros, juntos de cristianos y musulmanes. Porque, de hecho, viven aquí y comparten el pueblo, la vida." Y añade: "Todos seguimos al mismo Dios, aunque sean diferentes formas."

Con 78 años y habiendo celebrado este año las bodas de oro sacerdotales, Grané ya hace tiempo que podría haberse jubilado. Así, cada vez ve más cercano el futuro en la residencia, que no le supone ninguna angustia, al contrario. Para un sacerdote, no hay incertidumbres ante la jubilación. Entre risas afirma: "Vas a una residencia que ya conoces al personal. Los compañeros: los de delante tuyo." Al pesado paso del tiempo, Grané ha tenido que añadirle dos cánceres que ha tenido que superar. Sin embargo, con humor y optimismo, el sacerdote afirma: "De cada cosa he salido, ¡gracias a Dios! Aún tengo ganas de continuar un tiempo, porque aún me siento bien. Si la salud me aguanta seguiremos... ¡Y el obispo contento! Por tanto, más adelante, no lo sé, ya veremos."

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