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vlaferrara Jue, 09/06/2022 - 09:40
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(Montse Punsoda –CR) Desde sus inicios, son muchas las comunidades religiosas que han tenido en sus dominios un espacio de terreno dedicado al cultivo. De hecho, antiguamente, era un espacio imprescindible en la estructura de los monasterios, permitiéndoles la autosuficiencia, sobre todo, para aquellos más alejados. Así se puede ver en el Monasterio de Pedralbes que recientemente ha recuperado el huerto como se conocía en la época medieval. Con el paso del tiempo, muchos de estos huertos siguen existiendo, aunque en algunos casos su sentido ha dado un giro, jugando un rol diferente, pero igualmente esencial. Es el caso de los huertos sociales destinados a la formación y la recuperación de personas en situación vulnerable. 

Hoy en día, algunos conventos y monasterios que todavía mantienen estos huertos o el espacio donde se trabajaba, han abierto sus puertas y se han aliado con entidades sociales para dar una nueva utilidad a estas tierras. Es el caso de las benedictinas de San Pedro de las Puelas o las Carmelitas de Mataró, que colaboran con este espacio con la inserción o formación de quienes lo necesitan.

El cultivo, una vía hacia el bienestar

"El huerto es como un oasis en medio de Mataró y nos invita a compartirlo. No podíamos tener un espacio tan rico y disfrutarlo sólo nosotros". Lo explica Maria Alves, monja de la comunidad de las Carmelitas Descalzas del Monasterio de la Inmaculada de Mataró y responsable del huerto. Desde hace unos cinco años ceden una parte del huerto del convento a la Cooperativa Tarpuna.

La entidad está creada por un equipo dedicado a la gestión de proyectos de Horts Socials con fines terapéuticos, comunitarios, de integración o producción. Los encargados de sembrar y cultivar son un grupo de personas que por diferentes circunstancias se encuentran en situación vulnerable, y trabajar en los huertos les ayuda en su recuperación.

Tal y como explica la educadora social de Tarpuna y encargada de dinamizar el huerto de las carmelitas, Meritxell Peña, "se ha comprobado que la horticultura crea bienestar físico y mental". Cada miércoles, Peña acude con unos trece participantes en el huerto y les acompaña durante el proceso. Los miembros del grupo llegan derivados de diversas entidades sociales como Cruz Roja, Servicios Sociales del Ayuntamiento, Proyecto Guaita de los Salesianos o Cáritas, las cuales saben de los beneficios que aporta la horticultura.

Maria Carol, trabajadora de Cáritas Mataró, destaca que cuando consideran que un usuario de Cáritas le puede servir de ayuda se ponen en contacto con Tarpuna para que entre en el grupo. "A menudo son personas que necesitan un espacio para desconectar de su contexto o, incluso, de una crisis", explica Carol. "Cuando se encuentran en un espacio alejado sin ruidos y trabajando de otro modo, les ayuda anímicamente y se abren a ellos y al grupo", añade.

En este sentido, Meritxell Peña insiste en que "los huertos sociales promueven la socialización. No es sólo una cuestión de cultivo, sino la relación que se propicia entre el entorno y el grupo", asegura. "Por un lado, la relación con la tierra, que hacemos de manera ecológica, crea tranquilidad y, al mismo tiempo, a lo largo del proceso se hace red entre los miembros del equipo y las entidades colaboradoras".

Vínculo entre la comunidad y el equipo

"En el equipo del huerto las carmelitas son un integrante más, siempre disponibles por todo lo que necesitamos", continúa Meritxell. "Contar con estas tierras es una suerte y una oportunidad", añade. Entre las hermanas carmelitas, la educadora social destaca especialmente el papel de Maria Alves, la hortelana que actúa de nexo con la comunidad. "Es una más. Cada miércoles se une con nosotros y, cuando no estamos, nos facilita la acequia y la supervisión, y cuando estamos, come y trabaja con nosotros", explica.

Además de ayudar, Maria organiza talleres de elaboración de ungüentos y confituras a partir de productos naturales. "Para mí representa una aportación a la gente que lo necesita y eso me emociona", asegura Maria Alves. La hermana carmelita dice que, aunque la congregación es contemplativa, "Dios les ha puesto la iniciativa en medio del camino y esta sensibilidad crece en su interior, tal y como Santa Teresa lo quiso". Además, Maria explica que para ellas, monjas contemplativas, es seguir la llamada del papa Francisco de "ir a las periferias". "Una vida contemplativa, si no está insertada en el mundo y es solidaria con éste, es una vida contemplativa que está en alto", expone.

La carmelita transmite el cariño por la "Meri" o por los diferentes integrantes del grupo y asegura que la relación con ellos le ayuda también a "salir de sí misma y aprender a escuchar". "Poco a poco, vas conociendo cada uno de ellos y el cariño crece y la amistad también", explica.

El huerto de San Pedro de las Puelas

Este vínculo entre comunidad religiosa y huerto social también lo encontramos en Barcelona, ​​en el monasterio de San Pedro de las Puelas, que cede 125m² al Asís Centro de Acogida, que asiste a personas sin hogar. Hace unos siete años y medio que la congregación ofreció en el Centre Acollida Assís la posibilidad de utilizar este espacio del huerto.

Entre las benedictinas y la entidad social el nexo es Catalina Terrats, hermana de la orden y una de las fundadoras de Assís Centre Acollida, siempre muy arraigada a la entidad. "Esta colaboración y el vínculo creado me ha enriquecido la vocación", explica Terrats, que fue la líder de la propuesta. "Se trata de vivir la vocación desde nuestro tiempo, por eso debemos estar", añade. En la misma línea, la abadesa del monasterio, Esperança Atarés, asegura que "para la congregación vale la pena formar parte de este proyecto, porque permite que aquellos que más lo necesitan puedan tener ese lugar donde desconectar".

Por su parte, el responsable de educación, formación y salud del Área Social de Asís, Kike Fontan, asegura que "es una relación muy positiva". "Nos lo hacen muy fácil: son mujeres abiertas a proponer con energía y ganas de ayudar y es una suerte que nos den esta oportunidad". "Sin duda, forman parte del proyecto y son una más. Y Catalina ha mantenido mucho el vínculo. Ella es la esencia que haya surgido".

Formación y preparación laboral

En el caso de Assís Centre Acollida, el huerto se utiliza para Assís Verd, un curso de técnico en mantenimiento de huertos urbanos, compostaje y jardinería que hacen con la Universidad de Barcelona. "Es un curso prelaboral que da una titulación de extensión universitaria a los que lo estudian", asegura Kike. Explica que muchos de los que cursan la titulación son de Centro de Acogida o incluso provenientes de otra entidad, para encontrar una salida a su situación. Van alrededor de unos 20 alumnos cada jueves, y después algunos amplían con las prácticas gracias a un convenio firmado con Terrats.

Kike Fontan afirma que supone una vía para prepararlos y conseguir trabajo en el sector de la horticultura, así como para trabajar la puntualidad o la higiene y darles un empujón por la reinserción en el mundo laboral. "Utilizando el huerto como excusa potenciamos que puedan entrar también en otros sectores", dice.

Al igual que Tarpuna, En el Centre Acollida Assís también usan los huertos como terapia para cultivar diferentes hábitos y mejorar la autoestima. "Ayuda mucho, ponen en práctica aspectos personales y les lleva a superar habilidades sociales, enfermedades mentales, vínculos sociales con personas, trabajo en equipo", explica Fontan. Una vez finalizado el curso, asegura que existe "un crecimiento personal muy grande". "Trabajan el huerto pero, a la vez, aspectos sociales que te ayudan en el día a día", añade.

Extendiendo la red

Las carmelitas y las benedictinas no son las únicas comunidades religiosas que colaboran con los huertos sociales. Estos beneficios que puede llevar la horticultura también los trabaja la Fundación Benallar en varios huertos, uno de los cuales se ubica en la comunidad de la congregación de las Hermanitas de la Asunción, en Barcelona. También, en Vilanova i la Geltrú, la Fundación de Amparo de las Hijas de la Caridad cede unas tierras a Cáritas Sant Feliu que llevan a cabo un Huerto Social con usuarios de la ONG. Subrayando y reafirmando las declaraciones de Asís o de Tarpuna, Francesc Arnáez de Cáritas Sant Feliu, insiste en que "la relación y la desconexión que se crea en estos huertos propicia un núcleo bueno para el bienestar de quienes se encuentran en dificultades". 

En los distintos casos se repite vínculo entre congregación, huerto y entidad social. Un círculo que se retroalimenta para dar una salida a aquellos que lo necesitan. En el caso de Tarpuna, invitan también a todos aquellos que lo quieran a entrar en este proyecto con la propuesta de apadrinar el huerto social de las carmelitas: "El objetivo es que se implique la comunidad y que esto nos permita continuar", explica Meritxell.

Con esta iniciativa, aparte de colaborar en el desarrollo del huerto social haciendo una aportación económica anual, se ofrece a los padrinos participar en algunos de los talleres de huerto ecológico, conducidos por la hermana Maria Alves, una cesta con productos del huerto o participar en una jornada de trabajo en el huerto.

Como dice esta monja carmelita, "todo el apoyo cuenta a la hora de hacer funcionar el huerto social". Un huerto que si en unos inicios suponía una vía de autosuficiencia, ahora es un camino a la reinserción, donde todo el mundo puede sumar y aportar. Así, de esa semilla sembrada en equipo, se obtiene la mejor cosecha.

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