Glòria Gasch i Brosa (Barcelona, 1973) está casada y es madre de dos hijos. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Durante más de veinte años ha trabajado como editora en varias editoriales, es autora de Ara, i cada demà (Empúries) y actualmente dirige el conglomerado editorial Edicions 62 y Columna Edicions. Aunque nació en Barcelona y trabaja allí, vive en Teià con su familia. Nos encontramos en la plaza de la Concòrdia, en Les Corts, frente a la Parroquia de Santa Maria del Remei. Hace un sol de invierno que adormece. Entramos en el Centro Cívico de Can Deu para tomar el café después de comer, despejarnos y charlar un rato.
Te pedí que nos reuniéramos en un lugar que fuera importante para tu vida espiritual, y me has citado en la plaza de la Concòrdia. ¿Por qué?
Mi comunidad cristiana nuclear es la del grupo de Emaús que formamos ya hace diez años. Empezamos en la iglesia de Betlem con el sacerdote Joan Costa y vinimos aquí, hacia la parroquia del Remei, cuando él también vino aquí. Aquí es donde todavía nos encontramos cada lunes para hacer adoración eucarística y para preparar los siguientes retiros que haya previstos. Carlo Acutis, el santo milenial, decía que la Eucaristía es la autopista hacia el cielo y así lo he vivido.
Para alguien que no sepa nada, ¿cómo explicarías en qué consiste un retiro de Emaús?
Yo diría que, ahora mismo, Emaús es el mejor plan de marketing que hay para que Dios te toque. Es un formato que viene de Estados Unidos y que se instauró aquí en 2014. Bueno, empezó en Madrid y luego llegó aquí a Barcelona. Consiste en un fin de semana muy experiencial en el que he visto conversiones en cuarenta y ocho horas. Y a los sacerdotes les va muy bien, porque en dos días se hace un trabajo que en otro contexto a veces cuesta dos años hacer. Se trata de un retiro que solo puedes hacer una vez en la vida y que es confidencial, aunque después puedes volver a vivirlo, pero sirviendo, preparándolo. Emaús es como una mancha de aceite que se ha ido extendiendo a muchas parroquias, y que además sirve para distintas franjas de edad. Para los jóvenes universitarios está Effetá y para los jóvenes profesionales está Effetá pro, por ejemplo.
¿Y cómo llegaste a hacer un retiro de Emaús?
A mí me invitó mi hermano. Somos cinco. Yo ese fin de semana tenía planeado ir a mi retiro de Montserrat, pero al final fui a Emaús. Y me encantó.
¿La fe te viene de la familia?
Sí, en el sentido de que la fe es algo que siempre había vivido en casa. Pero el retiro de Emaús fue un punto de inflexión. Normalmente, se lee la lectura de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35) porque explica muy bien qué pasa. Yo tenía a Dios a mi lado, pero no lo veía. Igual que los discípulos que iban caminando, lo tenían al lado y no se daban cuenta. Había recibido una educación en la fe y tenía una vivencia de la fe, pero hay un momento en que Dios se acerca de una manera especial.
¿Identificas este momento íntegramente con el retiro de Emaús?
Íntegramente, no. En casa nos marcó mucho la muerte de nuestra madre, cuando yo tenía seis años. La muerte de una madre es un naufragio. Ella era muy creyente, estuvo enferma durante un año antes de morir y nos explicó muy bien qué estaba pasando. Ahora ya puedo hablar de eso como una bendición. Estudié en las teresianas, y las monjas me decían: "tienes dos madres en el cielo". Yo pensaba, "pero, ¿qué dicen?". Y ahora lo entiendo. Para todos los hermanos este es un evento que nos ha marcado mucho.
Jesús nos dice: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). En qué sentido, después de estos episodios de lucidez espiritual, dirías que te ha hecho nueva?
Dios lo hace todo nuevo, y cuanto más presente lo tienes, más te transforma la vida. Y más sentido le encuentras a tu propia vida. Cuando realmente lo pones en el centro te das cuenta de que no necesitas nada más. A medida que te entregas más intensamente a la oración o a la adoración eucarística misma vas construyendo una intimidad, te sientes en comunión absoluta. Da muchísima paz.
Si le tuvieras que explicar a un agnóstico o a un ateo cómo se reza, ¿cómo lo harías?
Es una meditación en la que está bien entrar a través de una lectura del Evangelio y en la que te concentras en establecer un diálogo con una persona que te escucha incondicionalmente. Rezar es todo lo que da sentido a mi creencia. Sin oración no hay nada. He usado la palabra meditación porque es una palabra que un agnóstico o un ateo puede entender. La oración es la sensación absoluta de paz interior que describe tan bien Jacques Philippe.
¿En qué medida la fe se realiza en la vida familiar?
Es clave. La familia es tu pequeña sociedad. A mí me ayuda a entender qué papel juega la vida familiar en la vida espiritual el símil de los palitos: un palito solo es fácil de quebrar. Un manojo de palitos, en cambio, cuesta mucho de quebrar. Compartir la fe y poder vivirla en familia te hace sentir menos aislado. Y en la concreción del matrimonio, la pareja debe poder responder una pregunta muy sencilla: ¿esta persona es tu camino al Cielo?
¿Cómo crees que se debe hablar con los hijos?
Ellos vieron mi conversión después de Emaús y alucinaron. Mis dos hijos han hecho Effetá, después. Pero los hijos tienen su propio camino, porque Dios tiene un plan único para cada uno. Para mí es importante que ellos puedan hacer su propio camino. Quizás es cierto que la muerte de mi madre me ha hecho hablar de la muerte de una manera muy desprendida con mis hijos, por ejemplo. Y la manera en que hablamos de la muerte puede ser una ventana a una conversación sobre la trascendencia.
¿Qué traducción práctica dirías que tiene el cristianismo en tu vida?
“Amar a los demás como a ti mismo” es el mensaje que debemos encarnar en todas partes. Si vas a misa y después eres un hijo de puta en el ámbito laboral, tienes un problema. Como cristianos, tenemos la responsabilidad de ser un ejemplo para los demás. Si realmente lo creemos, no podemos ser unos amargados. Somos personas y tenemos altos y bajos, y a veces nos equivocamos, evidentemente. Somos humanos, y Jesús también experimentó la tristeza. Pero debemos ser conscientes de que somos lo más cercano a Dios que estarán muchas personas de nuestro alrededor.
La vida laboral y la vida espiritual pueden parecer dos compartimentos que no se relacionan, pero los creyentes sabemos que todo trabajo se puede convertir en oración. ¿Cómo se refleja este vínculo en la vida de una editora?
Haciendo libros como este de Oriol Jara, ¿Por qué creo en Dios?. Llegó un momento en que, con el trabajo que tengo, tenía que hacer algo más. Tengo una plataforma que es un privilegio, dirijo dos sellos generalistas que pueden llegar a muchísima gente y tengo que aprovecharlo. Ahora hay un resurgimiento clarísimo de la espiritualidad y hay interés. Los jóvenes se están convirtiendo y sus padres quizás no creen en nada. Hay un boom europeo general que tendrá una traducción local.
¿Qué papel debe tener la lectura en la vida del creyente?
Es fundamental. Igual que la narrativa o el ensayo alimentan tus referentes culturales, hay lecturas que son alimento para el alma. Siempre llevo algún libro encima que me sirven para rezar. Antes he citado La paz interior de Jacques Philippe porque me ha servido mucho. Aquella frase subrayada o aquella idea que te ha tocado de una manera especial puede abrir caminos nuevos en la oración. La paz interior me ha venido bien para pedir una fe más sólida, para que el primer obstáculo no me desequilibre.
¿Y aparte de La paz interior, qué lecturas dirías que más te han servido?
Los libros de Jacques Philippe en general. En su momento, sin embargo, para mí fue muy importante el testimonio de santa Teresa de Jesús. Es mi referente más primario. Cuando era pequeña también vi una película que daban en TVE sobre su vida, y me marcó muchísimo. Entrando en el mundo audiovisual de actualidad, evidentemente The Chosen es una serie fantástica que recomiendo a todos. Pero todo esto solo son puertas a la fe: si nos quedamos con esto, la fe se desvanece. La fe es una gracia de Dios, pero también requiere voluntad para avivar el fuego.
¿Cómo debe ser un buen libro sobre espiritualidad cristiana?
Para mí es fundamental que lo escriba alguien que tenga validez teológica, por decirlo de alguna manera. El propio Oriol Jara es una persona que, aunque te hable de su testimonio personal, tiene una base teológica. No es necesario que cada libro sea un tratado teológico, sin embargo. De hecho, los libros que llegan a públicos no estrictamente religiosos son los que no lo son. Y ahora pienso en el propio Francesc Torralba, el Premio Josep Pla, que emplea un lenguaje compartido que hasta quienes no tienen una experiencia personal de Dios pueden entender.
¿Hay malos libros sobre espiritualidad cristiana?
Evidentemente, hay libros que no se sostienen por ningún lado. Con los libros en los que el autor expone su testimonio de fe, sin embargo, pasa que son libros que quizás no están escritos de manera impecable, pero el fondo es tan potente que el libro hace el trabajo al que está llamado. Debe haber verdad detrás. Y cada libro tiene su momento espiritual, tal vez alguien que empieza a caminar necesita un tipo de libros diferentes a los de alguien que ya lleva más tiempo caminando. El propio Francesc Torralba puede servir porque, sin el argot religioso, el lector se sienta cómodo. Claro, nosotros somos una editorial generalista, y sus libros pueden llegar a todos.
No eres una editora cualquiera. ¿Cuál es el equilibrio entre la intimidad y el apostolado cuando eres una persona pública? ¿Estás acostumbrada a hablar de ello?
Hubo una época en que incluso me escondía la cruz que llevo al cuello. Ahora ya no. Me he arrepentido de haberlo hecho. Supongo que lo hacía por vergüenza, pero ahora ya me da igual y hasta hablo abiertamente de ello con los autores. Pasa mucho, en los entornos intelectuales o del mundo de la cultura, que son lugares hostiles para los católicos. Hay un rechazo latente. Me parece que ahora el mundo está cambiando un poco con este tema, y me parece que el cambio también exige tratar a quien te rechaza de entrada con respeto y sin superioridad moral. Nadie es mejor que el otro. Me encanta desarmar ese rechazo con amor. Todos están buscando algo, lo que pasa es que antes de poder hablar de Dios tienes que hablar de los temas de siempre, como la pederastia en la Iglesia.
¿Cómo lo vives?
Pienso que podemos empezar a decir que la Iglesia, en este ámbito, está haciendo el trabajo. Y son los únicos: la mayoría de abusos sexuales infantiles se producen en el seno de la familia. Esto no quiere decir que debamos minimizar los casos que ha habido dentro de la Iglesia, ¿eh? Pero se está haciendo el trabajo. Los hombres somos imperfectos y pecadores, y la Iglesia está hecha de hombres. El mensaje que la Iglesia preserva, sin embargo, es imbatible.
Hablando de la institución, en términos lingüísticos, ¿cómo ves la Iglesia en Cataluña?
Está costando mucho. Incluso en mi caso, que soy de Teià y voy a misa allí, pienso que hay demasiadas dificultades para practicar la fe en catalán sin obstáculos añadidos. Estamos perdiendo una sábana en cada colada.
¿Por qué ha pasado esto?
Las causas son diversas, es una mezcla de factores. En primer lugar, hoy hay un público más castellanizado, eminentemente castellanohablante en Cataluña. Y, a la vez, hay sectores de la Iglesia catalana para quienes el idioma había sido innegociable que se han descuidado. Tienen que ponerse las pilas. Se han descuidado en más ámbitos, ¿eh? Hay una especie de relativismo general que no favorece a nadie.
Decía Chesterton que el momento más triste para el ateo es cuando está agradecido y no tiene a nadie a quien agradecerle. A pesar de las complicaciones de la vida, del mundo y del país, ¿qué te hace sentir agradecida?
Cuando me levanto cada mañana, procuro que la primera palabra que le dirijo a Dios sea gracias. Y cuando me voy a dormir, vuelvo a dar las gracias.
¿También cuando has tenido un día de mierda?
Sí. Cada noche hago el ejercicio de pensar cuáles han sido los mejores momentos de mi día. Mira, quizás hoy pensaré en esta conversación que hemos tenido y daré las gracias. Esto te programa para desear repetir este tipo de momentos, y al día siguiente aprenderás a buscar y ver estos momentos. Y a recordarlos, a volver a pasarlos por el corazón.
¿Cómo muestras reciprocidad por este agradecimiento?
Intento glorificarlo, hacer las cosas por su gloria y alabarlo. Ahora y siempre. La creación es un acto de amor tan grande, que no puedo hacer más que glorificar a Dios.