La Sagrada Familia acogió este jueves 12 de febrero la segunda conferencia teológica prevista en el marco del Centenario de Gaudí. La sesión se centró en la dimensión cristológica y eclesiológica de la torre central del templo. En la conferencia anterior se había abordado sobre todo el aspecto arquitectónico con Jordi Faulí y Francesc Torralba. Esta vez, las ponencias estuvieron a cargo de Joan Torra, especialista en patrología y rector del Ateneu Universitari Sant Pacià, y del biblista Armand Puig, exrector del Ateneu y actual presidente de la Agencia de la Santa Sede para la Evaluación y la Promoción de la Calidad de las Universidades y Facultades Eclesiásticas (AVEPRO).
"La torre es el mismo Jesucristo"
¿Era necesario hacer la torre de Jesucristo? San Agustín tiene la respuesta
Joan Torra inició su intervención con una pregunta directa: "¿Era necesario hacer la torre de Jesús? ¿Era necesaria? ¿No podría ser una muestra de orgullo?". La torre se presenta a menudo como la más alta del conjunto, lo que podría alimentar esta percepción. Pero rápidamente rechazó esta interpretación, recordando que Gaudí, "en tanto que siervo de Dios, no podía ser orgulloso, sino humilde".
Para argumentarlo, recurrió a San Agustín y encontró la respuesta. En el comentario al Salmo 60, el padre de la Iglesia afirma taxativamente: "La torre es el mismo Jesucristo". Torra leyó la glosa, destacando que "La torre está delante de ti. Recuerda a Cristo y entra dentro de la torre".
Según el ponente, esta lectura permite entender que "la torre no es un acto de orgullo, porque la torre no soy yo ni somos ninguno de nosotros, sino que la torre es Jesucristo".
De Babel a la humildad divina
La torre de Jesucristo fue presentada así como opuesta a la torre de Babel. Citando otro pasaje agustiniano, afirmó: "Por culpa de los orgullosos se dividieron las lenguas. En cambio, por culpa de los apóstoles humildes, las lenguas se unieron".
"una torre que ha comenzado desde el cielo y que ha descendido de las alturas del cielo para plantar su tienda entre nosotros"
La torre central, rodeada por las torres de los doce apóstoles, por las de los evangelistas y por la torre de María, se convierte así en símbolo de unidad. A diferencia de la de Babel, erigida por los hombres para intentar suplantar a Dios, la torre de Jesucristo es más bien "una torre que ha comenzado desde el cielo y que ha descendido de las alturas del cielo para plantar su tienda entre nosotros".
Sin embargo, la torre no se presenta como un refugio aislado del mundo. Torra retomó la glosa de Agustín para mostrarlo: "No te diré que estés dentro de esta torre para tener ocio y ya tengas suficiente con estar al amparo de las flechas del enemigo. No: haz alguna obra, que no estén quietas tus manos. Tus buenas obras son las flechas que matan al enemigo".
"Gaudí es el teólogo del símbolo plasmado en la materialidad de la piedra"
La cruz como estandarte de la ciudad
Armand Puig abordó la dimensión eclesiológica de la torre. Según el biblista, "la cruz que corona la torre de Jesucristo es el estandarte de la torre de Dios entre los hombres" y "la cruz es el signo de la salvación ofrecida a la ciudad y al mundo, a la Iglesia y a la humanidad entera".
Puig planteó dos cuestiones: el vínculo entre la torre y la basílica y la relación entre la torre central y la ciudad de Barcelona. Defendiendo que la finalidad de la gran cruz central es eminentemente eclesiológica, afirmó que "Gaudí es el teólogo del símbolo plasmado en la materialidad de la piedra".
"En urbanismo de la gran ciudad, la Iglesia debe distinguirse por su altura"
El hecho de que el templo disponga de una cruz central no es extraño en la obra de Gaudí. Lo que hace diferente la cruz de la Sagrada Familia es su tamaño. En este sentido, recordó una nota manuscrita de Gaudí de 1878: "En urbanismo de la gran ciudad, la Iglesia debe distinguirse por su altura".
Pero, además del tamaño, la cruz de Jesucristo es lo que da cohesión a toda la basílica. Se erige sobre las cuatro torres de los evangelistas, reforzando la idea de que "la persona de Jesús forma una sola en el evangelio que escuchamos y en el cual creemos".
A la vez, tiene justo debajo el Estrella de María, porque "en la Sagrada Familia, la Estrella guía a la Cruz, como María, madre y virgen, lleva a Jesucristo". Finalmente, la torre de Jesucristo "se sitúa en el centro de la Iglesia apostólica, representada por las 12 torres de los apóstoles del cordero", dando cohesión a todo el templo.
"Me gusta decir que la Sagrada Familia es democrática"
Una propuesta abierta a todos: "la Sagrada Familia no es una fortaleza"
Puig destacó que Barcelona forma parte intrínseca del proyecto. "Una de las características de la Sagrada Familia es su apertura a la ciudad", dijo. De manera taxativa afirmó que "La Sagrada Familia no es una fortaleza", cosa que se justifica con el claustro perimetral, que conecta el templo con el entorno urbano.
Además, el templo está insertado perfectamente en el trazado barcelonés. De hecho, ocupa una isla más del Eixample, "con las mismas dimensiones que todas las otras islas: no hay excepciones. Me gusta decir que la Sagrada Familia es democrática".
"Gaudí no era un sincretista, era un hombre de fe, venerable según el juicio actual de la Iglesia católica, santo según el pueblo"
En este sentido, "La torre de Jesucristo se inscribe en una gran iglesia que no se presenta cerrada en sí misma, sino abierta al mundo y concretamente a la ciudad de la cual forma parte. Es una iglesia del pueblo y para el pueblo".
Una basílica católica pensada para toda la humanidad
Para terminar, Puig subrayó que el templo atrae a creyentes y no creyentes. "Gaudí no era un sincretista, era un hombre de fe, venerable según el juicio actual de la Iglesia católica, santo según el pueblo".
"Gaudí enseña las cartas, totalmente", afirmó. Así, en la Sagrada Familia, "Todo pertenece al guion estricto de lo que debe ser una iglesia cristiana, más bien católica, pero de una manera tan nueva y elevada que sitúa al visitante en el campo de la belleza y del sentido, aquel campo que es común a todo ser humano sin excepción".