La teóloga argentina defiende una teología arraigada en la realidad, capaz de escuchar los cambios del mundo y de dar testimonio de la doctrina social de la Iglesia
Cristianismo y Justicia ha iniciado el curso 2026-2027 con una reflexión plenamente actual: cómo hablar de Dios en el mundo actual. La teóloga argentina Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, ofreció este miércoles la conferencia "Claves para una teología de nuestro tiempo", en la que defendió una teología capaz de partir de la realidad, escuchar los cambios sociales y dar testimonio de la doctrina social de la Iglesia. En su intervención, Cuda también advirtió sobre el riesgo de que "las ideologías tengan la tentación de convertirse en teologías" y reivindicó la necesidad de un pensamiento teológico que no se desvincule de las transformaciones del mundo.
Cuda, doctora en Teología por la Pontificia Universidad Católica Argentina y especialista en Teología Moral Social, estructuró su intervención a partir del método latinoamericano del "ver, juzgar y actuar", aplicado a la situación actual de la teología y del teólogo. Su propuesta partió de una constatación: el contexto en el que se hace teología ha cambiado profundamente desde las últimas décadas del siglo XX y, por lo tanto, también es necesario revisar las mediaciones y formas en que la teología interpreta el mundo.
La teóloga argentina, que también es miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y de la Pontificia Academia para la Vida, consejera del CELAM y profesora en la Universidad Loyola de Chicago, situó su reflexión en continuidad con los pontificados de Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV. Según explicó, los cambios sociales producidos durante este período obligan a preguntarse si la teología está realmente partiendo de la realidad que vive la gente o si continúa respondiendo a categorías propias de un mundo que ya ha cambiado.
De Juan Pablo II y Benedicto XVI a Francisco y León XIV
Cuda comenzó situando su reflexión en el recorrido que va desde el pontificado de Juan Pablo II hasta el actual pontificado de León XIV, pasando por Benedicto XVI y Francisco. Según explicó, entender los cambios producidos durante estas décadas es imprescindible para comprender también por qué la teología necesita revisar sus formas de hacerse y las mediaciones con las que interpreta la realidad. "Para hablar de las claves de la teología de nuestro tiempo, primero tenemos que al menos graficar cuál es el contexto actual en el que el sujeto teológico hará su tarea", explicó.
La teóloga argentina describió así el paso de un mundo marcado por la guerra fría a un escenario de nuevos conflictos; del capitalismo industrial y financiero a la economía de plataforma y lo que algunos autores llaman tecnofeudalismo; del pleno empleo al emprendimiento como aspiración social; y de las formas tradicionales de participación política a una política cada vez más condicionada por las redes y las emociones.
"Para hablar de las claves de la teología de nuestro tiempo, primero tenemos que al menos graficar cuál es el contexto actual en el que el sujeto teológico hará su tarea"
También señaló transformaciones en el ámbito religioso y teológico. Habló del desplazamiento de la teología moral social hacia una moral centrada sobre todo en cuestiones bioéticas, del paso de la teología de la liberación a la ecología integral y de la transformación de una conciencia configurada comunitariamente a una conciencia cada vez más condicionada por los algoritmos.
El teólogo debe ser un "auscultador"
En el segundo momento de su exposición, el "juzgar", Cuda reflexionó sobre la figura del teólogo. Su propuesta pasa por abandonar una concepción excesivamente autorreferencial de la teología y situar al teólogo en contacto con las personas y con los conflictos de su tiempo.
"El teólogo es un auscultador, no un escultor", afirmó. Con esta expresión quiso remarcar que la tarea teológica comienza por escuchar: escuchar la realidad, las personas y lo que está sucediendo antes de elaborar una respuesta. Esta manera de hacer teología implica también situarse en la frontera. "El teólogo, en este momento, trabaja en la frontera", explicó. Una frontera que puede ser incómoda e incluso peligrosa, pero que es precisamente donde se encuentra "el mundo real".
"El teólogo, en este momento, trabaja en la frontera"
Por eso, Cuda defendió una teología que no se limita a interpretar la realidad desde fuera, sino que se deja interpelar por ella. El teólogo, dijo, debe ser capaz de escuchar antes de hablar y de dialogar con realidades que no siempre encajan en las categorías habituales.
Esta perspectiva la ha vinculado especialmente con el cambio de acento que, según su lectura, se produce con Francisco y que tiene continuidad con León XIV. Ante un mundo nuevo, la teología no puede limitarse a reproducir las categorías del siglo XX.
De la teología de la liberación a la ecología integral
Uno de los ejes de la conferencia fue precisamente la transformación de las mediaciones de la teología. Cuda explicó que, en el nuevo contexto, la teología no puede dialogar solo con la metafísica o la sociología, sino también con campos como la demografía, la biología, las ciencias de la atmósfera o la física.
En este proceso, reivindicó especialmente el desarrollo de la ecología integral durante el pontificado de Francisco. Según Cuda, el magisterio social de la Iglesia ha encontrado en este nuevo paradigma una manera de dialogar con universidades y ámbitos académicos que tradicionalmente habían estado más alejados del pensamiento teológico.
La teología, defendió, debe ser capaz de leer los nuevos signos de los tiempos. Y eso significa también asumir que los problemas actuales no se pueden separar: la crisis ecológica, las migraciones, la precariedad, las desigualdades, los conflictos políticos y las transformaciones tecnológicas forman parte de una misma realidad. En este sentido, Cuda defendió que el reto ya no es solo pensar la salvación como una cuestión de liberación de los oprimidos, sino preguntarse por la supervivencia y la dignidad de toda la humanidad.
El teólogo como testigo de la doctrina social
Otro de los puntos centrales de la intervención fue la relación entre teología y doctrina social de la Iglesia. Cuda insistió en que el teólogo no es solo quien habla o escribe sobre la fe, sino también quien da testimonio de esta fe en medio de la realidad.
"El teólogo es el que da testimonio", afirmó. Y este testimonio, explicó, se concreta en cuestiones como el acompañamiento de las personas, la defensa de la dignidad humana, el acceso a los medicamentos o la participación en la sociedad.
"Es necesario hacer teología con el pueblo"
Por eso, reivindicó una teología que no se quede en los conceptos, sino que sea capaz de acompañar procesos comunitarios y sociales. En esta perspectiva, la doctrina social de la Iglesia no es un discurso separado de la realidad, sino una manera de dar testimonio en medio de esta realidad.
Su propuesta conecta así con una de las ideas que considera centrales en el magisterio de Francisco: la necesidad de hacer teología "con el pueblo". "Nadie se salva solo", recordó, reivindicando la dimensión comunitaria de la fe.
Laudato si', Fratelli tutti y Magnifica Humanitas
En el tercer momento de la conferencia, Cuda planteó el paso del "caos" al discernimiento y a la acción a partir de tres textos del magisterio reciente: Laudato si', Fratelli tutti y Magnifica Humanitas. La teóloga leyó estos documentos como un recorrido que permite entender la continuidad entre el pontificado de Francisco y el actual pontificado de León XIV. El cuidado de la casa común, la fraternidad y los retos de la tecnología forman parte, según su interpretación, de una misma pregunta sobre qué tipo de humanidad se quiere construir.
Esta cuestión se hace especialmente evidente ante la inteligencia artificial. Cuda advirtió que la tecnología no se puede abordar solo desde la ciencia o la técnica. Requiere también una reflexión ética, política, social y espiritual. "La tecnología adquiere entonces la creación ética, y la ética adquiere así la creación ecológica del futuro", planteó. En este sentido, defendió que "el futuro debe estar al servicio de la humanización, y no al revés".
La respuesta, según Cuda, pasa por un discernimiento espiritual comunitario que permita crear nuevas categorías y preguntarse qué está pasando en la realidad y qué dice Dios a través de esta realidad. "¿Qué nos dice Dios hoy a través de esta comunidad, de este sufrimiento?", planteó.
"el futuro debe estar al servicio de la humanización, y no al revés"
Una teología abierta al diálogo
La propuesta de Cuda ha sido, en definitiva, una reivindicación de una teología que no tenga miedo de entrar en contacto con las fronteras del mundo contemporáneo. Una teología que escuche antes de juzgar, que dialogue antes de encerrarse en sus propias categorías y que sea capaz de dar testimonio de la fe en situaciones concretas.
Esta perspectiva también explica su insistencia en el diálogo. La teología, defendió, no puede ser una disciplina aislada, sino que debe estar en contacto con la cultura, la ciencia, la política, la economía y las experiencias concretas de las personas.
En este sentido, el recorrido por los pontificados de Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV le sirvió para mostrar que el cambio de época también reclama una transformación de las maneras de hacer teología. No se trata de abandonar la tradición, sino de interpretarla desde las preguntas del presente.
Cristianismo y Justicia, entre la reflexión y el compromiso
El acto comenzó con la intervención de José Ignacio García Jiménez, director de Cristianismo y Justicia, quien repasó la actividad del centro durante el curso pasado y presentó algunos de los retos del nuevo curso. García puso el acento en la tensión entre la reflexión y la movilización social.
El director explicó que Cristianismo y Justicia recibe habitualmente invitaciones para participar en redes, plataformas y causas sociales, muchas de las cuales comparte, pero defendió que su misión específica es la reflexión, el diálogo y el análisis.
"Nuestra misión es la reflexión, el diálogo, el análisis, la construcción de puentes", afirmó. Esto no significa, remarcó, mantenerse al margen de la realidad, sino contribuir a transformarla desde una tarea propia. "Queremos conocer la realidad para amarla mejor y colaborar en su transformación", resumió. García también recordó los 45 años de historia de Cristianismo y Justicia y reivindicó la capacidad del centro para continuar adaptándose a los nuevos tiempos.
"Queremos conocer la realidad para amarla mejor y colaborar en su transformación"
Por su parte, Manu Andueza, coordinador del Área de Teología y moderador del acto, presentó a Cuda como una teóloga con una trayectoria marcada por el diálogo entre teología, política y realidad social. Andueza definió Cristianismo y Justicia como un "lugar de encuentro" y un "lugar de preguntas" y remarcó que "nunca podemos crecer si no hacemos preguntas".
Con la conferencia de Emilce Cuda, el centro abrió así un nuevo curso a partir de una pregunta que atraviesa toda su propuesta: cómo hablar de Dios hoy para que este lenguaje sea inteligible y significativo. Para Cuda, la respuesta pasa por una teología que parta de la realidad, escuche los signos de los tiempos y sea capaz de dar testimonio de la fe y de la doctrina social de la Iglesia en medio de los retos del presente.