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(Jordi Llisterri –CR) Este sábado se conmemoran los 150 años de la muerte de San Antoni Maria Claret. Nacido en Sallent el 1807, misionero en Cataluña y un tiempo en Canarias, fundador en Vic el 1849, arzobispo en Cuba y finalmente confesor de la reina Isabel II hasta su muerte en el exilio el 1870. Este cumpleaños coincide con el inicio de la nueva provincia claretiana de San Pablo, que agrupa las comunidades de Cataluña, Euskal Herria, Francia e Italia. Ricard Costa-Jussà es desde enero el provincial de San Pablo.      

¿Por qué el padre Claret murió en el exilio?

San Antoni Maria Claret muere exiliado en Fontfreda, en el sur de Francia, fruto de su fidelidad a aquello que se le había encomendado. Después de ser arzobispo de Cuba de 1850 a 1857, los últimos años de su vida es nombrado confesor de la reina. Él decía que en palacio se sentía “como en un jaula” y, por eso, lo primero que hizo fue rehusar vivir en el palacio real y reside en Madrid en la comunidad claretiana de Montserrat. En toda la etapa al servicio de Isabel II supo buscar siempre el elemento misionero y le sirvió para poder ir a predicar por varios lugares de España cuando acompañaba a la reina. Todas las horas que no le ocupaba este encargo estaba disponible para la misión. Es lo que hace toda la vida, en las misiones populares, en Canarias, en Cuba... busca siempre la manera de evangelizar.

Con la revolución de 1868, coherente con la responsabilidad que tiene, acompaña a la reina hasta el exilio. En la frontera los reyes marchan a París y él entiende que ya ha cumplido su encargo. Se refugia primero en Prades y con la salud ya muy delicada lo acogen en la abadía cisterciense de Fontfreda. Son un días de testimonio, de enfermedad, que están muy documentados porque lo acompaña el padre Jaume Clotet, cofundador de los claretianos. Cuando lo llevan a Fontfreda le preguntan qué quiere que le preparen para el viaje. Y Claret contesta que “lo mismo que me ha acompañado toda mi vida misionera: un fardo con dos mudas y la Biblia”. Allí morirá el 24 de octubre de 1870 y allí será enterrado hasta el traslado a Vic.

La actual tumba del padre Claret es mucho más reciente.

Sí. Se puede decir que la itinerancia misionera de Claret incluso tiene una itinerancia sepulcral. Ahora el Centro de Espiritualidad Claretiana ha publicado un artículo que lo recoge. Su cuerpo es llevado a Vic el 1897, pero antes de ser beatificado el 1934, lo tienen que esconder en Santa Eugènia de Berga el 1932. También pasa lo mismo durante la Guerra Civil, cuando se destruye el templo de Vic. El nuevo templo se inaugura el 1970, pero no es hasta el 1999 que se traslada al actual sepulcro de la cripta, obra de Domènec Fita. Claret fue perseguido y calumniado mientras vivía, y por los servicios que hacía, pero casi fue más perseguido después de muerto marcado por las revoluciones y las guerras.

UNA CONGREGACIÓN PARA LA MISIÓN

El 1849 funda en una celda del seminario de Vic la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, pero muy poco después lo nombran arzobispo en Cuba. ¿El padre Claret continúa trabajando como miembro de la congregación?

Él no dejó nunca la congregación, era su obra. Pero en todo momento, cuando le preguntan por “su” congregación, él deja claro que la congregación tiene un superior que lo ha sucedido. El padre Esteve Sala los primeros diez años y después el padre Josep Xifré. Claret tiene claro que no es el superior de la congregación, pero acompaña en todo aquello que le piden y los superiores generales están en constante interrelación con él.

Años después de la muerte de Claret, los Misioneros Hijos del Inmaculado Coro de Maria acaban siendo conocidos como los claretianos.

Lo importante es que hablamos de “misioneros claretianos”. Va todo junto. Y hay misioneros claretianos, laicos, sacerdotes, hermanos, varias ramas de la familia claretiana, pero siempre hablamos de misioneros. El padre Claret influye en todo aquello que lo inquietó toda su vida en su itinerario misionero. En circunstancias históricas que la Palabra no era predicada, que la Palabra no era usada en la lengua del pueblo. Claret busca cómo hacer que la Palabra de Dios llegue a todo el mundo. Esta inquietud le hace descubrir que quiere un grupo de misioneros. Y esto le hace reunirse con otros curas con la misma inquietud y fundar la congregación. En el momento de la fundación eran cinco y él ya dice que nace una gran obra. Después de los años somos más de 3.000 misioneros claretianos en 68 países.

¿Y que tenéis en común?

El padre Claret busca una congregación para la misión. Y no sólo esto, si no que esta misión responda a “lo más urgente, lo más oportuno y lo más eficaz”. Tenemos que ser creativos, tenemos que estar atentos a los tiempos. Lo importante no es ni una estructura –que debe haberla– ni una forma única y concreta. Lo importante es la predicación, que la Palabra sea anunciada y que Dios sea conocido. Esto nos ha marcado a lo largo del tiempo y nos ha llevado a una extensión y a una pluralidad de obras. En función de las necesidades y las urgencias.

¿Por eso los claretianos no tenéis sólo una dedicación en un campo concreto?

Hay congregaciones más identificadas en una sola obra o en una obra principal. Para nosotros es el servicio a la misión. Este anuncio tiene campos muy diversos. Hay veces que no es el anuncio desde una predicación directa sino que supone la presencia y hacer camino con ciertas minorías, ciertos colectivos... Como presencia de Dios que acoge. La predicación no siempre se hace desde un púlpito.

En los últimos años la congregación ha crecido mucho en otros continentes como Asia y es una organización mucho más internacional. ¿Los orígenes en Cataluña continúan teniendo relevancia?

La provincia de San Pablo con el territorio de Cataluña continúa siendo custodio de los lugares claretianos de referencia. Vic, fuente y cenáculo de la congregación. Sallent, villa natal. El templo sepulcro. Pero estos lugares son vitales porque están vinculados a toda una vida de presencia claretiana. No conservamos paredes por conservar paredes. Son lugares importantes porque siempre han mantenido vida. Y esta vida ha sido arraigada a su misión. Ahora son sobre todo lugares de formación, de encuentro, de grupos... Se ha querido que pedagógicamente y por los servicios que ofrecen estos lugares sean transmisores de lo que es y significa la vida de Claret y de la congregación. También se ha hecho apuesta de toda la congregación a nivel mundial situando en Vic el Centro de Espiritualidad Claretiana, con un equipo formado con gente de todos los continentes. Esto nos ayuda a ver a Claret desde varias culturas y desde los continentes y a la vez ir a las raíces para no traicionarlas.

UNA NUEVA PROVINCIA

El 1 de enero se puso en marcha oficialmente la nueva provincia de San Pablo. ¿Se trata de juntar provincias porque sois menos claretianos?

Desde los años 90 la congregación se ha planteado a nivel mundial su reorganización. Cómo la organización está al servicio de la misión. Se ha ido tirando por continentes y Europa hemos sido los últimos. Se debe reconocer que hoy Europa tiene misioneros de más edad y que la crisis vocacional es fuerte. Pero somos un buen número: 675 claretianos en Europa. En este planteamiento conjunto finalmente se ha optado por la provincia de San Pablo formada por las antiguas provincias de Cataluña, de Euskal Herria y por las delegaciones de Francia y de Italia. Europa estudió varias formas de organización y al final se tuvo que escoger una. Está también la provincia de Santiago que abraza Aragón, Castilla, Valencia hasta Galicia... y la de Fátima con del sur de España, Portugal y Reino Unido. Y está en camino la nueva provincia del este de Europa. Hemos apostado por eso con todas las pegas y dificultades que comporta, pero pensando desde la pluralidad de la presencia misionera en Europa. No es sólo un tema numérico. Europa había estado muy rica en donación de misioneros afuera, pero también estaba formada por provincias con territorios muy pequeños. Esto nos abre una posibilidad de misión en positivo. Es un equilibrio.

También cada vez tenéis más presencia de misioneros claretianos venidos de fuera de Europa. La semana pasada se celebraron tres ordenaciones en Vic de claretianos de la provincia de San Pablo, uno procedente de Indonesia y dos de la India.  

La vida misionera siempre es itinerante. Esto se ha dado siempre. Europa tiene misioneros en todo el mundo, y todo el mundo conoce a Pere Casaldàliga como misionero. Y ahora lo vivimos en Europa. Esto también coincide con una Europa más plural y diversa que la que teníamos antes. Esta diversidad, que a veces nos sorprende eclesialmente, socialmente ya está en nuestras calles y en nuestros barrios. Ciertamente el servicio misionero y la interculturalidad deben ir siempre acompañados de la inculturación. Es decir: yo trabajo aquí, mi misión está aquí. Aporto toda mi riqueza, vida y trayectoria, pero me inculturo como cualquier misionero que va afuera. En la historia misionera este camino ya está hecho.

HACERSE CLARETIANO

Además del marco global de secularización, en el caso de los claretianos, ¿por qué creéis que no hay vocaciones en Europa?

Ciertamente la reducción vocacional en Europa es brutal. Esto tiene que ver con dos realidades. Una es la reducción de realidad cristiana en Europa. Antes por el hecho de nacer en Europa ya éramos cristianos y ahora es una opción. Ahora nos toca vivir una realidad más plural y quizás lo vivimos todavía con unos criterios de otra realidad.

La otra realidad es que la inquietud de las vocaciones es trabajo de una comunidad. Una comunidad que valora las vocaciones. Evidentemente, si el Señor grita y el otro no es sordo y responde, la vocación es tozuda. Hoy vemos que muchas cosas que hace un sacerdote o un religioso se complementan con la función del laico bautizado. Y después de una época muy clericalizada, ahora toca desvelar lo que es natural de la vida cristiana, la vocación del laicado bautizado. Pero esto no puede apagar la vocación en la vida consagrada. Que no nos pase a la inversa. Que desvelar el protagonismo de los laicos nos prive de ver la necesidad de la vida consagrada y sacerdotal en la vida cristiana.

¿Un joven de hoy porque merece la pena que se haga claretiano?

Un joven de hoy se tiene que hacer claretiano si siente el llamamiento a hacerlo. El Señor siempre tiene sus caminos, pero también este llamamiento es más fácil cuando una persona tiene unos vínculos que pueden desvelarlo. ¿Por qué merece la pena? Porque merece la pena toda opción a entregar la vida por amor y por servicio a los otros. La vida en toda vocación y en una vocación claretiana es un compromiso a entregar mi vida. Una entrega desde aquello que me hace feliz y me da alegría, junto con otras. Recordamos que nuestra vocación claretiana tiene una vocación comunitaria, de hacer con los otros dentro de la congregación y con la Iglesia. Invito a los jóvenes a que no lo descarten de entrada.

¿Cuál es la diferencia respecto a otras vocaciones?

Sin desmerecer el voluntariado o las buenas obras, estamos hablando de entregar toda mi vida a una manera y a un servicio. Toda. No a tener mi vida y entregar unas horas o unos años. Esto es parte de una vida laical y es muy meritorio. En la vida religiosa o sacerdotal hay que hacer este paso de riesgo en el que te tienes que entregar con totalidad. Es un paso de confianza y nuestro mundo nos lleva más a querer tener muchas seguridades previas. La vocación te la pueden explicar, te la pueden decir, la puedes ver en la alegría de otros, pero hasta que no das el paso, no la experimentas.

¿Y hay una singularidad de la vocación claretiana?

El perfil claretiano tiene que ser alguien que haga una experiencia de enamoramiento y de relación personal con Dios y de fascinación por la Palabra de Dios. Y con una dimensión mariana, con la figura de María en la historia de la salvación y de acompañamiento en la Iglesia. Y también compartir que este llamamiento y esta experiencia vivida me lleva a una entrega con una disponibilidad al servicio de la misión.

TIEMPO DE PANDEMIA

¿Cómo han ido los primeros meses de nueva provincia?

Somos una provincia con diferentes realidades europeas y lo primero que vivimos es el virus de la Covid que nos ha afectado a todos por igual. Por lo tanto, hemos iniciado el camino con esta nueva realidad. Por ahora estamos en tiempo de ver cómo con las formas de hacer diversas vamos descubriendo un nosotros conjunto. Y en todo el trabajo previo a la creación de la provincia se ha visto que este “nosotros” tiene que tener presente la historia de cada organismo y su inculturación en cada territorio. En todas partes, estamos como misioneros claretianos con un lenguaje común, pero al final se aterriza en algún lugar. Nueva provincia no es sinónimo de unificación. Nueva provincia es sinónimo de familiaridad y de proyecto común.

¿Cuál es el perfil principal de vuestras actividades?

Tenemos fuete presencia en plataformas sociales en las cuatro regiones. Alguna vinculada a los claretianos y otras con estructuras que acompañamos. Otra dimensión es la parroquial, que atendemos en toda la provincia. Además, en Cataluña y Euskal Herria tenemos estructuras educativas propias. Un reto es sentirlo todos como propio.

Antes hemos hablado de la creatividad del padre Claret. ¿Cómo se ha respondido a las consecuencias de la Covid-19?

Ciertamente la audacia y la creatividad han estado. Las formas para que el ministerio y el acompañamiento a la gente continuara han estado verdaderamente meritorias. Los más jóvenes han tenido la capacidad tecnológica de abrir nuevos canales. Otros se han visto más limitados pero ha habido creatividad en la manera de ayudar a las personas, en la atención social, en la escucha. Incluso a veces, hemos tenido que poner límites a la buena disponibilidad de la gente a hacer cosas por prudencia o por las circunstancias de riesgo tanto de aquel quien lo quería ofrecer como de aquellos a quien nos dirigíamos.

Y tantos días encerrados, ¿no os habéis peleado?

Bien, ya veníamos peleados y desenfadados de antes... Creo que las comunidades ya tenemos muy trabajada la pluralidad. Hemos podido profundizar en el sentido de la misión como comunidad. En un momento en que se cerraba todo, la plegaria de la comunidad se convertía en foco de expresión vital de todos a quienes íbamos acompañando. Y en el ámbito escolar creo que hemos estado a la altura. Se tiene que agradecer lo que están haciendo los equipos directivos y el profesorado. En medio de las dificultades ha habido mucha disponibilidad y han sabido hacer piña. En todo momento lo que se ha planteado es el “¿cómo lo hacemos?”. Y esto es muy claretiano.