Pasar al contenido principal
Autories
Imatge de l'autor
25 anys DGAR
Foto: Catalunya Religió
Galeria d'imatges

Hace veinticinco años, la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat, entonces Secretaría, nació casi de manera improvisada, sin infraestructura ni estructura administrativa, pero con una intuición clara: era necesario dar una respuesta institucional al hecho religioso en una sociedad plural. Hoy, aquella pequeña semilla es una Dirección General consolidada, con una trayectoria que ha ido sumando capas, generación tras generación, con personas de sensibilidades políticas diversas, pero con un mismo hilo conductor: garantizar la libertad de culto y reconocer el papel de las confesiones en la convivencia social.

Este martes por la tarde, la Casa del Mar de Barcelona acogió el acto de conmemoración de los 25 años de la Dirección General de Asuntos Religiosos (DGAR), donde todos los responsables se han puesto de acuerdo en esta idea de continuidad y crecimiento coral.

"La práctica religiosa debe poder expresarse libremente, también en los centros de culto. Esta es la génesis de la DGAR."

El consejero de Justicia y Calidad Democrática, Ramon Espadaler, abrió el acto recordando que "hace 25 años se creó una unidad que tenía mucho sentido y aún más hoy en día". Subrayó que el papel de la DGAR "es garantizar que las confesiones tengan una interlocución normalizada con la administración pública", y que esta tarea se fundamenta "en el diálogo y el respeto por las creencias, pero también por el respeto a las no creencias".

Espadaler remarcó el carácter transversal de la Dirección: "No puede trabajar sobre sí misma, sino que interlocuta con otros departamentos como salud, educación, prisiones o política lingüística." También destacó su dimensión más cercana: "Se trabaja mucho con el mundo local, que es donde se concentran los centros de culto." Para el consejero, la DGAR es "un espacio para la reflexión acompañada sobre el hecho religioso, un espacio para el discernimiento."

El consejero cerró su discurso recordando la vigencia de su misión fundacional: "La preocupación del Gobierno es garantizar la libertad de culto en nuestro hogar. La práctica religiosa debe poder expresarse libremente, también en los centros de culto. Esta es la génesis de la DGAR." Y añadió que esta tarea tiene aún más sentido hoy "en una sociedad más diversa, con personas recién llegadas que incorporan sus prácticas religiosas. Esto nos fortalece como país: es un acto de construcción de la convivencia."

Los inicios: de la casualidad a la institución

El primer responsable de aquella embrionaria secretaría, Ignasi Garcia i Clavel, recordó los orígenes casi fortuitos: "Aterricé al inicio de Asuntos Religiosos por casualidad. Acompañando al presidente Jordi Pujol en la inauguración de una iglesia evangélica, el pastor le pidió que montara algún departamento sobre el hecho religioso. El presidente se giró hacia mí y me dijo: 'ocúpate tú de eso'." Así, sin estructura, pero con empuje, comenzó el camino.

Su sucesora, Montserrat Coll, explicó que asumió la dirección "sin estructura, con tan solo seis trabajadores", pero con la voluntad de "normalizar el hecho religioso y generar respeto". De esa época datan proyectos que aún hoy perduran, como el Mapa de las religiones, las subvenciones, el Memorial Cassià Just, o las guías de actuación "para prisiones, hospitales o medios de comunicación", además de la ley de centros de culto.

Con Jordi López Camps, la DGAR quiso "dejar atrás la imagen de una oficina de trámites, y se apostó por hacer política pública con las confesiones, y no ser como una gestoría". Se generó un discurso político sobre la diversidad religiosa.

Xavier Puigdollers continuó esta línea y añadió la dimensión formativa: "Se trabajó para normalizar el hecho religioso en la sociedad y se sentaron las bases de la formación para la administración." Bajo su mandato se creó el Consejo Asesor para la Diversidad Religiosa.

En plena crisis económica, Enric Vendrell recordó la etapa de la austeridad: "El mensaje era claro: no hay dinero. Pero era necesario estar con la gente." Remarcó que no bastaba con conocer a los líderes de las confesiones, "sino ir allí donde estaban las personas de cada confesión, recorrer la realidad". Esa proximidad, explicó, "generaba una bola de nieve: muchas invitaciones, muchos encuentros. Era necesario estar presente."

Con Marcel·lí Joan, la DGAR reforzó su discurso público ante las corrientes que cuestionaban la presencia de la religión en el espacio público: "Era necesario contrarrestar informes y proyectos que querían hacer desaparecer el hecho religioso." Su gestión se basó en el principio de equidad y asimetría, "para no caer en el culto a la diversidad y la idea de igualar para diluir".

"Cada director general ha puesto su acento, pero siempre con líneas claras sobre una laicidad positiva e integradora"

Xavier Bernardí, quien dirigió la DGAR durante la pandemia, destacó la paradoja de aquel período: "Me sorprendió encontrar una dirección que trataba temas tan espirituales, pero a la vez debía gestionar cosas muy mundanas." A pesar de la complejidad del momento, confesó que fue "una de las etapas más gratificantes como servidor público."

Con Yvonne Griley, la Dirección dio un paso más en el reconocimiento del papel de las confesiones en la sociedad catalana, impulsando el Pacto por la lengua, firmado también por representantes religiosos.

Finalmente, Carles Armengol, predecesor inmediato del actual director, subrayó la madurez institucional alcanzada: "Cuando llegué, dentro de la Generalitat aún había quienes no nos conocían, pero nadie mostraba escepticismo por lo que hacíamos, al contrario: sabían que era vital." Armengol remarcó que "cada director general ha puesto su acento, pero siempre con líneas claras sobre una laicidad positiva e integradora. Hemos ido sumando sobre lo que han hecho otros, sumando experiencias." Concluyó con un recuerdo para Isabel Escandell, histórica subdirectora de Asuntos Religiosos, y actualmente de baja.

Una dirección que "no solo es, sino que está presente"

El director actual, Ramon Bassas, cerró el acto con un discurso que quiso ser a la vez de agradecimiento y de mirada larga: "Nuestra dirección general te permite hacer muchas cosas, y se han hecho muchas cosas a lo largo de los años." Reconoció "el conocimiento acumulado de los directores anteriores" y sobre todo "de los trabajadores que llevan años allí".

Citando al filósofo Joan-Carles Mèlich, Bassas recordó que "no solo se debe ser, sino estar presente": "No solo se puede trabajar en el despacho, es necesario vivir y ver dónde está la gente." Definió a Cataluña como "un caleidoscopio religioso" y destacó la importancia de conocer la realidad creyente del país: "Es imposible hacer políticas sin saber cómo impactarán en la gente."

Para el director, las confesiones religiosas "crean vínculos", y reivindicó el papel de los centros de culto como espacios de cohesión: "Los centros de culto cohesionan la sociedad, la hacen más segura." Y formuló la pregunta "¿cómo viviríamos sin confesiones religiosas?"

"El 80% del patrimonio que tenemos, tanto cultural como espiritual, proviene de las confesiones. Es transversal a toda la sociedad", afirmó. "Es un hecho que los catalanes aceptan el hecho religioso y muchos participan en él." El acto se cerró con la actuación de la Joven Orquesta Graeme Clark, que puso el punto musical final. 

A la celebración asistieron líderes y miembros de las diferentes confesiones religiosas presentes en Cataluña, los diputados del Parlamento, Joan Ignasi Elena e Isaac Padrós, el obispo auxiliar de Barcelona, David Abadías, así como miembros y cargos de entidades y fundaciones de Iglesia. 

Us ha agradat poder llegir aquest article? Si voleu que en fem més, podeu fer una petita aportació a través de Bizum al número

Donatiu Bizum

o veure altres maneres d'ajudar Catalunya Religió i poder desgravar el donatiu.