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(Josep Gordi –CREn las ciudades, no todo es ruido o prisas, también existen espacios de veneración, de contemplación de la naturaleza, de silencio, de contacto con lo intangible y lo esencial. A estos lugares podríamos llamarlos "santuarios urbanos". Con el claustro de la catedral de Barcelona iniciamos una colección de reportajes que desean reivindicar los rincones de paz y recogimiento que existen en muchos espacios urbanos. Al estilo de la serie sobre santuarios naturales, pero esta vez, en la ciudad.

El claustro gótico de la catedral de Barcelona se construyó a lo largo de los siglos XIV y XV y es el espacio más antiguo de la ciudad en el que siempre se ha podido disfrutar de los árboles. ¿Por qué? Sencillamente, porque el verde de los árboles forma parte de uno de los tres elementos que poseen todos los claustros: agua, vegetación y piedra.

 

Recordemos que la división cuadrangular de la mayoría de los claustros es el símbolo de los cuatro ríos del Paraíso citados en la descripción que hace el Génesis del jardín del Edén. Como en el jardín mítico, en los claustros deben crecer árboles frutales, así como plantas ornamentales, aromáticas y medicinales. Esta mezcla de árboles frutales, plantas aromáticas y flores tenía como objetivo evocar el Paraíso en su conjunto, puesto que el claustro era un espacio de circulación de los religiosos, de meditación silenciosa y de contemplación de la naturaleza como creación de la divinidad.

El claustro de la catedral de Barcelona era también un lugar de comunicación entre la ciudad y la iglesia, sobre todo, a lo largo de los siglos en los que Barcelona quedó constreñida por las murallas. El claustro se convirtió en un pequeño oasis de verdor y calma en una ciudad muy densa desde la segunda mitad del siglo XVIII. Por tanto, el claustro no sólo era un área de circulación de los religiosos, sino también de la ciudadanía, tal y como demuestran los grabados históricos y las noticias de los viajeros. También es una parte de la catedral en la que disfrutar de los diferentes momentos del calendario litúrgico, aprovechando las veintiuna capillas laterales, las procesiones que se hacen o la fuente que se engalana por Corpus.

El jardín del claustro de la catedral de Barcelona siempre se ha caracterizado por la presencia de los árboles, de los trece gansos y de la fuente. Analizamos estos tres elementos.

El jardín medieval, según la documentación consultada, estaba formado por naranjos y limoneros, así como plantas aromáticas y medicinales. A finales del siglo XIX se plantaron las actuales y centenarias magnolias que, con el paso del tiempo, han generado un ambiente más sombrío de lo que existía tradicionalmente.

La presencia de los trece gansos queda documentada desde finales del siglo XV y su número simboliza los trece años que tenía Santa Eulalia cuando fue martirizada y los trece tormentos que sufrió para hacerla renunciar a la fe cristiana.

La actual fuente de Sant Jordi se construyó en 1448, sustituyendo a una anterior. Cada año, cuando llega Corpus, un huevo vacío baila sobre el manantial y lo hace despegar y dar la vuelta y también la fuente se engalana con flores. El simbolismo del huevo como danza es incierto. Para unos, el despegue del huevo hace pensar en la consagración de la hostia eucarística y, para otros, es una metáfora de la plenitud de la primavera.

Por todo ello, le recomendamos visitar el claustro de la catedral de Barcelona y hacerlo, si es posible, a primera hora de la mañana en la que podrá disfrutar, con pocos visitantes, del caminar entre las elevadas vueltas góticas, de observar los esbeltos arcos apuntados, de elevar la mirada hacia las centenarias magnolias o las palmeras, de caminar lentamente por el viejo enlosado, de entretenerse frente a los gansos o embobarse frente a la fuente.

Seguro que el silencio y la calma matinal ayudará a vivir contemplativamente este bello santuario urbano.