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Fotografia: Catalunya Religió.
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Este martes, la actualidad nos lleva a hablar de la Biblia, no solo por la concesión de la Cruz de San Jorge al teólogo Josep Rius-Camps, sino también porque, en una sala llena de biblistas y especialistas, se ha presentado la conmemoración de un doble centenario: los cien años de la Biblia de Montserrat y de la Biblia de la Fundación Bíblica Catalana. La presentación de los centenarios de la Biblia de Montserrat y de la Biblia de la Fundación Bíblica Catalana, que los organizadores han definido como “no solo una traducción, sino una construcción cultural”, ha servido no solo para anunciar actividades, sino para reivindicar el papel de este texto como elemento vivo, abierto y necesario en la sociedad contemporánea.

El acto, celebrado en el Centro de Estudios Jurídicos y de Formación Especializada de Barcelona, ha reunido representantes del mundo académico, eclesial e institucional, en una alianza que quiere proyectar estos centenarios más allá de la conmemoración simbólica. Tal como se ha hecho evidente a lo largo de las intervenciones, no se trata solo de recordar dos grandes hitos editoriales del siglo XX, sino de repensar el lugar de la Biblia en la cultura catalana del siglo XXI.

Una tradición que hay que preservar y compartir

El director general de Asuntos Religiosos, Ramon Bassas, ha situado el debate en un terreno claramente contemporáneo, advirtiendo que el gran riesgo actual no es el olvido, sino la reducción de la Biblia a un ámbito restringido. “Hoy podemos tener el riesgo de que la Biblia sea algo para entendidos o para creyentes, pero esto no es así”, ha afirmado, con la voluntad de abrir el foco. Y ha insistido: “Tenemos en nuestras manos un tesoro, y este tesoro tiene el riesgo de ser secuestrado”.

Este “secuestro”, en sus palabras, no es solo institucional o doctrinal, sino también cultural. Por eso ha defendido que la Biblia debe ser accesible para todos: “Se debe poder poner a disposición no solo de los creyentes”, en una sociedad que él mismo ha descrito como diversa y con múltiples o, a menudo, inexistentes relaciones religiosas.

“la biblia Se debe poder poner a disposición no solo de los creyentes”

Bassas también ha remarcado que el valor de la Biblia va más allá de la fe y se convierte en clave para entender la identidad colectiva: “A nuestra cultura le interesa saber de dónde venimos”. Y en este sentido ha puesto un ejemplo muy gráfico: “No está mal que los niños de una clase donde hay muchas realidades religiosas diversas sepan quién es Abraham”, reivindicando la Biblia como espacio de encuentro cultural y no de división.

Su discurso tampoco se ha quedado en la dimensión patrimonial. Ha destacado la capacidad del texto bíblico para dialogar con los grandes retos actuales, especialmente la violencia: “La Biblia no toma la violencia como una cuestión de sí o no, sino que hace una entrada compleja en la parte estructural que tiene sobre nosotros mismos y nuestro mundo”. Esta mirada, según Bassas, es precisamente la que puede ayudar a entender mejor el presente: “Esto es interesante para comprender qué nos está pasando hoy”.

De una idea lejana a la materialización de un proyecto

Fray Jordi Cervera, capuchino y portavoz de los actos, ha ofrecido un relato detallado del largo camino recorrido hasta este momento. Lejos de una iniciativa improvisada, los centenarios son el resultado de años de reflexión, complicidades y decisiones estratégicas. 

Todo comenzó con una intuición ya en el año 2004, cuando en unas jornadas de biblistas se empezó a hablar de la necesidad de conmemorar estas efemérides. “Se hizo un recordatorio de que se acercaba la celebración de estos centenarios y que se debía hacer algún tipo de conmemoración”, ha explicado. A partir de aquí, diferentes momentos clave han configurado el proyecto. “Personas e instituciones han ido señalando hacia dónde se debía dirigir esta celebración”, ha resumido Cervera, destacando la importancia de la colaboración entre entidades académicas y culturales.

Uno de los momentos decisivos, según ha relatado, ha sido la respuesta de la administración: “Cuando la Dirección General de Asuntos Religiosos dijo 'sí, hablemos de ello', y además propuso hacer más actividades para que el centenario tuviera más difusión”. Ese impulso institucional ha transformado una idea inicial en un proyecto con vocación pública y transversal.

Un logotipo para dos centenarios

Uno de los elementos más significativos presentados durante el acto ha sido el logotipo oficial de los centenarios, cargado de intencionalidad simbólica, y obra de Aina Pongiluppi. Tal como ha explicado Cervera, el diseño integra las dos grandes tradiciones bíblicas catalanas en una sola imagen.

“Dentro de los dos ceros del cien está la cruz de la imagen de la Biblia de Montserrat y la mano del pantocrátor del logotipo de la Fundación Bíblica Catalana”, ha detallado. Esta combinación visual no es casual: quiere expresar la convergencia de dos trayectorias que, a pesar de tener orígenes y estilos diferentes, comparten un mismo objetivo cultural y espiritual.

Un programa vivo y en expansión

El calendario presentado no es solo extenso, sino también diverso y con la voluntad de llegar a públicos muy diferentes. Las primeras actividades ya han tenido lugar, como la Jornada Catalana de Estudios Joánicos, que Cervera ha descrito como “el primer acto bajo este paraguas de los centenarios”, o el monográfico que la revista Serra d’Or dedica a la Biblia de Montserrat este mes de abril, y que ha contribuido a dar visibilidad a la conmemoración.

Los próximos meses incluirán iniciativas como la primera jornada de Mujeres Biblistas Catalanas —DoBiCat—, que quiere, como ha descrito Claustre Solé, “dar a conocer la Biblia con mirada de mujer” y corregir lecturas demasiado marcadas por el patriarcado, así como el ciclo “Biblia y Cultura”, que explorará la relación entre texto bíblico y sociedad.

“las dos biblias son monumentos culturales y religiosos”

El punto álgido llegará en 2027 con un gran simposio académico coorganizado entre el Instituto de Estudios Catalanes y el Ateneu Universitari Sant Pacià, que abordará las dos biblias como “monumentos culturales y religiosos”. Cervera ha remarcado que esta doble sede responde a una voluntad clara de cooperación y eficacia.

La mirada puesta en el futuro: la plataforma CatBíblia

Si hay un proyecto que sintetiza el espíritu de los centenarios es CatBíblia, una plataforma digital que quiere reunir todas las traducciones bíblicas en catalán y ponerlas al alcance de todos. Con evidente entusiasmo, Cervera la ha calificado como “la joya de la corona del centenario”.

La propuesta es ambiciosa: una herramienta que permita tanto la lectura popular como el estudio académico, con opciones de comparación de textos, acceso a lenguas originales y recursos filológicos avanzados. “Una Biblia popular para cualquier catalán, y una Biblia académica para cualquier estudiante de humanidades”, ha explicado.

“Una Biblia popular para cualquier catalán, y una Biblia académica para cualquier estudiante de humanidades”

Este proyecto se enmarca en un objetivo más amplio, que ha quedado claro durante el acto: evitar que la Biblia se convierta en un objeto del pasado y convertirla en una herramienta activa de conocimiento. En este sentido, también se ha planteado la necesidad de una publicación divulgativa sobre la historia de la Biblia en catalán, “desde las biblias de Ripoll hasta las biblias digitalizadas”.

Un legado para reinterpretar

Más allá de las actividades concretas, lo que se ha respirado durante la presentación es la voluntad de reconectar la sociedad catalana con uno de sus grandes pilares culturales. No como una imposición ni como una nostalgia, sino como una invitación abierta a compartir la Biblia para todos.

Bassas lo ha resumido con una idea clara: “La cuestión es que aquello que tenemos en nuestras manos tenga el valor que se merece y pueda ser útil”. Una utilidad que no pasa necesariamente por la creencia religiosa, sino por el conocimiento, el debate y la comprensión del mundo.

En este sentido, los centenarios de las biblias catalanas se perfilan como mucho más que una celebración. Son, en palabras de sus impulsores, una oportunidad para volver a poner la Biblia sobre la mesa, “para que no se nos olvide”, y para asegurar que continúe formando parte del presente y del futuro de la realidad cultural e intelectual del país.

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