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Carles Riera a la Facultat de Comunicació Blanquerna.
Carles Riera a la Facultat de Comunicació Blanquerna. Fotografia: Catalunya Religió

La presencia de sacerdotes y religiosos en la Academia catalana ha sido históricamente significativa, pero hoy parece que la memoria colectiva la ha olvidado. Carles Riera i Fonts (Moià, 1959) es un ejemplo de esta tradición. Presbítero del obispado de Vic, doctor en filología catalana y licenciado en farmacia, actualmente combina su labor como párroco de Prats del Rei y Sant Pere de Sallavinera con la docencia en las facultades de Comunicación y Salud de la Fundación Blanquerna, de la Universidad Ramon Llull. Apasionado por sus estudios, ha publicado diversas obras entrelazando las áreas de conocimiento que domina: desde manuales de léxico científico en catalán e inglés hasta poemarios religiosos y estudios de dialectología. Con buen humor y espíritu renacentista, comenta: "hombre de muchos oficios, pobre seguro".

"Siempre había tenido la pasión de poder hacer una carrera de ciencias"

Un sacerdote, tres vocaciones

Tras haber cursado los estudios primarios con los Escolapios de Moià y el COU en Sabadell, Riera comenzó filología catalana en la Universidad de Barcelona. A pesar de haber seguido un itinerario científico durante el bachillerato, optó por las letras beneficiándose del magisterio de Josep Ruaix. Sin embargo, la pasión por la ciencia nunca lo abandonó. "Cuando estaba terminando filología catalana, yo siempre pensaba 'ves, ahora entras en esta sala de aquí y te explicarán cosas que más o menos ya sabes; en cambio, si entras en esta otra aula, tendrás todo un mundo por descubrir'. Siempre había tenido la pasión de poder hacer una carrera de ciencias".

Pero la vocación científica no fue sola: mucho antes ya tenía claro que debía ser sacerdote. Riera, un verano, asistió a unas colonias que la Generalitat organizaba para promover el catalán a personas extranjeras. En una de ellas, en 1983, sintió la llamada. Coincidía en el tiempo que conoció a una chica que le gustaba, lo que le hacía dudar, pero "lo sentí en mi interior, lo sentí clarísimamente. Dios te llama para ser sacerdote y, por lo tanto, no te puedes negar". Pasados los años, recuerda las dudas y asegura que, aunque no lo parezca, "Dios escribe recto con líneas torcidas. Deja que te guíe y él conducirá el camino".

"En farmacia había más competición; en teología, toda otra historia"

Farmacia y teología

Teniendo clara la vocación sacerdotal, la idea de estudiar farmacia era un añadido. No quería acabar empujado hacia el mundo empresarial y farmacéutico: "Debía vigilar que cuando terminara farmacia no me dejara llevar entonces por la idea de montar ningún negocio. Yo quería estudiar farmacia para tener unos estudios, para conocer este mundo". 

En los últimos años de la licenciatura, Riera comenzó a estudiar teología por su cuenta. Los horarios de unos estudios y otros, a veces no eran muy compatibles y debía correr. De ocho a nueve hacía una asignatura en la facultad de farmacia en Pedralbes y a las nueve y cuarto comenzaba otra en la facultad de teología. En este cuarto de hora, Riera corría en moto desde Diagonal hasta la calle Diputación. Entre risas recuerda: "¡Me jugaba la vida! Un cuarto de hora para bajar de allá arriba y llegar a clase aquí. ¡De joven se hace de todo!". 

"en farmacia me llamaban ‘el filólogo’, pero no me llamaban ‘el teólogo’"

El contraste entre una facultad y la otra era considerable. "Me explicaban arriba cosas de química o biología, y de repente entraba en filosofía, que aún me gustaba más que la teología. Era un cambio brutal, también de gente. En farmacia había más competición; en teología, toda otra historia". 

A pesar de la compatibilización de ambos estudios, Riera no fue especialmente conocido como futuro sacerdote en la facultad de farmacia. Pero si pasó desapercibido como teólogo, no lo hizo como filólogo: "Allí en farmacia me llamaban 'el filólogo', pero no me llamaban 'el teólogo'. Como entonces era cuando se empezaban a dar las clases en catalán en farmacia, los mismos profesores, cuando tenían dudas de temas de lengua, me las preguntaban a mí". 

Algunas veces lo ponían en un compromiso, "porque paraban la clase y me decían: '¿cómo se dice esto en catalán?' Y yo, claro, pobre de mí, no lo sabía". De esta experiencia nació la idea de su primer libro sobre catalán científico. Cada palabra que le preguntaban, la apuntaba al pie del papel de los apuntes. 

La etapa en el seminario

Paralelamente a sus estudios superiores, Riera ya enseñaba: "Cuando cursaba el COU, a los dieciséis años, ya daba clases de catalán para ganarme las garrofas". Este hecho le permitió tener una vida de seminarista atípica: estudió los tres primeros cursos de teología por libre y los últimos como seminarista, pero residiendo en su piso de Barcelona.  

Cuando tuvo clara la voluntad de ordenarse, el obispo le comunicó que debería ingresar en el seminario para completar la formación, algo que Riera aceptó a partir del curso siguiente, ya que ese año tenía todas las tardes ocupadas con clases de catalán. Sin embargo, cuando llegó el curso siguiente, las plazas del seminario interdiocesano estaban llenas, y el director le propuso continuar viviendo en su piso: "Se puede decir que al seminario fui, pero no viví allí. ¡Los compañeros me decían que era un privilegiado!"

"No podemos estar todos solo en la sacristía y en las parroquias, debemos estar también en el mundo académico"

Así, Riera se ordenó como sacerdote en el año 1996, una vez ya licenciado en farmacia y en filología. "En teología -puntualiza- no soy licenciado: tengo los estudios, he hecho las asignaturas, pero no terminé de hacer la licenciatura". Más tarde obtendría el doctorado en filología. He aquí su triple vocación: religiosa, lingüística y científica.

El sacerdote y la Academia, más allá del seminario

A pesar de admirar profundamente a los sacerdotes que se dedican de lleno a la pastoral parroquial, Riera opina que "nos interesa que haya también sacerdotes en las universidades. No podemos estar todos solo en la sacristía y en las parroquias, debemos estar también en el mundo académico". 

Por haber sido discípulo, o simplemente admirador, destaca la labor de algunos presbíteros o religiosos que han aportado sus conocimientos al cultivo de la cultura en general, especialmente en el ámbito científico: Josep Ruaix, Eusebi Colomer, Andreu Marquès, Josep Maria Rovira Belloso, Francesc Nicolau, Ramon Maria Nogués, Salvador Reguant, o los jesuitas de IQS son algunos de los sacerdotes y religiosos, admirados por Riera que han hecho valiosas contribuciones tanto a la iglesia como al mundo académico. De campos muy diferentes, desde la biología a la filosofía, pasando por la lingüística, las matemáticas o la geología, todos ellos han ofrecido al mundo universitario una mirada religiosa y rigurosa.  "Cabe tener presente, sin embargo, que de siempre y también ahora, en el actual Ateneu Universitari Sant Pacià, donde estudié, ha habido y hay muchos buenos profesores, académicos, muchos de ellos sacerdotes, y que las tesis doctorales que se defienden allí, por ejemplo en estudios bíblicos, son de alto nivel".

"de cara a un diálogo con el mundo intelectual, si vienes desde la universidad, te miran de otra manera"

El declive del sacerdote universitario

Riera reconoce que el perfil del sacerdote universitario está en declive, pero atribuye la causa principal a la falta de vocaciones. Cuando el seminario estaba lleno de jóvenes estudiantes, el problema a resolver consistía en encontrarles un lugar. "¿Qué haremos con tantos sacerdotes?", se preguntaban entonces. A algunos los enviaban a misiones, pero a quienes tenían gran interés por los estudios, los animaban a seguirlos porque sabían que ya se las ingeniarían y tendrían "el modus vivendi resuelto". 

En cambio, "ahora, como somos pocos, es totalmente lo contrario: todos deberíamos ser pastoralistas. Entiendo que, en un momento de falta de vocaciones, los obispos procuren encaminar a quienes acceden al sacerdocio hacia la pastoral. Pero, de cara a un diálogo con el mundo intelectual, si vienes desde la universidad, te miran de otra manera".

"un conocimiento científico, ayudaría a que hubiera una mejor comprensión de los problemas reales de la familia y del mundo moderno"

Formación científica y diversidad vocacional

Pero más allá de los sacerdotes que pueda haber con esta doble vocación, la formación en Ciencias en los seminarios debería ser requisito para poder mejorar su labor religiosa. "Estaría bien que al menos hubiera en los primeros cursos algunas asignaturas, por ejemplo de biología. Sería interesante que hubiera un conocimiento mínimo de anatomía humana".

Aunque las humanidades son necesarias y muy valiosas, según Riera "un conocimiento científico, en este sentido de ciencias experimentales, de biología y otros campos anexos, ayudaría seguramente a que hubiera una mejor comprensión de los problemas reales de la familia y del mundo moderno".

Riera defiende también la variedad de perfiles entre los sacerdotes, para que cada uno pueda transmitir el mensaje de Cristo desde su propia idiosincrasia. "Aparte de la vocación que nos une, que es creer en Cristo, en el Hijo del Dios viviente, está muy bien que a uno le guste el baloncesto y a otro le guste el fútbol, y otro suba montañas, y otro escriba libros, y... Quiero decir, los sacerdotes podemos hacer de todo".

"Dios se vale de los dones de cada persona para transmitir su mensaje"

No se debe forzar un perfil concreto, al contrario "Dios se vale de los dones de cada persona para transmitir su mensaje. Nosotros intentamos transmitirlo cada uno desde su propia manera de hacer y de su idiosincrasia".

Una obra polifacética

A pesar de ser polifacético, Riera siempre ha querido mantener cierta uniformidad en su obra, escribiendo en consonancia con su triple vocación. A medio camino entre la pasión por la lengua y por la religión, destaca el último libro Fe i vida, traducido al inglés como Faith and Life. En estas páginas, Riera ha recopilado los comentarios de los evangelios dominicales de los tres ciclos (A, B y C) y del santoral, incluyendo siempre que ha podido reflexiones de pensadores y literatos de la cultura catalana. "Cito Espriu, algo de Carner, de Llull, del Panikkar y de filósofos también... Y ahora, traduciendo el libro al inglés, hemos dado a conocer la cultura catalana en todo el mundo". 

Tanto en el ámbito local como en el global, combinando la ciencia con la espiritualidad y la poesía con la academia, Riera construye puentes entre disciplinas y saberes, mostrando plenamente el espíritu de un renacentista del siglo XXI.

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