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He leído el excelente artículo "El cuerpo de un Dios sacrificado" de Rafael Argullol y gracias a él he descubierto la fuerza simbólica de las manos crispadas del Cristo del retablo de Isenhem pintado por Matthias Grünewald. Las manos desencajadas, con los dedos intensamente desordenados y tensos, expresan el máximo dolor ante la muerte de tantos inocentes que Cristo asume en su madero. Al principio de la Semana Santa, este Domingo de Ramos, hemos vivido atónitos los atentados de Estados Islámico los cristianos coptos de Egipto. Horror, indignación, impotencia, rabia, estupefacción, revuelta, solidaridad, silencio y oración, estos y muchos otros son los sentimientos que tengo ante tanta crueldad que continúa provocando el fanatismo religioso islamista.

Hace pocos años, el grupo Ansar Al-Sharia, sucursal del llamado Estado Islámico en Libia, retransmeté el degüello de 21 cristianos coptos. El hecho pasó con cierta impasibilitat occidental. Deberíamos estar preocupados por otros temas domésticos. Hoy han sido dos explosiones en dos iglesias coptas, una de ellas la catedral de Alejandría, mientras celebraban el domingo de Ramos. De nuevo, los cristianos coptos son sujetos de martirio en manos de fanáticos islamistas. Musulmanes que hacen una lectura textual y radical del Corán y de la tradición islámico. Pero, a todos los efectos, creen actuar en nombre de Dios y sus mandatos.

Durante muchos años, los coptos han sido asesinados en Egipto y sus iglesias quemadas por turbas de islamistas fanáticos. A pesar de ser unos 10 millones en Egipto, los cristianos coptos son una minoría fuertemente perseguida y humillada por los extremistas islámicos. Además, ahora los consideran culpables del golpe de estado militar contra el régimen de los Hermanos Musulam. No sé si la próxima visita del papa Francisco en Egipto ha atizado el conflicto, pero su visita ha de llevar el consuelo de los católicos a la Iglesia copta y comunión santa con sus mártires. Si en el Cristo inanimado y desfigurado de Matthies Grünewald encontramos representado el dolor de la humanidad que asiste perpleja los crímenes de los fanáticos religiosos, la solidaridad activa de los cristianos con los coptos debe aportar la esperanza de la resurrección.