Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

La publicación de un nuevo libro siempre es un motivo de alegría. Recientemente la Editorial UOC ha publicado el libro Transformar la Universidad: Desafíos, oportunidades y propuestas desde una mirada global (1), del que he tenido el privilegio de ser coautor junto con el profesor de la UOC Dr. Albert Sangrà.

En la introducción del libro tratamos del impacto de la Ilustración y la cosmovisión moderna en la universidad, que tuvo varios acentos y formas a o largo del siglo XIX. En todos los sistemas universitarios de los distintos países, se realizó una síntesis entre la cosmovisión cientificista proveniente del impacto de las crecientes ciencias naturales y la cosmovisión cristiana originaria de la institución. Esta síntesis estuvo muy influida por las relaciones iglesia/es-estado en cada país, establecidas ya finales del siglo XVIII. Veámoslo brevemente:

Así en el país de vanguardia del momento, Francia en 1800, Napoleón reorganizó la administración, la economía y el sistema judicial y solidificó el estado mediante un régimen autoritario, personalista y represivo. En 1804 fue nombrado emperador e inició la obra de hacer un nuevo país con un nuevo régimen y un nuevo tipo de sociedad mediante la legislación (código de Napoleón) creando las nuevas bases jurídicas de la sociedad surgida de la revolución francesa. Reformó la enseñanza y también la universidad, creando un modelo estatalizado de enseñanza centrado en las regulaciones. La religión quedó excluida en aras de la neutralidad del estado. La pretensión de rodear Francia de estados con el mismo sistema de gobierno e igual código para constituir un ensanchamiento defensivo de su modelo influyó notablemente en la Europa de la época. No hace falta mencionar que la legislación española siguió esta huella, sin embargo aceptando la contribución de las órdenes religiosas en la enseñanza básica pero no en la universidad. En artículos anteriores analizamos los motivos de esta particularidad española con mayor detalle.

En Alemania, en cambio, Fichte en sus “Reden an die deutsche Nation” (1808) expuso su programa en favor de la Educación y su papel en el destino de la nación alemana. Fichte años antes había propuesto la reconstrucción de la ciencia en un intento de armonizar conocimiento teórico con actividad moral, social y religiosa. Fichte participó activamente en la resistencia anti-napoleónica.

Las ideas de Fichte se plasmaron pronto en la creación de la Universidad de Berlín, de la que fue fundador y primer rector el lingüista y liberal prusiano Wilhelm Von Humboldt (1809-1810) y de la que Fichte fue profesor destacado y después rector. El ideal de universidad favorecía la libre investigación de los profesores dentro de un marco de investigación de la verdad tanto en las ciencias naturales como en la filosofía y religión cristianas. Universidad pasó a ser sinónimo de investigación y elitismo intelectual. Esta visión organizada del conocimiento fue una característica del Romanticismo alemán. La unión del ideal ilustrado con el Luteranismo y su énfasis en la cultura generó unas universidades que combinaron investigación científica y cristianismo y encontraron su articulación en el movimiento romántico (2).

En la década de 1860 y 1870 profesores norteamericanos como George Bancroft y Charles W. Elliot, entre otros, visitaron Heildelberg, Halle, Leizpig, Bresalau, Göttingen y también la ya famosa universidad de Berlín. Volvieron a USA con la noción germánica y humboldtiana de universidad como lugar para la pura investigación. Quisieron reformar la universidad americana con los mismos principios. Los visitantes estadounidenses encontraron un conjunto de rasgos admirables en las universidades germánicas (3):

En primer lugar la idea de la dedicación a la investigación y la libertad de los profesores para seguir su investigación sin interferencia alguna. Aunque la libertad académica “Lehrfreiheit” estaba establecida en Alemania desde hacía siglos, para los americanos era un concepto nuevo. También les impresionó la libertad de los estudiantes para seguir su aprendizaje por medio del trabajo independiente y que se presentaran a los exámenes cuando se sintieran preparados. Les gustó también las posibilidades de una institución no colapsada por las responsabilidades de la formación de nivel “undergraduate”. El ideal germánico de conocimiento no utilitario o aprendizaje desinteresado se resumía en el término “Wissenchaft” o aprendizaje integrado. En el contexto alemán del siglo XIX, este concepto poseía múltiples significaciones, al nivel más simple significaba ciencia. En otro nivel denotaba conocimiento integral, es decir producto de la investigación informado por un esquema coherente de valores humanos. El idealismo alemán trajo la idea de una unidad espiritual subyacente o visión del mundo sintetizadora (“Weltanschauung”) como guía reguladora de la investigación. Ocurrió que los intérpretes americanos perdieron las más sutiles significaciones de “Wissenchaft” y lo que más adelante muchos intelectuales germánicos denominaron como su más alta manifestación “Geisteswissenchaft” (traducible aproximadamente por conocimiento espiritual). Para los americanos “Wissenchaft” pasó a significar sólo ciencia y éste pasó a ser el objetivo fundamental de la universidad que intentaron reproducir en Estados Unidos (4). La idea de que la Universidad debía ser un lugar para la investigación científica cuajó pronto en USA. Cada disciplina aspiró a ser científica e investigación se asoció a ciencia empírica. La respetabilidad pareció depender del nivel de cientificidad entendido con parámetros positivistas. El progreso tecnológico favoreció ese estado de las cosas.

El ideal ilustrado empezó a hacerse presente también en la Psicología o la Antropología que pasaron a ser Ciencias Sociales. En las humanidades hubo la misma tendencia: Interpretación literaria, análisis histórico, hermenéutica, etc. A finales del siglo XIX la cosmovisión del cientificismo estaba implantada en USA y la tendencia a la fragmentación del conocimiento en pequeñas piezas replicables y manejables era una realidad. Sin embargo, se había perdido algo importante: el sentido de comunidad de plenitud, el sentimiento de conexión espiritual y de interdependencia. Así pues, en USA, a pesar de la presencia de estudios religiosos, los principios cristianos se atenuaron en las universidades.

La universidad americana influyó en el siglo XX a otros sistemas universitarios con distintos ritmos entre países. Tal vez la mayor estabilidad de los USA en el convulso siglo XX llevó al mayor desarrollo de la institución universitaria y al influjo posterior del modelo estadounidense a los sistemas continentales.

Si bien hay otros fenómenos que deberían citarse, como es el caso de la tendencia a la profesionalización, y además se podría desarrollar el caso particular de las universidades católicas, sin embargo tenemos en estos párrafos anteriores resumido el origen de los tres modelos más influyentes de relación entre investigación científica y formación cristiana en la educación superior, que explican gran parte de las diferencias en los sistemas universitarios todavía hoy en día en la relación entre investigación científica y cristianismo.

Referencias:

(1) Gallifa, J., Sangrà A. (2021).Transformar la universidad. Desafíos, oportunidades y propuestas desde una mirada global. Barcelona: Editorial UOC.

Descarga gratuïta: http://hdl.handle.net/10609/134926 

(2) Gallifa, J, Pedró, F., Fontan, P. (1998). Present i futur de la Universitat: models actuals i prospectiva de la Universitat a Catalunya i a Europa. Moià: Edicions Raima

(3) Lucas, C. (1996). Crisis en the Academy. Rethinking Higher Education in America. Portland, Or: Book News, Inc., p. 64

(4) Gallifa, J, Pedró, F., Fontan.  Op. cit, p. 16