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En estos tiempos de inicio de curso en la universidad es habitual preguntar a los estudiantes en los Seminarios de primero por los motivos que les han llevado a escoger los estudios, es decir hablar con ellos de aspectos vocacionales. Este año con la alegría por la presencialidad recuperada al 100% y ya casi-normalidad.

Hablemos brevemente de la vocación. Podríamos definirla, siguiendo la etimología de la palabra, como un "sentirse llamado" a una forma de vida o en un determinado trabajo o profesión. También tiene el sentido religioso de sentirse llamado por Dios.

La vocación es una llamada interior. Los estudiantes, en nuestro caso de psicología- lo expresan así: "Me llamaba la atención entender la mente humana", "siempre he querido ayudar a las personas", etc. Las personas tenemos talentos diferentes, motivaciones e intereses que nos hacen únicos. Una vocación tiene pues este componente de escucha interior y de autoconocimiento. "Sigue tu voz interior", o "sé tú mismo" se dice a veces y dicen los libros de autoayuda. Hay que ir sin embargo con cuidado con la generalización de algunas de estas expresiones como las también muy comunes de "puedes conseguir todo lo que te propongas" o "si quieres puedes". Profesionales de la salud mental nos explican los problemas que a veces tienen expresiones como éstas que pueden causar perjuicios a personas especialmente vulnerables. No todo el mundo puede hacer todo lo que desee, a veces puede haber límites. Y también hay que conocerlos.

La vocación tiene un componente reflexivo. Se trata pues de responder a una llamada interior, pero desarrollando no sólo lo que a uno le gusta sino también teniendo en cuenta como las cualidades que uno tiene pueden ser útiles a los demás o en la comunidad. La llamada interior más satisfactoria siempre tendrá en cuenta servir a los demás, ponerse en un lugar desde donde compartir.

Hay también una parte de esta "llamada" que es también exterior. Muy a menudo se ven mejor las capacidades, cualidades y competencias de las personas desde fuera. Así pues acompañar y facilitar el desarrollo de alguien que destaca en alguna calidad, valorar, comentar explícitamente el potencial que vemos en los demás, puede ayudar a ir definiendo la vocación personal.

Una tarea muy importante de las personas con responsabilidades en las instituciones es también hacer posible que cada persona esté en el mejor lugar donde, de acuerdo con sus cualidades, se pueda sentir realizada y pueda aportar lo mejor a la organización en su conjunto. Vale para cualquier organización o institución. En la misma universidad por ejemplo tenemos diferentes funciones a desarrollar: enseñar, investigar, hacer gestión -a veces con componente administrativo y económico-, relacionarse con la industria o con instituciones externas, o hacer servicios profesionales en la comunidad muy diversos. Acertar en el rol de cada uno es clave para que una institución como una universidad funcione óptimamente. Es muy satisfactorio para la persona y lo suele ser por la organización cuando se acierta entre el potencial que cada uno puede aportar y la responsabilidad que desarrolla.

Los educadores, orientadores y formadores en general deberían estar atentos a estos elementos vocacionales para reconocerlos, acompañarlos y estimularlos. Una educación excesivamente centrada en sólo aprender contenidos puede descuidar un elemento tan importante para la persona y la sociedad como es la vocación. No nos podemos permitir el lujo de perder talento. Por eso es muy apropiado aprender haciendo como proponía Dewey. Dice la Fratelli tutti que nos corresponde respetar el derecho de todo ser humano de encontrar un lugar donde pueda no sólo satisfacer sus necesidades básicas, sino también realizarse integralmente como persona (FT, 129).

Un aspecto importante de la vocación es darse cuenta de que no todo lo que realizamos es mérito personal. Y aquí entramos en un elemento si se quiere más espiritual de la vocación, como es la apertura a la Gracia o la Providencia, estar abierto y permitir que aspectos que uno no conoce o no controla del todo se manifiesten. Por eso es importante compartir, trabajar en equipo, ayudar y dejarse ayudar. Haciéndolo así aparece un aspecto nuevo: se abren a la vocación horizontes que no eran conocidos ni previsibles, aspectos que no se habían pensado ni previsto. Pero para ello hay que estar abierto, no sirve la mentalidad de pensar que ya se sabe todo o que se controla todo, hay que estar dispuesto a aprender de todo y de todos y tener la disponibilidad de servir.

Estar abierto a la llamada interior, a desarrollar los propios talentos, con acompañamiento de los demás y abierto a la Gracia de Dios, son elementos de esta llamada compleja y personal que uno tiene que ir discerniendo y que se convierte en vida, vivida con plenitud y realización personal. Promoviendo las vocaciones se contribuye a hacer posible que todos tengamos un lugar en el poliedro humano -como dice el Papa Francisco- en el que no se puede descartar a nadie.