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La situación vivida raíz de la pandemia, tan dura y difícil para mucha gente, nos ha dejado momentos que ahora con algo más de calma podemos revisar. Ya se ha hablado bastante, pero como lo que ha pasado con la gente mayor es lo suficientemente importante no lo podemos dejar pasar sin una mínima reflexión.

Pasó en diferentes países: En un momento dado, probablemente en el punto más álgido, cuando las UCI estaban llenas, se justificó que la edad era un criterio para decidir las prioridades de la atención médica. Después venían unas explicaciones que éste no era el único criterio, que se aplica siempre para no caer en un ensañamiento médico, etc. Lo que llamaba la atención, sin embargo, es que salieron expertos en deontología justificando este proceder como algo ético. Ahora con más calma nos podemos preguntar: ¿es ético?

Hemos de suponer que si lo decían expertos debe de serlo, sin embargo en una ética abierta a la racionalidad, se deben explicitar y poder discutir no sólo los valores, sino su jerarquía. Ya se entiende que mantener la vida de una persona joven es un valor, pero ¿este valor es superior al de la vida de una persona mayor? "Los que se mueren son ancianos", se decía, como restando importancia a estas muertes. Pablo d'Ors dijo que se valoran más los años por vivir que los años vividos.

Sin embargo desde la perspectiva religiosa el valor de la vida va por delante de otros valores. Por lo tanto antes de llegar a estas justificaciones, por supuesto que hay que buscar otras alternativas. Quizás tratar de fabricar más respiradores, tal vez habilitar más camas, contratar más médicos, lo que sea cuando está en juego la vida de una persona. Se puede entender que en un momento de tanta presión no hubiera demasiado tiempo para discernir, pero una ética racional requiere que se puedan poner de manifiesto los valores que se protegen y la coherencia argumentativa.

Muchas instituciones reaccionaron a este proceder. Destacamos dos:

• La Declaración de la Cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales de la Universidad de Granada a propósito de la discriminación por edad.  Considera el edadismo (discriminación de cualquier persona por motivos de edad) como algo inaceptable. También defiende que hay que promover el contacto intergeneracional, también como necesidad para disminuir esta discriminación o edadismo.

• La Comunidad de Sant'Egidio ha promovido el Manifiesto de la comunidad: Sin ancianos no hay futuro. Llamamiento para re-humanizar nuestras sociedades. No a una sanidad selectiva. En este manifiesto expresan la preocupación "por las tristes historias de mortandad de ancianos en residencias. Se está abriendo paso la idea de que se pueden sacrificar sus vidas en beneficio de otros".

El Manifiesto de Sant'Egidio recuerda que el Papa Francisco considera que privar a los ancianos del derecho a ser considerados personas es una "cultura del descarte", cuando se les relega "a ser sólo un número y en algunos casos ni siquiera eso" . Alertan que en muchos países, ante la necesidad de atención sanitaria, "está surgiendo un modelo peligroso que fomenta una sanidad selectiva que considera residual la vida de los ancianos". Así, "su mayor vulnerabilidad, su avanzada edad y el hecho de que puedan ser portadores de otras patologías justificarían una forma de elección a favor de los más jóvenes y los más sanos". Consideran que es una conculcación de los derechos de la persona cuando en nombre de un estado o unas autoridades sanitarias se reduce el valor de una vida en función de la edad.

Iniciativas como éstas ayudan a centrar el debate ético. Estamos en deuda con las generaciones mayores. La Comunidad de Sant'Egidio recuerda que la aportación de los ancianos es fundamental y que «no podemos dejar morir la generación que luchó contra las dictaduras, que trabajó para la reconstrucción después de la guerra y que edificó Europa». Seguro que si los jóvenes y no tan jóvenes los escuchamos podemos aprender de su experiencia.