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Los centros educativos preparan estos días el inicio de curso. Desde las guarderías hasta las universidades. Ya sabemos que no se prevé que sea un curso nada normal. Todo parece que será excepcional. Se plantean una serie de retos, los retos social o educativo de cada contexto o situación, que son muy importantes, pero sobre todo el reto de preservar la salud de todos los miembros de todas las comunidades educativas. Dada la relevancia y centralidad del reto sanitario, y ya que se está debatiendo con preocupación el próximo regreso a las aulas y a los entornos educativos, reflexionemos sobre él brevemente. Este reto resitúa a los demás, de los que ya tendremos ocasión de ir tratando.

Es normal tener incertidumbres, miedos, dudas, ante una situación sanitaria inédita y sobre la que no tenemos la posibilidad de un control a corto plazo. El coronavirus sigue ahí, y aunque de momento está fuera de los entornos educativos, es previsible que vayan surgiendo problemas dentro. Ya vamos conociendo cuáles son y también cómo se pueden prevenir y minimizar. Nos preguntamos a pesar de todo si será segura la apertura de los centros educativos. Sin embargo a la hora de abordar la situación que viviremos no nos podemos dejar arrastrar ni por el nerviosismo, ni por la amplificación de los miedos o el pesimismo. La confianza en que lo estaremos haciendo bien será fundamental para ganar terreno y tiempo al virus.

La situación nos pone pues a prueba a todos y a todo el sistema en sus diferentes dimensiones:

En primer lugar las autoridades sanitarias y educativas o universitarias, que han establecido protocolos y medidas que probablemente tendrán que ir adaptando cuando que se vaya viendo la evolución del curso. Tenemos elementos para confiar que irá bien. Los “casals” de verano y campamentos llevados por jóvenes, se pudieron hacer con pocas incidencias, aplicando protocolos para preservar la salud y prevenir posibles situaciones de riesgo. No existe el riesgo cero, problemas puntuales aparecerán, seguramente. Cuando aparezcan habrá que actuar según lo establecido. Ojalá las administraciones puedan también ser sensibles a las necesidades de las familias cuando se den situaciones de cuarentenas o confinamientos. Hay incógnitas todavía de varios tipos. Cuando surjan nuevos problemas se deben poder proponer soluciones de forma argumentada, detectar dificultades y contribuir a que las autoridades en los diferentes niveles puedan actuar o rectificar por el máximo bien colectivo.

Los equipos directivos por su parte deberán hacer efectivo el proyecto de centro en unas condiciones muy difíciles, tomando las decisiones más adecuadas en cada momento y en cada contexto. Seguramente que los centros son bien conscientes de que se les añade una gran responsabilidad y presión. Las escuelas cristianas, por lo que se, tienen ya el plan para el inicio de curso, preparado antes de vacaciones. Será adecuado tener un "plan b" para las situaciones que puedan surgir y que se pueda aplicar si es necesario. Debemos poner en valor la tarea a menudo poco valorada de gestión que realizan los directivos, que a veces han recibido pocas directrices o apoyo. Su tarea será fundamental.

Es una gran prueba también por la implicación de todo el entorno de los centros educativos: de las familias, de la comunidad cercana a la escuela, del consejo escolar, de los ayuntamientos, de los servicios educativos y culturales, etc. Será clave poder habilitar otros espacios, poder hacer actividades colaborativas de pequeños grupos estables, realizar actividades en espacios al aire libre, etc. Se necesita toda una tribu para educar a un niño decía Tonnucci en "La ciudad de los niños y las niñas", recogiendo un proverbio africano. Ahora es el momento de estar todos.

También es un reto para los educadores, sea cual sea el nivel. Se necesitará de su creatividad y dedicación en una situación compleja, para tratar de mantener los aprendizajes del grupo y la máxima "normalidad". Quizá no habrá forzar como sea el cumplir todos los temarios, ni se podrán hacer las actividades de siempre, las celebraciones de la escuela, las fiestas populares siguiendo el calendario los más pequeños. También puede ser necesario dedicar ahora más tiempo a acompañar, atender más personalmente, a acoger las dificultades que surjan. Quizás se pueda hacer más que nunca efectivo el ser naturales facilitadores del aprendizaje. Seguro que esto significa mucho trabajo. Los educadores ya demostraron en la segunda parte del curso pasado que podían responder al reto. Habrá que valorar más su labor.

También para los alumnos y estudiantes será una oportunidad inédita que se puede transformar en una ocasión para desarrollar mejor capacidad de respuesta a los problemas, responsabilidad, sentido de pertenencia al colectivo humano, afrontamiento de las dificultades, o resiliencia. En definitiva tomará centralidad la parte personal de la educación. Una situación óptima para el aprendizaje de valores. Los buenos educadores seguro que sabrán sacar partido educativo a esta oportunidad.

En definitiva, aprenderemos a responder a un reto sanitario que afecta a la integralidad del sistema educativo. Todos hemos de cumplir nuestra parte. Puede ser un aprendizaje positivo de colaboración, de capacidad de adaptación, de conciencia y de comprensión mutua  del esfuerzo de todos. Tal vez se puedan realizar de algunas innovaciones, y seguro que nos  daremos cuenta de la necesaria colaboración de todos y cada uno para preservar la salud, para cuidarnos y cuidar. Será también un gran aprendizaje y una satisfacción para todos cuando salgamos de ésta. El sistema educativo habrá dado un paso adelante y la educación probablemente pueda tener más centralidad en la sociedad, como empezamos a ver estos días.