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Por Catalunya Religió . Mié, 27/07/2022 - 18:16

Llegamos al final del curso académico, un curso en el que hemos ido recuperando progresivamente la normalidad, con permiso de esta reciente séptima ola…

Ha habido muchos aspectos que se han visto afectados por lo que hemos vivido. Así, en estos más de dos años de pandemia, las personas dedicadas a las profesiones relacionadas con la salud, pero también en general las personas con responsabilidades directivas o con tareas educativas, y más en general de profesiones en contacto con personas, hemos experimentado una muy fuerte carga emocional. La pandemia nos ha hecho más conscientes de la vulnerabilidad o nos ha hecho directamente más vulnerables.

Esto puede haber tenido varias consecuencias. Por un lado, que valoremos más, a nivel social, las profesiones y dedicaciones vocacionales relacionadas con la salud y el bienestar físico y emocional de las personas. Ésta es una evolución positiva. También hay más jóvenes que tienen vocaciones para realizar estas profesiones ya que han estado más presentes y se ha puesto de manifiesto su necesidad y utilidad social. Por eso tal vez en las inscripciones universitarias estan teniendo una fuerte demanda y por eso también la administración pública ha aumentado por ejemplo las plazas públicas de Enfermería. También influye aquí el componente de abandono de la profesión por parte de algunos profesionales sanitarios o de servicios a las personas.

También ha pasado a un primer plano la conciencia de la importancia de la salud mental junto a la salud física. Muchos colegas psicólogos nos cuentan que les ha aumentado la demanda y que no dan abasto. Se ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad también psicológica de las personas, y se ha observado también el impacto de las “fake news”, de las creencias pseudocientíficas (1). Surgen nuevos ámbitos de estudio o toman relevancia ámbitos que antes no se consideraban de interés prioritario para la psicología.

Como decíamos, han sido tiempos de mayores cargas emocionales para todos. Ha pasado que hemos tenido que apoyar a otras personas ante los efectos de la pandemia en la salud, en pérdidas, tratando de mantener con esfuerzo la máxima normalidad en las responsabilidades profesionales, educativas o relacionadas con la salud. Hemos tenido que ser sensibles a las ansiedades y mayores tristezas. Y no era necesario ser un profesional de la salud para tener que llevar las propias responsabilidades más allá. Ha sido necesaria sensibilidad y empatía.

A menudo, "afecto", "empatía" y "compasión" se utilizan indistintamente, pero mientras que el cariño y la empatía son emociones que se sienten por y con otras personas, la compasión va más allá de la emoción para incluir la intención activa de ayudar. No es lo mismo sentir pena (“lo siento por ti”), cariño (“siento por ti”), que empatía (“siento contigo”). Y las tres son diferentes de compasión (“estoy aquí para ayudar”), que comporta una mayor comprensión de la experiencia del otro y una mayor voluntad de ayudar.

Joan-Carles Mèlich en su libro “La lectura com a pregària” explica que la empatía es el resultado de un contagio emocional que consiste en ponerse en el lugar del otro, en la piel del otro, y, por tanto, a pensar que su alegría o su sufrimiento podría ser el mío… También explica cómo esto es diferente de la compasión. A diferencia de la empatía, la respuesta compasiva radica en ponerse al lado de quien sufre, en acompañarle en su dolor. El compasivo no siente el dolor del otro, sino que siente al otro sufriendo -dice Mélich-.

No siempre la empatía tiene buena prensa. Paul Bloom, profesor de ciencia cognitiva y psicología en la Universidad de Yale y autor de “Against Empathy”, alertó de que un exceso de empatía puede distorsionar nuestro juicio. En el mismo sentido Paul Polman lo expresa así: "Si liderara con empatía, nunca sería capaz de tomar una sola decisión. ¿Por qué? Porque con empatía, reflejo las emociones de los demás, lo que hace imposible considerar el bien mayor".

Sin embargo, aunque como personas que interactuamos con otras, debemos saber que, por exceso, la empatía puede fomentar un sesgo y hacer que estemos menos acertados a la hora de tomar decisiones, sin embargo, empatía es esencial para la conexión humana. Hay que aprovechar la chispa empática para pasar a la compasión.

Que el avance del verano y la posibilidad de un tiempo de desconexión -para los que puedan tenerlo- nos ayude a recuperarnos de estas más fuertes cargas emocionales y podamos volver con más empatía pero sobre todo también con mayor compasión.

Nota

  1. Escolà-Gascón, A.; Marín, F. X.; Rusiñol, J.; Gallifa, J. (2020) Pseudoscientific beliefs and psychopathological risks increase after COVID-19 social quarantine. Globalization and Health. 16(72). https://doi.org/10.1186/s12992-020-00603-1
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