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Hemos iniciado y ya llevamos unos días del nuevo curso, en nuestro caso en la universidad. Los responsables académicos, y de la gestión y los servicios habían trabajado mucho y el inicio fue muy bien planificado. Sin embargo, por lo que me dicen colegas de diversos niveles educativos, para muchos no han sido unos primeros días fáciles. Todos hemos tenido que acostumbrarnos a edificios adaptados, a normativas y protocolos, a pasar -si ha hecho falta- a dar clases on-line de manera ya programada o como "plan B", o algunos elaborar los que denominan en algunos centros como "kits de supervivencia" para alumnos en cuarentena ...

Como siempre sin embargo -y quizá más que nunca- ha estado presente la ilusión de los educadores, de los niños y niñas, de los jóvenes, ilusión que se adivina en las miradas, ya que nos hemos acostumbrado más que nunca a mirar los ojos. Aunque todo parezca más difícil y se tiene que dedicar más esfuerzo a tareas no previstas y sobrevenidas, educativamente estas dificultades nos hacen dar cuenta de la importancia de hacernos cargo todos de todos, de responsabilizarnos, sobreponiéndonos conjuntamente a las dificultades e incertidumbres, a comprender que no siempre las cosas salen bien y que se tiene que hacer un esfuerzo compartido para mantener los aprendizajes. A los educandos seguro que les llega y viven esta mayor disposición positiva a hacer este esfuerzo, que en sí mismo es educativo. Es una oportunidad para desarrollar la resiliencia de todos.

La dimensión creativa de la educación está en primer plano, puesta a prueba constantemente por los retos que van saliendo en el día a día. Hemos aprendido a trabajar con metodologías híbridas de una manera casi natural, a valorar la normalidad aunque no sea como antes. Cuidado, sin embargo, con la salud, no sólo física sino también psicológica, por las dosis de estrés sobre todo de los directivos, pero también de todos. Cuidémonos. Y es que también ha pasado al primer plano la dimensión personal de la educación, cuando surge, más que nunca, la necesidad de escuchar, de estar ahí, de acompañar. Podemos vivir con naturalidad también valores de solidaridad, de ayuda mutua, pero también trabajar otros muy presentes como el valor del equilibrio con la naturaleza, o el sentido de pertenecer a una común humanidad, teniendo en cuenta las causas naturales de la pandemia que afecta tan globalmente.

A pesar de que no es la situación ideal que escogeríamos, hay también cosas positivas que podemos desarrollar: Valorar la presencia, educar más que nunca en la estima, potenciar la mayor interacción y colaboración con las familias (nosotros en la universidad no tan directamente), propiciar más la relación con la comunidad y el entorno, educar en mayor contacto con la naturaleza, ... contribuyendo a poner la educación en el centro de las preocupaciones de la sociedad.

Que las normativas y protocolos y la dedicación en tiempo que requieren, siendo necesarias, no nos hagan perder el sentido y la misión de las instituciones. Mantenerla en tiempos como estos la podrá hacer más perceptible y más presente que nunca, pues estamos más cercanos y más abiertos a la relación con los demás. Además de lo que aprenderemos por los nuevos métodos, será importante proponer y hacer vivir las finalidades. Que los protocolos no impidan desarrollar plenamente la misión educativa. Que tengamos un buen curso!