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Déjenme que les hable brevemente de Picanyol, conocido dibujante, raíz de su reciente traspaso, sobre todo para valorar la importancia y relevancia su obra desde varias perspectivas.

Conocí a Josep Lluís Martínez Picanyol hace más de 30 años cuando en una modesta editorial, fundada entre cuatro amigos, publicamos las tiras de Ot el bruixot de Cavall Fort. Ot tuvo mucho éxito pero no la aventura editorial, así que el Josep Lluís fue a buscar editores más profesionales que, como Toni Matas, supieron promover sus excepcionales cualidades artísticas. Lo que si he podido, con los años, es ir siguiendo su obra y por eso creo que puedo decir alguna cosa para complementar algunos aspectos que ya se han explicado, sobre todo para contribuir, si es que se puede aún más, a poner en valor el alcance de su obra artística.

Picanyol es conocido por ser el dibujante de Ot el bruixot, de la Biblia para los niños o por ilustrar con álbumes vidas de santos como San Francisco de Asís, Santa Clara, San Ignacio, o las parábolas y milagros de Jesús, los Salmos., etc. También dibujó otros cómics como Noemí.

La Biblia de los niños, a partir de textos de la Biblia, la publicaron todas las confesiones del cristianismo: católica, anglicana, protestantes y ortodoxas, y fue traducida a más de cincuenta lenguas. La edición italiana de Mondadori fue prologada por Gianfranco Ravasi. El impacto de esta publicación ha sido muy grande ya que ha contribuido a representar el imaginario de la tradición cristiana de cientos de miles, tal vez millones, de niños y niñas. Sin entrar en el tema de la mayor o menor importancia de las imágenes en las diversas confesiones, bastante controvertido históricamente, sí que podemos decir que, como que las imágenes se procesan en áreas diferentes del cerebro que las palabras, la Biblia de los niños, así como los otros álbumes religiosos, han contribuido seguramente a la evangelización. El autor era bien consciente de ello.

Picanyol elaboraba los cómics con un dibujo siempre bien perfilado, con trazo definido, buscando los rasgos caracterológicos los personajes, fruto de una minuciosa observación, que aunque simplificados, les otorgaba personalidad y realismo. ¿De dónde viene este estilo tan peculiar? Lo explicamos resumidamente con cuatro puntos:

Inocencia y bondad. Los personajes, como el mismo Ot, se entienden por la lectura del libro autobiográfico de Picanyol Historias de una pensión (2012) donde explica recuerdos de su infancia en el pueblo de Moià, y como empezó a dibujar en la pequeña pensión que regentaba su madre. Nunca perdió aquellos ojos de niño con los que miraba aquel universo variado de experiencias y personas, que dibujaba continuadamente. Un mundo lleno de novedades sorprendentes que alimentaba su desbordante imaginación y sentido del humor.

Sensibilidad. En la lectura del libro mencionado nos cuenta con su humor realista las situaciones a veces cómicas, incluso hilarantes, pero también llenas de ternura y sensibilidad que vivió. Estas vivencias le hicieron buscar en el fondo de su interior preguntándose de donde salían sus personajes. Picanyol era un artista. Y un personaje es siempre una creación del artista, hay en cada uno de ellos una parte de sí mismo. En aquella autobiografía buscaba con sencillez también esta profundidad de la experiencia existencial de dibujar. Picanyol estudiaba muy a fondo sus personajes y hacía corresponder su exterior e interior. Dominaba la comunicación icónica como nadie, a partir de dibujar detalles. Así los personajes tienen una parte de su creador, y eso es lo que los hace tan vivos.

Sencillez. Su estilo coherente de vida, diríamos austero y franciscano, lo llevaba a ser directo y claro. Era también muy reflexivo y consciente. Esto le llevó, sobre todo en las obras con personajes bíblicos o biografías de santos, a reflexionar sobre los rasgos de sus dibujos, buscando la correspondencia fondo-forma. Teniendo en cuenta que su dibujo era tan definido y preciso hacía siempre un esfuerzo de síntesis notable en cada personaje. Como cristiano era bien consciente de que estaba trabajando en la evangelización y puso toda su experiencia, con humildad y sencillez, al servicio de esta obra.

Testimonio. La obra de Picanyol tiene propósito. La última vez que coincidimos con Josep Lluís fue raíz de compartir grupo sinodal en una parroquia del obispado de Vic, Moià, pueblo con el que compartíamos vínculos. Era poco antes de la pandemia. Seguramente hablaríamos en una de las típicas conversaciones sobre cómo la Iglesia tiene que llegar al mundo de hoy. Él dijo, y fueron las últimas palabras que le oí: "Necesitamos santos". Toda una síntesis en pocas palabras, como un trazo seguro en un dibujo. Así pensaba. Creía que lo que necesitaba la Iglesia eran perfiles de santidad diversos en el mundo de hoy. Como tantos había conocido y dibujado.

Toni Matas, su editor y amigo, dijo de él que ha volado más alto que Ot el bruixot. Pues eso. Nos ha dejado, con trazo seguro, un dibujo con alma.