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La crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo afecta a la educación. Las autoridades educativas están preparando como será el regreso escalonado y seguro a los centros educativos y universidades ahora y en el próximo curso en esta denominada 'nueva normalidad'. Sin embargo hay un aspecto que estas crisis han puesto de manifiesto: La necesidad de que la educación sea más integral. Algunas cosas que podemos aprender de estos tiempos que justifican esta necesidad:

Si bien se puede transmitir conocimiento telemáticamente de forma bastante eficaz, como hemos podido comprobar, deberíamos tener presente que la tecnología tiene herramientas que pueden facilitar también la construcción cooperativa del conocimiento. Generalizando podemos decir que los sistemas educativos, desde la Modernidad y la Ilustración, incrementaron la transmisión de conocimientos. Este rol comportó que la relación profesor-alumno pasara a ser aún más vertical y transmisora. Es decir que la oportunidad que tenemos ahora es la de establecer una relación nueva con el conocimiento, pues hoy la tecnología facilita la horizontalidad y, como decíamos, la colaboración. Los sistemas educativos podrán asimilar esta potencialidad, lo están haciendo los más avanzados. Al hacerlo, se tendrá que llegar a la diversidad de todos los alumnos y también velar por la equidad.

Una de las cuestiones que seguramente se ha puesto de manifiesto en este periodo es que a menudo hay desconexión entre los contenidos a aprender y la realidad práctica y aplicada. Una de las posibilidades en el 'retorno' es crear una relación más estrecha de la educación con la vida, incorporando aún más la sociedad y el mundo externo a las organizaciones educativas. Esta apertura se puede dar, por ejemplo, con un mayor conocimiento de las diferentes profesiones o de las creaciones de las personas para contribuir al avance de los grupos humanos. Se trata de potenciar el ámbito de la voluntad humana que pone en juego la motivación para mejorar y contribuir. Se deberá pues de dar más importancia a la dimensión humana de los problemas, mejorar la orientación y promover las vocaciones (y especialmente las orientadas al servicio a los demás). La situación actual lo ha puesto de manifiesto. Se tendrán que incorporar más aún las artes, y poder así canalizar mejor la creatividad y el talento. También será conveniente centrarse en desarrollar competencias y habilidades (digitales y no digitales).

De una manera seguramente involuntaria se ha puesto en primer plano la importancia de los vínculos personales y afectivos. Habrá pues que prestarles una mayor atención, así como a los valores compartidos de la cultura y las organizaciones, sean escuelas o universidades, que son un modelo de sociedad en pequeño donde los educandos aprenden valores colectivos y cosmovisiones, a partir de vincularse con los demás. Es difícil aquí sustituir el contacto directo y la presencialidad. La cultura de la escuela/ universidad prepara la cultura de la sociedad del futuro, es también pues escuela de formación de ciudadanos. Es una contradicción por ejemplo vivir en medio de un confinamiento por una pandemia mundial que está cambiando el mundo y sus valores y estudiar un punto del temario tras otro, seguramente descontextualizados. Unas escuelas o universidades más dialógicas y menos verticales estarán más evolucionadas que instituciones demasiado jerárquicas y burocráticas. Es la lógica de la evolución de la conciencia humana en los grupos y organizaciones. Se necesitará una educación con una conciencia realmente más avanzada para responder a la gravedad de los problemas del mundo.

Nos hemos dado cuenta también de la necesidad de la personalización, de tener en cuenta las vivencias subjetivas de las personas, la necesidad de escuchar, de tener una mayor apertura al mundo interior. La tradición cristiana siempre ha privilegiado la relación personal Maestro-discípulo. En este ámbito es donde se da la evolución de la conciencia y el desarrollo de las dimensiones interiores subjetivas. En esta dimensión toma centralidad la singularidad de cada persona, la felicidad y realización personales, y la autenticidad y amor genuino, que deberían ir por delante de otras lógicas.

Las circunstancias que hemos vivido han acelerado la reflexión en estas dimensiones: el conocimiento, la técnica, los vínculos y valores y la persona. Cada acto educativo de ahora y del futuro -on-line o presencial- está compuesto, se sea más o menos consciente de ello, por cada una de estas dimensiones de la evolución humana. Proponemos para el futuro -para escuelas y universidades- que la educación sea más integral, que quiere decir que hay todas las dimensiones anteriores, y que están contempladas de forma balanceada, equilibrada y coherente. El futuro está ya en el presente, en cómo orientamos cada acto educativo, que anticipa y prepara caminos con esperanza. Y a todos los que estáis implicados en la educación: Que tengáis un buen 'retorno a las aulas'!