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En las últimas semanas del 2021 Gaudí tuvo un notable protagonismo en la Barcelona cultural. No sólo por el evento de gran proyección internacional de la inauguración de la Torre de María de la Sagrada Familia, sino también por la inauguración de la exposición "(Re)conèixer GAudí"  en el Museo Nacional de Arte de Cataluña que permanecerá abierta hasta el 6 de marzo cuando irá al Musée d'Orsay de París.

"(Re)conèixer Gaudí"  es una excepcionalmente bien documentada exposición sobre la obra del genial arquitecto. A través de una museografía basada en la presentación y acumulación de objetos, como si se tratara del taller de Gaudí, se recogen más de 650 elementos (objetos arquitectónicos, de diseño y mobiliario, documentación, mapas y fotografías) procedentes de un centenar de colecciones nacionales e internacionales, incluida la del Museo. Se ordenan por etapas y se realiza una narrativa. El comisario es Juan José Lahuerta. Han colaborado numerosas instituciones dejando sus fondos originales y está muy bien organizada por las diversas etapas del genial arquitecto, muy bien ilustradas y con elementos significativos de la obra de Gaudí y su contexto.

Por lo general la narración de los diferentes espacios, que se complementa escuchando un audio con el que se conecta a través un código QR, acompaña muy bien el recorrido por la exposición, en lo que va haciendo referencia al contexto en el que vivió Gaudí, los momentos sociales y culturales que acompañaron a su obra en su tiempo, el empuje de la burguesía, los problemas sociales, etc. Como el propio programa de la exposición indica, se intenta realizar un ejercicio de deconstrucción del mito del artista y de su obra, y enmarcarlo en medio de estrategias políticas, ideológicas y estéticas de los tiempos que vivió. Una exposición de excelente calidad y altamente recomendable.

No quisiera que lo que voy a escribir ahora pueda entenderse de ninguna manera como una crítica a esta magnífica, coherente e interesantísima exposición. Es sólo una reflexión de algo que creo que habría estado bien encontrar. La cuestión es que la obra de Gaudí puede analizarse también, más allá de la arquitectura, como una obra de arte.

Erwin Panofsky, historiador del arte, planteó la conveniencia de considerar tres niveles de análisis en una obra de arte: el pre-iconográfico o detalle de lo que se puede percibir con los sentidos; el iconográfico o análisis y valoración de la obra como legado patrimonial de la sociedad; e iconológico o interpretación intrínseca o del contenido de una obra, análisis también del significado de la intención de su creador. Desde esta última perspectiva, el arte es siempre simbólico y el estudio de una obra de arte se convierte en una decodificación de símbolos. En esta última dimensión, Panofsky realizó una obra fundamental para entender aspectos muy significativos del arte del siglo XX.

Pues bien, así como respecto a los dos primeros niveles mencionados la exposición "(Re)conèixer Gaudí" cumple perfectamente su propósito, respecto del tercero -y muy especialmente cuando se trata el período religioso- es una lástima que no se hubiera pensado al abordarlo. Es decir habría sido también una posibilidad recoger el propósito y significado de la obra, al menos en términos del propio Gaudí. Conocimiento para ello no falta. Tenemos excelentes especialistas, por ejemplo el rector del Ateneo Universitario Sant Pacià, Armand Puig, o el filósofo Francesc Torralba que esta misma semana defiende una tesis doctoral en la facultad Antoni Gaudí del Ateneo Universitario Sant Pacià titulada “Interpretación teológica de la Fachada de la Gloria de la Sagrada Família según el proyecto original de Antoni Gaudí. Fuentes espirituales y teológicas de su escatología”. Existe pues el conocimiento para desarrollar este nivel iconológico de la obra gaudiniana.

Sin desmerecer la exposición, me parece que sin una explicación del propósito de la obra del período religioso de Gaudí, queda un aspecto suficientemente significativo por desarrollar y que en su caso es especialmente relevante. Además habría sido positivo también para introducir la vivencia religiosa y su potencial creativo en el diálogo cultural actual, similarmente a cómo lo hizo la inauguración de la Torre de María. Si no se ha tenido en cuenta esta vez, seguro que podrá hacerse en otras oportunidades en el futuro.