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Sapiens, de animales a dioses (en el original: una breve historia del género humano), de Yuval Nohah Harari, publicada la primera edición en 2011, se ha convertido en un auténtico "best seller", del que se han vendido más de 15.000.000 de copias, sin contar que es parte de una trilogía de éxito del mismo autor. Como mucha gente lo ha leído y se ha hablado bastante de él, quisiera en este tiempo de libros comentar algún aspecto que me parece bastante relevante y que, como no se ha tratado suficientemente, no está de más recuperarlo.

Todo el libro es un ensayo histórico-antropológico basado en un hecho capital en el proceso de hominización: El libro explica como hace unos 70.000 años los Sapiens experimentaron una revolución cognitiva según la que pudieron "inventar historias", mitos que permitieron colaborar entre desconocidos que tenían las mismas narraciones, la misma identidad colectiva. Así pudieron formar grupos más grandes, avanzaron tecnológicamente y este hecho permitió su expansión por todo el planeta. Estos grupos avanzaron desde el estilo de vida de los clanes de subsistencia a los valores y sistemas organizativos tribales.

A partir de aquí Harari recorre resumidamente la historia humana en la que ve algunas innovaciones más, como la revolución científica o la económica. Cautiva el estilo narrativo fresco, el tono divulgativo y los frecuentes ejemplos que presenta para que se entiendan bien sus interpretaciones. Explica en definitiva, de una forma sencilla y directa, como se ha desarrollado la civilización. Tiene también un punto audaz cuando interpela al lector respecto de los sistemas de creencias de la cultura liberal en la que vivimos. Es decir cuestiona el sistema de valores de la cultura occidental, contraponiéndola con otras y preguntándose si este sistema hace las personas más felices. Sin embargo esta deconstrucción no le lleva a revalorizar las tradiciones religiosas y sapienciales, sino a considerarlas todas desde la misma óptica de las "realidades imaginadas".

Aunque la antropología de las "realidades imaginadas" vertebra todo el libro, y esto le da parte de su atractivo, Harari acaba desentendiéndose de la antropología. Es decir tiene en cuenta la hominización (de ahí el título Sapiens) pero se desentiende de la humanización. Deviene así un ensayista-historiador más convencional cuando al tratar las revoluciones agrícola, científica, industrial, ya deja de lado la antropología humana, como si en el avance de la humanidad sólo contaran los valores de clan o tribales de hace 70.000 años. Seguro que hay en los humanos una huella antropológica de aquellos tiempos, pero hay más que dudas razonables que aquí se termine el desarrollo humano. Se terminó la hominización pero no la humanización! Lo que es bastante interesante desde el punto de vista del estilo narrativo es que, como que el autor es historiador, desde 70.000 años hacia aquí se desentiende de la antropología, dedicándose como historiador a la historia. No tiene porque ser antropólogo, claro, sin embargo el impacto y originalidad del libro está en que es un ensayo también antropológico como su título (Sapiens) indica.

Harari se despreocupa pues de explicar la evolución de la antropología humana y de la revolución de la conciencia que supusieron las grandes tradiciones religiosas, espirituales o sapienciales de las diferentes culturas de oriente y occidente. Sólo considera el aspecto de formar parte de las "realidades imaginadas" de su modelo explicativo. Es legítimo como ensayo, y se puede contra-argumentar que al escribir una historia breve -como ya avisa en el título- no lo tiene que tratar todo.

Sin embargo seguramente lo más ajustado a la realidad del desarrollo humano es que fue necesario que pasaran cientos de años, seguramente milenios, con místicos, profetas y sabios de las diversas culturas humanas observando los ciclos de la naturaleza, de la vida y del firmamento, para que la humanidad poco a poco fuese comprendiendo su lugar en el Cosmos. Las historias grabadas en piedra o pergamino no eran sólo unas "historias imaginadas" sin más, como le pueda parecer a un historiador un poco escéptico, sino el avance de la conciencia humana. Poco a poco se fue acumulando una sabiduría, unas palabras, un "logos", unas narraciones que fueron configurando las diferentes tradiciones, en el caso de la cristiana estas narraciones se volvieron historia viva en la persona de Jesucristo, como sabemos.

Así los valores de las colectividades humanas y sus imaginarios evolucionaron más allá de los clanes de subsistencia o de los valores tribales que tan bien desarrolla Harari. La psicología humanista y la psicología profunda y también las neurociencias han venido a apoyar una visión más completa de la antropología humana y del desarrollo integral humano. Las capacidades simbólicas no son sólo un ámbito para ejercer el poder y la manipulación de los grupos humanos, sino también un ámbito de paz, liberación y felicidad.

No quiero quitar méritos a esta obra, bastante simpática, y que sitúa al lector en una sana reflexión sobre la relatividad de sistemas políticos y recuerda que, si nos olvidamos de la humanización, la humanidad puede hacer regresiones a sistemas más arcaicos en el ejercicio del poder y dar la bienvenida al regreso de la ley de Talión y a todo tipo de totalitarismos, con muy poca preocupación por el desarrollo humano. Explicar el proceso de la hominización pero desentenderse del proceso de humanización es consistente con el posmodernismo pero puede llevar, por otra parte, a perspectivas muy centradas en el poder y la dominación y finalmente deshumanizadas como parece que no descarta Harari.