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La XVII Mostra de Cinema Espiritual, que organiza anualmente la Generalitat de Cataluña a través de la Dirección General de Asuntos Religiosos del Departamento de Justicia, ha sido dedicada este año al cineasta -o cinematógrafo como le gustaba denominarse- francés Robert Bresson .

Ya ha sido suficientemente relevante poder ir al cine en estos días de inicio de año, aunque con las limitaciones en los espacios cerrados y de horarios por la pandemia. En el 2020 algunas de las representaciones se tuvieron que reprogramar o cancelar. El solo hecho de poder ir a la sala y, con todos los protocolos, poder participar de este diálogo que toda buena película supone entre el director y los actores con el espectador ya es todo un lujo.

Bresson tiene un lenguaje inconfundible. Así como el cine tiene una narrativa basada en un texto, es decir es como teatro filmado -dice Bresson- el relato cinematográfico es para él, en cambio, otra cosa. Bresson se expresa cinematográficamente a través de lo que denomina como una "escritura visual", que también es sensorial pues además de imágenes en movimiento son característicos los sonidos y ruidos ambientales y los silencios, para crear una atmósfera en la que el relato no viene prefigurado por una narrativa verbal. Es el espectador que viendo la secuencia de imágenes debe ir reconstruyendo el relato en su interior. Bresson piensa en el espectador, que debe tener un rol activo, pues tiene que entrar a descifrar un nuevo lenguaje más simbólico y menos semiótico.

Así toma importancia lo que no se ve de los personajes, su mundo interior, lo que les motiva a actuar como actúan, su psicología, que el espectador va captando, dando significado a las situaciones humanas que se representan, dando también una continuidad al relato.

Bresson no trata de la espiritualidad directamente, sino más bien de la complejidad existencial humana, aunque integra elementos y símbolos cristianos, como un elemento a veces central de su narrativa simbólica. Sus personajes por otra parte no son excesivamente expresivos. El hecho de que escogía actores que no eran profesionales no les permitía sobreactuar y tener así demasiado control de las situaciones representadas.

Bresson quería expresar en lenguaje cinematográfico -como decíamos- lo que no se ve, el mundo interior de sus personajes, contando con el espectador al que dejaba espacios y tiempos para que construya en su interior la trama en un ejercicio psicológico y también existencial y espiritual. Un ejercicio que sigue después del visionado.

Al final de cada película la Filmoteca propone un cine fórum. La película en la que colaboré como moderador del cine fórum no es de las más importantes de la filmografía Bresson, aunque obtuvo una concha de plata del Festival de San Sebastián de 1969 , año en que se estrenó. Se trata de una adaptación de una narración corta de Dostoievski "La sumisa" (1875) y que Bresson traduce como "une femme douce". Trata la tensión entre el patrón de sumisión a los roles tradicionales con la libertad de pensamiento y de elección. Se daba en tiempos de Dostoievski y en el París de mayo del 68, cuando se debió de rodar la película. El tema es también Hamletiano, es decir trata de la muerte elegida como salida y como reconciliación con el propio destino. Un tema que remueve por dentro el espectador.

El cine fórum fue muy exitoso y con mucha participación. La sala estaba totalmente llena, a pesar de la pandemia, y había interés para hablar de lo que había experimentado con el visionado. El cine espiritual interesa y permite el debate. El público pudo hablar de la importancia y necesidad del vínculo humano, así como del estilo cinematográfico de Bresson. El cine espiritual me pareció un recurso muy interesante para el trabajo educativo.