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En el artículo anterior tratamos del desarrollo integral de la persona. Ahora que las instituciones educativas estamos empezando el curso podemos preguntarnos: ¿Cómo se puede facilitar este desarrollo integral desde la educación? Y en particular ¿cómo se puede facilitar desde la educación cristiana? Hay una palabra que resume la respuesta: la formación. Hablemos pues brevemente de ella.

La palabra formación puede tener varios significados. Por ejemplo Xavier Marcet en un artículo en la Vanguardia hace un tiempo decía refiriéndose a la formación en los entornos empresariales: "No debemos confundir la formación con el aprendizaje, sólo el aprendizaje es el motor de la transformación". Estaba probablemente entendiendo uno de los significados de la palabra formación, el que en inglés se traduce como "training". Pero es más interesante para la educación cristiana entender formación también como "bildung" del alemán.

No quisiera entrar en un debate nominalista, no soy demasiado amigo de ello, pero si que es necesario cuando puede afectar a las concepciones que tenemos, las cuales pueden tener consecuencias sobre la práctica. También se deben tratar de evitar confusiones. Trataremos sin embargo de educación en general, en todas las etapas y niveles, no sólo referida al ámbito empresarial como hacía Marcet.

Hablemos primero de aprendizaje, que es una palabra hoy muy utilizada porque hace referencia a cualquier cambio que se produce en la mente persona. Es un término bastante general para incluir aspectos muy diversos. Hay modalidades de aprendizaje que son educativamente muy interesantes y necesarias, cuando tiene relevancia sobre todo el "como" aprender. Dewey planteó el "learning by doing", aprender mediante la acción, pero también de la reflexión sobre el actuar. Es el ámbito de la adquisición de habilidades (“hard” o “soft skills”), de competencias, que pueden facilitar también la innovación y la creatividad. Se puede entender también como el ámbito de la experiencia en el "hacer", como la que se transmitía en los gremios entre el maestro de un oficio y un aprendiz. Hay también, por tanto, una lógica antropológica en este tipo de aprendizaje. Sin embargo el aprendizaje no agota el potencial de la educación.

Efectivamente, ya que en educación es relevante también el "qué" aprender. La tradición humboldtiana germánica, haciendo una síntesis entre el aprendizaje propio de las ciencias y la tradición cristiana, tiene una palabra para referirse a la formación que es "bildung". No es el "training" inglés, no se puede traducir como aprendizaje, se parece más a auto-formación reflexiva. Es decir que, para que haya "bildung", el estudiante se tiene que implicar en la propia formación con discernimiento, armonizando mente y corazón en un proceso de transformación personal. No sólo se aprenden conocimientos, técnicas o competencias, sino también valores y cosmovisiones e integración de la individualidad a la sociedad, identidad. No sólo en el ámbito del “hacer”, sino también en el ámbito del “ser”.

Educación es instrucción pero tiene que haber también una valoración de lo que se aprende. Puede haber más de una cosmovisión posible. Las grandes tradiciones como el cristianismo (donde nació la "bildung") son una esfera de valoración y de significado, como también lo puede ser la tradición laica. Esta idea de la "humanistiche bildung" (formación humanística) se concretó en la universidad humboldtiana y el Gymnasium (educación secundaria) de la tradición germánica. Con la convivencia armónica con las ciencias y los ideales de la modernidad. Una modernidad diferente a la que influyó a nuestro sistema. Esta formación se realiza en esta tradición desde la autonomía, tanto personal como de las instituciones. Sin estas autonomías y el ejercicio de la libertad humana no se puede entender la formación-“bildung”. De esta forma pues una parte de implicación personal reflexiva es indispensable para la maduración y desarrollo del potencial de cada uno.

La palabra educación demasiado a menudo se ha tomado en referencia sólo como enseñanza o instrucción es decir transmisión de conocimientos, que no queremos menospreciar. Sin embargo tanto el aprendizaje competencial del aprender haciendo de Dewey y como el aprender a ser y desarrollarse integralmente dentro una tradición como la cristiana de la "bildung", deben ser parte de la educación de hoy. No basta con la instrucción y el aprendizaje, hay que potenciar también la formación.