Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Si la Encíclica "Laudato Si" del Papa Francisco trata de la necesidad de cuidar la casa común, de cómo los problemas medioambientales tienen unas raíces éticas y espirituales, y de cómo es necesario que haya un cambio en el ser humano para abordarlos; este cambio de conciencia tan necesario se ensancha con la Encíclica "Fratelli Tutti". En efecto, la "Fratelli Tutti", publicada en tiempos de pandemia, profundiza en los cambios de conciencia necesarios en el ser humano de hoy, mostrando un objetivo y un horizonte: el del desarrollo humano integral. Este desarrollo no podría darse si no fuera respetuoso con toda la Creación. Es decir, una encíclica se complementa por tanto con la otra. Ambas tienen en San Francisco el referente común.

Hablemos de la "Fratelli tutti" que es una exhortación a todos nosotros ("tutti") y muestra el camino para alcanzar el propósito mencionado del desarrollo humano integral: el de la fraternidad y la amistad social universales. Se ha dicho que la clave de la encíclica es este "tutti". Pero, a quien se refiere el Papa con "tutti"? En la respuesta a este interrogante es donde podemos observar toda una novedad, que es que hay diferentes niveles de lectura de la Encíclica según quien sea el lector. Veamos brevemente a quien se dirige:

"Tutti" como "toda la humanidad"

El Papa Francisco se dirige no sólo a los católicos sino a todas las personas, también las no religiosas. A todo el mundo? Bueno, dice Francisco: "A todas las personas de buena voluntad". Lo que plantea Francisco es recuperar el sentido antropológico profundo de la fraternidad. La plenitud del ser humano se da cuando se entrega a los demás, cuando vive en relación. Si hay vínculo hay vida, más fuerte que la muerte (FT, 87) -dice el Papa-. La fraternidad no es pues sólo cristiana, va más allá del Evangelio, pueden haber espacios de encuentro fraterno entre sensibilidades diferentes. Invita a convivir, a alegrarse y apreciar que haya varias sensibilidades.

El método que propone es el diálogo. Un diálogo que no sea un monólogo encubierto. Un diálogo que sea reconocer el derecho del otro a ser él mismo y a ser diferente. Más que pluralidad esto es auténtico pluralismo. Tenemos que trabajar juntos por el bien común, pero de diferentes maneras. En el diálogo y reconociendo las diferencias, apreciándolas, se podrán también reconocer las limitaciones del relativismo y la existencia de aspectos universales en la moral, no impuestos, sino mutuamente reconocidos. La propuesta es pues un realismo dialogante más allá de una falsa tolerancia, es decir que sólo hubiera formas externas que a veces podrían esconder sólo intereses personales. Es más exigente de lo que parece.

La propuesta para avanzar es la amistad social, basada en la fraternidad, que también debe traducirse en la política. El objetivo es ayudar a instaurar el diálogo y una vez se esté allí, no renunciar a expresar la autenticidad evangélica. Dialogar con todos desde las convicciones cristianas. La propuesta es tal vez limitarse a ser un actor más, pero también ser referentes, contribuyendo a señalar el propósito común. Y hacerlo en diferentes ámbitos: persona, familia, barrio, 'pueblo', etnia, nación, estado, organizaciones internacionales, mundo. Francisco propone un cambio cultural.

"Tutti" como "todas las personas religiosas de alguna confesión"

La Encíclica se dirige también a todas las personas de alguna confesión. Cita por ejemplo el Rabino judío Hillel (S. I a. C.) cuando ya decía: "No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti, todo lo demás es comentario", también la evolución de la caridad o fraternidad en el Nuevo Testamento cuando se amplía más allá del pueblo de Israel. La fraternidad imita la generosidad divina y, como lo que es igual se atrae y se une, para ir cerca de Dios la caridad es pues camino, un paso necesario para la elevación espiritual. Puede darse en diferentes religiones.

Dice el Papa que las diferentes religiones, "a partir de la valoración de cada persona como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen una valiosa aportación para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad "(FT, 271). "El diálogo entre personas de diferentes religiones no se hace sólo por diplomacia, amabilidad o tolerancia. Como enseñaron los Obispos de la India, el objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor "(FT, 271).

También propone acompañar la vida. Las religiones tienen un papel, por ejemplo el cristianismo "cuando considera la dignidad trascendente de la persona como imagen visible del Dios invisible" (FT, 273), ayuda a establecer vínculos y desarrollar la vida. Las religiones hacen por tanto un bien, un servicio a la fraternidad, en la medida que promueven una cultura del encuentro más que del enfrentamiento. Lo hacen todas las religiones. Y esto lo dice con el Imam Ahmad Al-Tayyeb: La violencia no encuentra fundamento en las convicciones religiosas fundamentales sino en sus deformaciones (FT, 282). La paz está inscrita dentro las tradiciones. Y también: "la inequidad y la falta de un desarrollo humano integral no permiten generar paz" (FT, 235).

"Tutti" como "todos los cristianos"

El Evangelio es para todos los cristianos una escuela de fraternidad. El Cristianismo, con la voz del Papa, se siente cómodo facilitando un nuevo encaje basado en un cambio de centralidad que pasa a ser toda la humanidad en el propósito fraternal común del desarrollo humano integral. El Evangelio es un manantial de dignidad humana y fraternidad (FT, 277). La trascendencia que propone el Evangelio es necesaria cuando hay conflictos y las cosas no son fáciles.

"Tutti" como "todos los católicos"

El Papa dirigiéndose al conjunto de la Iglesia hace un poco de autocrítica. Lo resumo con palabras propias: También la Iglesia es una unidad diversa. No debemos ser grupos cerrados, no es un "nosotros contra todos" o "nosotros contra los otros". Esta sería la cultura auto-referencial y no la de vivir en fraternidad o amistad social.

Un primer aspecto para lograrlo es poner ante todo la dignidad de la persona, de toda persona. Todos tenemos que encontrar un lugar en la realidad poliédrica de la vida que formamos entre todos. No se puede descartar a nadie. El Papa se manifiesta en contra de la cultura del "descarte" de los débiles por uno u otro motivo. Pone el ejemplo de Carlos de Foucauld "de entrega total a Dios por una identificación con los últimos, abandonados en el profundo desierto africano. Sólo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos" (FT, 287). Señala un poliedro donde todos deben encontrar un lugar. Pide apreciar la realidad, apreciar la vida, desarrollarla integralmente.

No sólo -dice el Papa- debemos procurar satisfacer las necesidades básicas nuestras y de nuestra familia, sino procurar el desarrollo integral de todos (FT, 129). Es diferente desarrollo integral que sólo considerar el crecimiento. Cada uno debe desarrollarse según su potencial humano y el que está llamado a ser. Hemos de facilitar el desarrollo integral de los demás y no olvidar el nuestro, pues también debemos cultivar lo que tenemos y somos para que pueda ser un bien para todos. De eso trata la Encíclica, de la fraternidad y la amistad social, necesarias para este crecimiento genuino integral.

El Papa además de documentos de conferencias episcopales y de papas anteriores no tiene inconveniente en citar referentes no cristianos como Martin Luther King, Desmond Tutu, o el Mahatma Gandhi, entre otros, pero sobre todo la referencia central a San Francisco para proponer a todos una vida con sabor a Evangelio.

 

Contenido resumido en el día de San Francisco del artículo siguiente:

Gallifa, J. (2021). Fratelli Tutti: Realisme dialogant. Quaderns de Pastoral, 247, 119-122