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El niño Jesús en la Fundación Miró


 
 
  
Hasta después de Reyes, si pasáis por delante de la Fundación Miró de Barcelona, ​​en Montjuïc, podréis ver la instalación que, como cada año, el museo encarga a un artista con motivo de la Navidad. Este año se ha encargado a Fina Miralles, una reconocida artista conceptual que ha presentado la pieza que lleva el sugerente título "Fina, siembra, que otros ya recogerán". La pieza consiste en una enorme bala de paja sobre la que hay una figura típica del niño Jesús del pesebre. Dentro de la evolución del artista, esta obra se inserta en un período, el actual, en el que Miralles utiliza los elementos narrativos del arte tradicional, especialmente los rel ativos a los ciclos naturales. Ciertamente, la fiesta de Navidad, como recuerdan los iconoclastas, se basa en antiquísimas tradiciones religiosas ligadas a los ciclos de la naturaleza y en las cosechas; tradiciones que, en lenguaje de la antropología religiosa, podríamos llamar "circulares", una rueda perenne melancólica del "eterno retorno".
 

La bala de paja, circular, a merced del tiempo, cambiando de color según la luz, simbolizando el trabajo y el esfuerzo cotidiano de toda una cosecha, cumple bien este símbolo.

 
Ahora bien, la imagen de un niño en lo alto de todo viene a romper el discurso redondo y determinista de latradición. Las religiones monoteístas, dirían los antropólogos, introducen un discurso lineal. Hay principio y hay final. No es retorno, a lo que hay que apelar, sino completar mediante la propia humanidad el viaje de la creación que parecía redond0. No, es helicoidal. Hay progreso, a pesar de todo. Y el progreso pasa indefectiblemente por el hombre, esta pieza frágil, indomable, imprecisa y ambigua del orden natural. En realidad, es lo quiere decir "Dios se ha hecho hombre", que es lo que se celebra en Navidad, como muy bien ha interpretado Miralles. La pieza, sustituyendo el lugar de una conocida escultura de Miró, ahora en préstamo, un guiño al espectador: "esta es la verdadera escultura del hombre ", parece decir. Como desafiando a las estatuas, que más bien tienden a "divinizar" figuras humanas en lugar de humanizar los dioses. Como desafiando al arte, que parecía que había llegado ya el momento de no decir nada o hacer simples fuegos artificiales. No, Navidad es eso otro.
 
 
 
 (* artículo para la revista Valors ; 12 2014)
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La puñetera magia de Navidad

 

 

De un tiempo a esta parte la papanatada navideña utiliza la palabra "magia" (o el adjetivo "mágico") para calificar a esta fiesta. Paradójicamente, a medida que la sociedad se ha vuelto más secularizada, el uso de la palabra "magia" para designar determiadas sensaciones para las que parece que nos hemos quedado sin palabras. Es "mágico" el enamoramiento o un concierto de masas, o una puesta de sol. No hay manera de dejar de apelar a fuerzas sobrenaturales cuando queremos explicar las sensaciones que nos rebasan, que no controlamos, que nos remueven, que intuimos remotamente como chispas de la felicidad que, de hecho, ya creíamos imposible. ¿Cómo es que la Navidad, que ya tiene relato para explicar ésta y otras cosas, el del nacimiento del Mesías, tiende a resumirse como "mágico"?
 

 
En realidad, Navidad es una invitación no sólo a bajar al mundo real sino, contrariamente a lo que hacemos a menudo, a amarlo. A hacer "sagrado" el "profano", como si dijéramos. Consiste, creo,al sentirse plenamente de este mundo imperfecto que tan reprobado y, además, creer que es desde este mundo imperfecto que es posible la felicidad, que ya vive y que necesita ser "fecundada", "pasada por las entrañas" humanas. Bueno, para los vendedores de mundos perfectos, los actuales médiums, esto es una verdadera bofetada.
 
El relato bíblico también apunta otra cosa. Los primeros en conocer el advenimiento del Mesías son el grupo más apartado de la sociedad judía, los pastores. La irrupción de la grandeza mundo real no podía ser en un escenario menos glamouroso, menos mágico.
 

Así que deseémonos feliz Navidad. Deseémonos parar ante la realidad de nuestras vidas no como algo meramente instrumental o decorativo. Deseémonos entonces ser fecundos, capaceos de "preñarla"o de "parirla ". Deseémonos no permanecer indiferentes y a esperar que la magia (en forma de política "inmaculada ", de gadget electrónico o de la suerte, por ejemplo) resuelva nada. Como sabemos los de Mataró, para magia, la Borràs. Feliz Navidad.

 
 
(* Artículo para Capgròs.)