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"Pero cuando todo desvarío y todo engaño se desvanece, cuando se enfrentan a él en la aislada oscuridad y ya no dicen él, él ', sino que suspiran' tú, tú '...". La frase de Martín Buber de la cita que abre este magnífico librito de treinta páginas de José Ignacio González Faus (¿Dios? , Cristianisme i Justiícia, Barcelona, ​​2014) resume perfectamente el mensaje que recoge, me parece. La cuestión, en Dios, es dejar de verlo como un "él" para vivirlo como un "tú", de modo que, en la primera circunstancia, Dios siempre está lejos, es insuficiente, inalcanzable, sospechoso, incierto, objeto , y en la segunda se convierte en presente, nos hace capaces de plenitud, transforma, es sujeto. Que no se trata, pues, de hablar de Dios sino de vivirlo.

 
Entonces, ¿por qué hablar de ello, si no es de eso de lo que se trata? Sospecho que precisamente porque, por un lado, hay demasiada palabrería al respecto; palabrería vacía. Y, por otro, porque el lenguaje actual da poco espacio a los significantes de palabras como "Dios", que no es ni algo que se pueda medir ni un concepto abstracto, los únicos parámetros a los que está reducido el lenguaje actual. Sin embargo, los significantes de la palabra están aquí, entre nosotros, esforzándose por encontrar un nombre que les designe. ¿Cómo llamaremos, de nuestro fundamento último, si lo descubrimos, o cuando lo anhelamos? ¿Cómo llamaremos esta experiencia que nos trastorna (y se nos "escapa", nos "trasciende") en determinados momentos de nuestra vida en los que reconocemos su plenitud? ¿Qué serán aquellos ecos de nuestra voz, o tal vez ya respuestas, cuando hablamos con nosotros mismos? ¿Cómo nos explicaremos lo que nos pasa cuando, contra todo cálculo, nos entregamos a alguien sin mirar si se lo merece o no? ¿De qué manera mencionaremos que hay un deseo por encima de todos los deseos? Hay muchas, claro, pero "Dios" es, de momento, la mejor invención que ha encontrado nuestra especie para intentar dar nombre a algo que no podemos ni llegar a imaginar pero que, de una manera u otra , todo el mundo ve ("algo tiene que haber" ... dicen muchos, como bien nos recuerda González Faus). Cosa que hemos tratado de "Alguien", porque el trato que tenemos, como decía Buber, sólo puede ser de tú a tú, personal.
 
 
En el caso de los cristianos, además, sabemos que es posible una intimidad con Dios y una vida en consonancia con esta intimidad que, en vez de esperarla, cuenta con nosotros para hacerse real. Lo sabemos porque nos lo han dicho, eh? No porque seamos más listos.
 
 
  
De modo que quizá sí que hay, de vez en cuando, mirar qué demonios hay detrás de esta palabra, entre su "concepto" y su "experiencia". González Faus hace, así, una aproximación a la idea de Dios desde las "vías de conocimiento" de nuestra civilización, como si fuera Tomás de Aquino. La ciencia, la filosofía, la ética, la estética y la mística, todas con una gran capacidad de aproximación pero, como todas, desde la primera perpsectiva del "él". La segunda parte entra a fondo con el Dios cristiano, quien te hace ver, para empezar, que tú no eres ni puedes ser dios, y que esta negativa abre toda otra dimensión, precisamente (3.1). El que hace desaparecer la distinción entre sagrado y profano (3.21b). El Dios del que habla Jesús, que no se entretiene en decir cómo es Dios, si es uno o trino, sino que comparte su experiencia (3.2.5); el que se presenta "desnudo, abrumado, humilde" (Flp 2, ss), el que mira no qué haces a él sino a los demás, especialmente a los "más pequeños". El Dios que "sale" de la religión (M. Gauchet).
 
 
Así que, como es corto y se puede descargar directamente de la red (en catalán y en castellano), os invito a leerlo. Como habréis visto, no hay que ser "creyente". Yo, si no lo fuera, me gustaría saber en qué caray dicen que creen, los que lo son. En realidad, sin embargo, soy un pésimo creyente, por lo que también me va bien de sumergir me en él.
 
 
Por último, un buen hallazgo. En los primeros párrafos de las páginas 22 y 24 hay una manera muy resolutiva presentar uno de los dogmas más complicados, el de la Santísima Trinidad. En primer lugar, para decir que el Absoluto "no es una Soledad Absoluta sino una Comunión Absoluta", por lo que el "tú a tú" con Dios no es más que una analogía con los otros "tú a tú". En segundo lugar, para asociar cada uno de los lemas de la Revolución Francesa a las personas de la Trinidad. La Libertad, como el Padre creador, la Igualdad, como hijos que somos todos de Dios (el Hijo), y la Fraternidad, esta expansión del Espíritu. Bravo.