Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït


 
El fantasma que recorre Cataluña (siguiendo el símil del Manifiesto Comunista pero aquí con más razón) ha entrado también en las puertas de la Iglesia. Tenemos obispos reformadores del derecho constitucional y otros que se les considera desafectos porque no permiten el uso políticode un campanario. Tenemos mezclas de pitos y flautas perfectas: cristianos por la independencia, clérigos y monjes también por la independencia, iglesias plurales obsessionadas con obtener obispos unívocos, "personalidades socialcristianeas" "(supongo que deben ser simpatizantes de la CSU bávara con una fuerte personalidad) que piden -como no. la independencia con un excitante "hagámoslo "... Ya he expresado aquí varias veces mi opinión. Soy de los que pienso que, puestos a defender milagros, me parece que los cristianos lo hacemos mejor con los del Evangelio.
 
 
¿No han leído a Pié?

No sé si es que toda esta movilización responde a que no han leído el artículo del professor Salvador Pié, lo más sensato que se ha escrito en Cataluña sobre la Iglesia y el dichoso" proceso", o son de los que sí lo han leído y lo han machacado (tanto que no se la ha vuelto a oir). La alerta de Pié es seria. Advierte no sólo contra las religiones "de sustitución" (en el que el independentismo puede ser una, como ha estudiado Javier Elzo en el País Vasco), sino contra la transformación de la propia Iglesia en un totum revolutum de las causas políticas -en este caso la independentista- y la misión de la Iglesia. Pié toma la palabra "integralismo" de fenómenos similares en Italia. Yo mismo hablaba hace pocos meses (aquí, octavo párrafo) del ejemplo que Antoni Puigverd había puesto entre la izquierda y la Iglesia boloñesa que, por un exceso de identificación y simpatía aparente en las causas que compartían, habían vaciado y hecho poner en crisis la Iglesia local. El mismo Puigverd advertía que el proceso podría ser similar, en España, entre la derecha y los obispos, con los mismos efectos. Bueno, pues ahora el riesgo es idéntico, en Cataluña.

Aquí nadie pone en duda la" legitimidad" de estas causas, incluida la independentista. Almenos nadie pone en duda si un cristiano puede tener simpatía hacia esta causa sin traicionar ningún principio de su fe. Obviamente, así es. Tampoco nadie cuestiona que haya mucha gente, en nuestras comunidades y movimientos, que la comparta, ni curas, monjas, obispos, sacristanes, campaneros y todo el sursum corda. Como si son del Barça o seguidores de Gran Hermano. Aquí lo que se pone en duda es que se pretenda justificar, el independentismo, o los medios para llegar a él, a base de doctrina. O de poner la palabra "cristiano" en un posicionamiento político tan legítimo y "cristiano" como su contrario. 

Los obispos hablan

  
En este contexto, los obispos catalanes han emitido hoy un comunicado creo que muy importante. Ponen en un mismo nivel la fidelidad al pueblo de Cataluña y la concordia necesaria. Efectivamente, cristiano no es hacerse independentista, aunque "el pueblo" lo pida, sino velar «que con la prudencia de los gobernantes y la honradez de los ciudadanos, se mantenga firme la concordia y la justicia, y que tengamos un progreso constante en la paz», como extraen el Misal romano. No parece que alimentando el carbón de los trenes a punto de chocar se vaya mucho, en el caminode la paz y la concordia, ¿verdad?. Dicen, aún, otra cosa. Exhortan a los «laicos cristianos» para que estén «muy presentes en la sociedad, comprometiéndose en el campo de la política, la cultura, la economía, etc». Efectivamente, es sobre todo trabajo de los laicos, la del compromiso político. Y en la sociedad, la sociedad diversa y plural que es Cataluña, no dentro de los templo.
 
Volvamos a lo que decía. Sospecho que la identificación que algunos quieren hacer de su fe cristiana con la fe independentista, justificada como "servicio al pueblo" ya sus "aspiraciones", tiene mucho de necesidad de ser agradable a las corrientes hegemónicos de este pueblo. Por ejemplo, es muy probable que en Solesona, pongamos, los no independentistas sean tres o cuatro y que por eso su obispo, a quien tanto gusta ir a contracorriente en la mayoría de cosas, quiera ahora hacerse agradable asumiendo la posición mayoritaria de su diócesis como propia. Todo el mundo tiene derecho a querer agradar y salir en las portadas de los medios. Volvamos a los boloñeses de Puigverd.
 
Pero a veces el papel de los servidores de la Iglesia, como hacen tan bien en cuestiones como el aborto, consiste en aguar la fiesta, en pedir prudencia, al hacerse los antipáticos, al recordar el respeto a las minorías y la pluralidad (también política), al renunciar a favor de los laicos (y fuera de la Iglesia o de cualquier adjetivación cristiana) en la toma de posiciones estrictamente políticas, en moderar sus impulsos, en recordar la prioridad por los pobres cuando nos encaterinem en otras cosas. Al ser menos cool, menos guay. En ser incomprendidos. Sin duda, en una sociedad que se polariza, esta opción tan poco transitada es la más difícil y la más necesaria.
_______________
 
 
Fotos: Daniel García Peris / Flickr, Universidad Rammon Llull y CET