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Decir que Dios es misericordioso, que perdona siempre, que ha venido a buscar lo que estaba perdido, es tan real, como es la palabra de Dios. Pero es Él quien perdona, acoge y regenera.

Benedicto XVI –y esto no está en contra de lo que digo arriba, sino en absoluta sintonía- en el tema de abusos de menores, está siendo muy riguroso y está, parece ser, dispuesto a hacer una limpieza a fondo en la Iglesia. Y esto es sin duda signo de la justicia, la misericordia y la compasión de Dios: hacia las víctima, y también hacia los enfermos, degenerados y pervertidos, que siendo sacerdotes y/o religiosos, han traicionado sus compromisos, han traicionado la confianza de las personas, y han profanado el nombre de Dios y la dignidad de las personas, que son el templo del Espíritu, el espacio donde Dios habita.

En los últimos meses se ha oído de todo: Holanda, Alemania, Legionarios. En la última semana, la mierda ha aparecido, se ha destapado o ha comenzado a apestar en nuestra Iglesia de España. Los casos de corrupción y abuso, han salido del armario, ¡mejor, se encontraron en él!

Me causa dolor, repugnancia y mucha compasión hacia las víctimas.

Me gustaría que los obispos sean firmes en las decisiones: que retiren a tales personas corruptas del ministerio, que les den tratamiento psicológico, y que los alejen para siempre del trato con los menores y de la responsabilidad de anunciar el Evangelio. Hay muchas posibilidades para ayudarles, pero desde luego lejos del ejercicio del ministerio.

Me gustaría que sean juzgados sin privilegios ni recomendaciones, porque ser quiénes eran – religiosos o sacerdotes - en este tipo de delitos, es un agravante y nunca un atenuante.

Seguro que una vez descubiertos se lo están pasando mal, y son dignos de lástima, pero la lástima no ha de hacer temblar la mano a quien ha de remediar una situación que ha dejado a muchas personas marcadas, heridas y deshechas para siempre.

En el nombre del Dios de la vida; por el amor que profeso a la Iglesia de Jesús, y por mi amor a las personas, especialmente a los niños, a los pobres, a los más débiles e inocentes, pido que esto no vuelva a ocurrir, y si ocurre: firmeza y si me permiten la expresión, ¡TOLERANCIA CERO! Ya vendrá quien podrá curar y perdonar, pero mientras peregrinamos en este mundo, como Pueblo de Dios, no podemos permitir que haya quienes se aprovechen de sus hermanos y los dejen en la cuneta de la vida. ¡Ay de los que escandalizan a uno de estos is hermanos más pequeños!

Otros, como el caso Toledano, no han podido dismular su incontinecia y su doble vida; sus guarradas y sus estafa a las personas. Sin duda, necesita muchos de éstos necesitan de forma urgente un tratamiento psiquiátrico, y los obispos, padres y pastores les han de acompañar en este proceso de curación, eso si, l¡lejos del ministerio y de la responsabilidad pastoral!

Que Dios les perdone, que sus obispos les ayuden a regenerarse, curarse y enmendarse, y que la Iglesia y la sociedad se vea libre de esta lacra que repugna, rebela y nos hace sentir impotencia, rabia y dolor, ¡mucho dolor!