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Esta misma semana me visitó Fray Pedro Meca, dominico Vasco que pertenece a la provincia de Francia. Ya se barajaba el nombre de Fray Bruno, y Pedro fue generoso y positivo en sus apreciaciones. Hoy, una vez confirmada su elección, no puedo menos que alegrarme, y esta alegría va secundada por buenas noticias que llegan de los cuatro puntos cardinales.

Esta tarde, un hermano de San Juan de Dios, a quien le tocó presidir la Orden hospitalaria, me decía en un mensaje, hablando de la elección de Fray Bruno: “Enhorabuena. No le conozco, pero el hecho de que sea el P. Cadoré un Provincial ya es interesante. El ser francés ya nos sitúa en un tipo de Iglesia concreta a la que admiro y amo. El que venga del campo de la medicina y de la bioética es para nosotros concretamente muy interesante. El mundo hoy exige respuestas en este campo y no siempre estamos en situación de poderlas dar”.

Uno y otro testimonio, me llenaron de optimismo, y quisiera compartir mis reflexiones en torno a esta elección.

Fray Bruno, un hombre de 55 años ha aceptado el reto de hacer camino con sus hermanos y de acompañar al ritmo del Espíritu cuanto éste está suscitando en el corazón de la Orden, en la Iglesia y en el mundo.

Fray Bruno, además de la gracia de Dios que es fiel, cuenta, con el apoyo de toda la Orden y sin duda le avala su rica y densa trayectoria en diversos ámbitos, lo que hace que no sea un novato, sino un hombre de experiencia; un fraile con una muy buena formación teológica y científica –es doctor en medicina y teología-; que además tiene en su haber un buen itinerario como formador y como hombre de gobierno, sin olvidarnos dos aspectos muy ricos de su experiencia y vivencia: su compromiso con los pobres, su paso por Haití y su dedicación profesional al mundo “del Sida” y todo lo que ello conlleva.

Todo esto hará de él un hermano con capacidad para escuchar, con la capacidad para insertarse cordial y efectivamente en las diferentes realidades en las que viven, gozan, sufren y anuncian el Evangelio los hermanos y hermanas. Bruno, con amplitud de miras y con corazón universal, estoy segura nos ayudará a que nuestras casas sean lo que quería Santo Domingo: casas de predicación, casas de misericordia.

Desde hoy damos nuestro apoyo a Bruno, le queremos, y nos disponemos a escuchar junto a él qué nos dice el Espíritu hoy a los hermanos y hermanas predicadores/as.

Necesitamos que el mismo Espíritu que movió a Domingo se mueva a sus anchas en la Orden y nos anime como a los primeros hermanos… Necesitamos también hoy secundar con libertad, libres de ataduras, sus insinuaciones y retos.

Dicen que nadie entendió a Santo Domingo cuando dispersó a los frailes por el mundo enviándolos de dos en dos. Él sabía que el trigo amontonado se pudre, y a los que intentaban disuadirlo les decía: “Dejadme, yo sé muy bien lo que hago”.

Hoy también necesitamos un carismático que acepte el riesgo de lo impensable, que potencie las pequeñas comunidades como células de vida, para que la predicación eche a andar libre de grandes estructuras y ataduras: pobre, a la intemperie, desde la sencillez y la vida partida y compartida…¡como el pan cotidiano!

Que Bruno, como Domingo, escuche al Espíritu, y en esta escucha se sienta acompañado y arropado por sus hermanos y hermanas. Que la Orden hoy, como el día de Pentecostés, sin miedo, salga a anunciar con la Vida que el Reino ya ha llegado, que la salvación es gratuita y ES para todos, y que ¡ya estamos salvados!

Gracias, Bruno por tu sí. Cuenta con tus hermanos y hermanas.

Hoy ha comenzado una nueva etapa en la vida de la Orden: Una etapa de vitalidad y de compromiso; una etapa fecunda en la que la alegría y la paz, han de sostenernos. Una etapa sin miedos, dogmatismos y fiscalizaciones. Una etapa en la que la vida y la confianza, la fraternidad distendida y cordial, serán nuestro hábitat y en la que la comunión será indisoluble.

Gracias Bruno, y que Domingo te haga ser fiel a la “loca libertad del Espíritu”.