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Sí, se trata de la primera vez que alguien tiene la osadía de faltar al respeto a una tradición eclesial de toda la vida, al atreverse a adaptar una encíclica papal para hacerla asequible a los jóvenes. Que se sepa, esta ha sido la primera vez que se ha hecho, con el riesgo que ello comporta. Pero también ha sido la primera vez que un Papa ha escrito una encíclica que trata de una cuestión de rabiosa actualidad que interesa y afecta a todos los seres humanos, sin distinciones por razón de raza, pueblo, religión, situación social o edad. El papa Francisco ya está acostumbrado a romper tradiciones, y todavía tendrá que romper algunas más en los años de pontificado que le queden.

Es evidente: el papa Francisco redactó la encíclica Laudato si’ con el deseo de transmitir unos mensajes que él quería que llegasen a toda la humanidad, sin dar por supuesta ninguna creencia religiosa y sin disimular su condición cristiana. Lo ha expresado muy claramente: «Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Se trata de un encuentro que debe incluir a todos, porque el desafío medioambiental que afrontamos, y sus raíces humanas, conciernen a todos y afectan a todos» [14]. Cuando dice todos, quiere decir todos, no solo los adultos. Lo ha escrito en el párrafo anterior: «También los jóvenes reclaman un cambio. Se preguntan cómo es posible que pretendamos construir un futuro mejor sin pensar en la crisis de nuestro entorno y en el sufrimiento de los excluidos» [13].

Esta era la cuestión que nos interpelaba: ¿Cómo lograr que una encíclica cuyo contenido interesa a todos sea de fácil lectura y comprensión por parte de los jóvenes, creyentes y no creyentes? ¿Sería posible adecuar el lenguaje de tal modo que suscitase el interés de los jóvenes y les invitara a hacer objeto de debate las ideas que en ella se exponen?

Pero ¿quiénes éramos nosotros para atrevernos a modificar el lenguaje y el estilo de la Carta encíclica del papa Francisco? La disipación de esta duda comportó consultas a personas que nos perecían toda nuestra confianza. Sus respuestas fueron coincidentes: «Hacedlo».

Y lo hemos hecho. Un trabajo en equipo por parte de seis personas, con experiencias diversas en el mundo de los jóvenes, lo ha hecho posible. Al terminar, todos hemos manifestado nuestra satisfacción por la experiencia vivida. Nos ha enriquecido mucho más que lo que imaginamos al iniciar la tarea que nos habíamos propuesto realizar.  

Nuestro trabajo ha requerido algo más de seis meses, y el resultado ya ha sido publicado por la editorial edebé. Es un libro con este título: Carta del PAPA FRANCISCO — ECOLOGÍA INTEGRAL. Y un subtítulo que explicita su finalidad: LECTURA de la encíclica Laudato si’ con JÓVENES.

Que el Prólogo de este libro haya sido escrito por el arzobispo Juan José Omella es garantía de fidelidad al mensaje del papa Francisco. Él se habrá alegrado al recibirlo. Y estamos seguros de una cosa: muchos jóvenes conocerán y comprenderán su mensaje gracias a nuestra osadía.