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El capítulo undécimo del evangelio de Mateo se inicia con la visita que hacen a Jesús los enviados de Juan Bautista; estos le hacen la pregunta clave: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?". La identidad de Jesús es una cuestión clave no sólo en este capítulo, sino en la totalidad del evangelio. Este domingo leeremos los últimos versículos de este capítulo (Mt 11,25-30); se agrupan varias dichos sobre Jesús que, si algún denominador común tienen, es mostrar a Jesús como un maestro de sabiduría. El lenguaje es muy diferente al de la apocalíptica, lejos, por tanto, de tremendismos y efectos espectaculares. Los versículos 25 y 26 son una alabanza dirigida a Dios por el hecho de revelar los sencillos lo que ha sido escondido a los sabios; el versículo 27 es una exclamación - oración con que Jesús agradece a Dios, el Padre, la confianza que le ha depositado; los versículos 28 -30 recogen la invitación a someterse al yugo de Jesús.

En la primera parte aparecen dos grupos bien contrastados: En los sencillos hay que ver a la pequeña comunidad de Mateo, ubicada en la ciudad de Antioquia, y que, siguiendo la llamada de Jesús, vive enfrentada a la prepotente sinagoga local con quien ha roto cualquier atadura y en tensión a los valores ideología y sabiduría que impone el imperio dominante; por extensión, los pequeños son los marginados, los despreciados por el poder y la sociedad, los frágiles, los débiles. Los sabios y entendidos son la élite religiosa y política, centrada sólo en la defensa de sus intereses, es incapaz de reconocer que Jesús es el enviado con capacidad para revelar el proyecto liberador de Dios. Ellos son los que el mundo ha reconocido como sabios pero son incapaces de reconocer los caminos de Dios.

En la segunda parte, vemos cómo Jesús se presenta como la revelación del Padre. Cuando dice que el Padre lo ha puesto todo en mis manos, significa que Dios ha autorizado Jesús como su enviado a fin de revelar su proyecto liberador. Después de la destrucción de Jerusalén por los romanos, los sabios rabinos judíos buscaban en Moisés, la Torá y sus libros una explicación de aquel desastre. Los romanos también tenían rituales de revelaciones divinas. El conocimiento de Jesús no se vale de estos sistemas, ni proviene de mensajes de ángeles, sueños o visiones, sino que tiene su origen en una estrecha relación con Dios, el Padre. Lo que pretende el versículo es afirmar que la revelación auténtica y definitiva de los planes de Dios ha tenido lugar en Jesús. No hay que buscar otro camino de revelación.

Venid a mí es una llamada a formar parte del grupo de Jesús. Así comienza la tercera parte. En el texto resuena la llamada que hace la sabiduría: "Venid a mí gente sin experiencia. A los que no teneis cordura os digo: Venid a comer mi pan "(Pr 9,4s). Jesús, sabiduría de Dios hace su llamada. Los cansados y fatigados no son tanto los agobiados por el cumplimiento de los preceptos de la Ley, sino los que soportan el duro trabajo, sometidos a unas estructuras políticas y socioeconómicas injustas impuestas por el dominio imperial romano y los que lo apoyan.

Jesús propone aceptar su yugo. Los rabinos hablaban a menudo del yugo de la Ley (Aboth 3,5), pero siempre en forma de alabanza para aceptar el yugo de la Ley evitaba la sumisión a otros yugos de los poderes mundanos. Jesús no promete liberarse de cualquier tipo de yugo sino que invita a aceptar el suyo, diferente de otros yugos, incluso el de la Ley que, por su complejidad, se había convertido en una carga insoportable (Mt 23,4 ). El yugo de Jesús es suave, es decir, no hace daño. Un yugo bien distribuido reparte la carga equitativamente y hace el trabajo más fácil. El yugo hace que dos bueyes trabajen juntos, unidos. Si Jesús invita a aceptar su yugo es que nos quiere unidos a él en el trabajo de la construcción del Reino.

Domingo 14 durante el año 5 de Julio de 2020