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La parábola del juez y la viuda con la subsiguiente conclusión (Lc 18,1-8) la leemos en el evangelio de este domingo. Los versículos de la lectura litúrgica dedicados al comentario de la parábola son los que presentan mayor dificultad. Dice el texto: "Y el Señor añadió: fijaos en lo que dice el juez injusto" (v.6). Lucas lleva a que Jesús haga hablar al juez y que sea éste quien saque la conclusión de la parábola. No habría sido más sencillo que hubiera sido el propio Jesús, con la autoridad de su enseñanza, el que hubiese sacado la conclusión? ¿Cómo es que un juez, que no tiene temor de Dios se ponga, de repente, a hablar correctamente sobre el actuar de Dios? ¿Qué es lo que ha pasado?.

La reflexión interior (vv. 4b.5) que realiza el propio juez juega un papel detonante. No es la única vez que Lucas utiliza esta estrategia narrativa. Lo vemos en la parábola del hijo pródigo (15,11-32). Fijémonos como este lleva a cabo una reflexión que será el motor del cambio y el punto de partida hacia la casa del padre. Este hablar consigo mismo, que está en el origen de un determinado comportamiento se halla en la parábola del administrador astuto (16,1-7, leída hace pocos domingos) y en la del rico insensato (12,16- 21), si bien en ambos casos las actuaciones del administrador y del rico no acaban positivamente como las del hijo pródigo y el juez injusto.

La reflexión del juez le llevará a hacer justicia a la viuda y hablar correctamente de Dios. Hacer justicia a la viuda lo pone en sintonía con el actuar de Dios. Así se dice en los salmos: "Dios es padre de los huérfanos, defensor de las viudas" (68,6); "Hace justicia a los oprimidos .... mantiene las viudas y los huérfanos" (146,9).

En el calificativo de injusto dedicado al juez se concentra la enseñanza de la parábola. Marcando las diferencias -el juez es injusto, mientras que Dios es en esencia el justo- el juez es una representación simbólica de Dios. Ambos juzgan, ambos terminan escuchando el ruego de una viuda. Practicar la justicia define una de las características más peculiar del actuar de Dios "El Señor el Dios que hace justicia" (Jr 51,56); "Dios de justicia, Señor, Dios de justicia, resplandece!" (Sal 94,1) .Pero, a diferencia del juez que retrasa el ejercicio de la justicia, Dios actúa con prontitud, sin hacerse esperar.

La viuda es imagen del Israel pobre que espera la intervención de Dios, concretada con la práctica de la justicia. Cuando surgen las nuevas comunidades cristianas, las viudas tipifican los más necesitados de la comunidad. Son la imagen de la comunidad pobre que ruega y pide el favor de Dios. Las comunidades cristianas incipientes viven una sensación de ausencia de Dios y una situación de desamparo similar a las viudas de Israel, por eso comunidades y viudas son comparables.

"El Hijo del Hombre cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra? (V.8). La pregunta contempla la posibilidad del fracaso de la fe. Quizá la pregunta quedaría mejor situada  después de la instrucción sobre la venida del Reino (17,35). Aquí hay que ponerla en relación con el versículo 1 que pide insistencia en la oración. Insistencia que no debe desfallecer sobre todo si el retorno de Jesús se hace esperar.

La parábola establece una intrínseca correspondencia entre fe y oración. No se aguantan una sin la otra. La fe de la comunidad aguantará hasta el retorno de Jesús con el clamor de día y noche de los elegidos y la oración de la viuda brota del profundo convencimiento de que un día u otro se hará justicia.

Domingo 29 durante el año 16 de Octubre de 2016