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Volvemos a la lectura continuada del evangelio de Lucas. Este domingo leemos el conocido relato de la resurrección del hijo de la viuda de Naim (7,11-17). El texto permite ser leído desde muchas ópticas: el estudio en sí del milagro, la dimensión social del gesto de Jesús, la condición desfavorable de la mujer en aquellos tiempos ... No obstante, en el texto hay tres expresiones que bueno es no pasar por alto: Jesús se compadeció y las frases que ponen de manifiesto la reacción de quienes contemplan el milagro.
La mujer no pide nada, ni los discípulos, ni la gente. Jesús se compadece de la mujer. Actúa por propia iniciativa, de tal manera que la compasión se convierte en el único motivo que anima Jesús a hacer el milagro. Splanchnixomai es uno de los verbos griegos con que la Biblia de los LXX traduce el verbo hebreo raham. Este verbo está vinculado con el sustantivo rehem que significa vientre, entraña. De aquí parte el significado simbólico del verbo raham. La protección maternal que ofrece la madre al futuro hijo que va a nacer sirve comparativamente para describir la protección, cuidado y amor que Dios tiene con su pueblo de Israel. "El Señor se compadeció y tuvo misericordia ... no los quiso alejar de su presencia" (2 Re 13,23); La compasión define las relaciones de Dios con su pueblo Israel: Ex 33,19; Is 14,1; 30,18. Es lo que mueve a Dios a fin de devolver el pueblo de Israel a su tierra y caracteriza las nuevas relaciones entre Dios y su pueblo después del exilio (Ez 39,25). La compasión es entendida como una cualidad de Dios, define el modo de ser de Dios: "El Señor es compasivo" (Sal 145,8); también 103,13; 116,15; Is 55,7. Cuando Jesús se compadece actúa con la misma forma del actuar de Dios hacia Israel. La mujer es la figura del Israel que sólo ha sido capaz de producir frutos de muerte. Urge una revitalización sin demora.
"Un gran profeta ha surgido entre nosotros" (v. 16). Se cumple la previsión del Deuteronomio: "El Señor ... hará que ... se levante un profeta como yo, Escuchadle" (18,15). Aceptar a Jesús como un profeta no es lo mismo que reconocerlo como muerto y resucitado. Lo vemos en los discípulos de Emaús (Lc 24,19.31). La aceptación de Jesús como profeta no es universal. En el mismo capítulo 7, el fariseo que invita a Jesús a comer con él, pensará que Jesús no es un profeta (7,39). Jesús, en Nazaret, se ha sentido un profeta rechazado (Lc 4,24). Su muerte en la cruz no será otra cosa que la muerte del profeta desacreditado que se ha negado a dar pruebas espectaculares de que su hablar proviene de Dios tal como requerían sus adversarios. Con cuánta razón decía: Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas (Lc 13,34).
"Dios ha visitado a su pueblo" (v.16). Resuenan aquí las palabras del cántico de Zacarías (Lc 1,68-79) "El Señor, Dios de Israel ha visitado a su pueblo" y "nos visitará el sol que nace de lo alto" . En lenguaje del Antiguo Testamento, visitar, cuando traduce el verbo hebreo paqad, tiene un doble significado. Dios puede visitar en el sentido de presentarse para rendir cuentas. Es este el sentido que tiene en Oseas 4,9 pero puede tener su sentido positivo Se encuentra en: Rut 1,6: "El Señor visitó a su pueblo" o en el deseo del salmo 106,4: "Por el amor que tienes a tu pueblo ... visítanos, ven a salvarnos ". Jeremías expresará el restablecimiento después del exilio en forma de visita (29,10) .En este sentido positivo visitar es equivalente a salvar. La esperada visita de Dios, recordada por Zacarías, se hace realidad en Jesús que, resucitando al hijo de la viuda, levanta a los que están en las sombras de la muerte.
Domingo 10 durante el año. 5 de Junio ​​de 2016