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Todos los relatos de los evangelios que narran la crucifixión y muerte de Jesús informan que Jesús fue crucificado junto con otros dos condenados. Sólo Lucas, cuyo relato leemos este domingo (Lc 22,14-23,56), amplifica esta información y recoge las palabras que los crucificados dirigen a Jesús, las que tienen entre sí y la respuesta de Jesús a uno de ellos.

El hecho de ser tres los crucificados podría hacer pensar que se trata de la representación de un colectivo más amplio que habría participado en una revuelta contra los romanos de características mesiánicas (había muchas por aquel entonces) y que los romanos habrían sofocado con contundencia enviando a la cruz a los más destacados responsables. El letrero en la cruz de Jesús es, en este sentido, bastante significativo: “El rey de los judíos es éste”. El mensaje por parte de los romanos es bastante claro, mirad que les pasa a quienes quieren desafiar el poder de Roma. Los datos para pensar que históricamente las cosas fueron así son débiles y la tradición cristiana ha sido reacia a ver los hechos de esta manera.

Además de esto, recordemos que Lucas se vale en este pasaje de un recurso muy usado en su obra consistente en la construcción de un díptico para exponer dos formas de pensar contrapuestas ante el hecho de la muerte de Jesús. Es evidente que la escena reproduce la tentación de Jesús vivida en el desierto (Lc 4,1-13). Allí el diablo decía a Jesús, si eres el Hijo de Dios presionándolo a fin de que utilizara sus poderes mesiánicos en beneficio propio y abdicase de un tipo mesianismo acorde con el proyecto de Dios. Aquí uno de los crucificados dice a Jesús: “¿No eres el Mesías? ¡Pues sálvate a ti mismo y a nosotros!” No se sabe que podía esperar de Jesús; tal vez que vinieran componentes del movimiento sedicioso a desclavarlos de la cruz. Lo que sí es cierto es que el crucificado quiere que Jesús se valga de sus poderes mesiánicos y milagrosamente se desclave de la cruz dejando boquiabiertos a todos sus contrincantes desde Pilato hasta los verdugos y la gente pasando por los sumos sacerdotes. El crucificado espera de Jesús un espectacular mesianismo diametralmente opuesto al tipo de mesianismo que ha aceptado Jesús.

Tres veces (guardia del templo 22,63-65, la tropa de Herodes 23,11, en la cruz 23,35-43) Jesús es objeto de burlas en el relato de la pasión. La tercera, la que se produce estando Jesús en la cruz, puede decirse que no termina mal porque el segundo de los crucificados reconoce la inocencia de Jesús. Él es el justo perseguido y condenado injustamente y el que hace realidad palpable lo que los salmos describen de forma genérica (Sl 22).

De las palabras de Jesús llama la atención la mención del paraíso, palabra que no aparece nunca en los evangelios y en el Nuevo Testamento tan sólo en 2 Co 12,4 y Ap 2,7. Paraíso proviene del término persa “pairidaêza” que traducido al griego se convierte en “paradeísos” Para los persas era un lugar cerrado, un jardín o un parque donde el rey descansaba y practicaba la cacería. El libro del Génesis dice que el Señor Dios plantó un jardín (“gan” en hebreo”) en el Eden (Gn 2,8). La traducción griega de los LXX tradujeron el término hebreo "gan" por término griego "paradeisos", en castellano paraíso. Algún texto de la literatura judía apocalíptica y extra bíblica habla del paraíso como lugar de bondad con árboles de todo tipo y también el lugar reservado a los justos que en la vida han soportado calamidades (2 Hen 7).

Según Génesis (el primer lugar donde aparece el término y esto para interpretación tiene su importancia) la ley ha hecho al ser humano desmerecedor del jardín y por eso han quedado cerradas sus puertas. La muerte de Jesús deshace la maldición de Génesis e inaugura una nueva situación en la existencia de la persona humana. Las puertas del paraíso han vuelto a abrirse.

Domingo de Ram 10 de Abril de 2022