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Un pequeño fragmento del cuarto canto del siervo del Señor (Is 53,10-11) lo leemos en la primera lectura de este domingo. El texto escogido está centrado en el sufrimiento del sirviente que deviene fuente de beneficio para muchos otros.

El tema del sufrimiento o la muerte del justo que ahorra el sufrimiento o la muerte de otros se encuentra en algunos pasajes de la Escritura. Los primeros cristianos, sobre todo Pablo, se valieron de él para explicar el valor y sentido de la muerte de Jesús. Encontramos el tema en el libro del Génesis (22,1-19) en el relato del sacrificio de Isaac donde un carnero muere en vez de Isaac. La sangre del cordero comido la noche de pascua libera a los israelitas de la plaga exterminadora (Ex 12,12-14). La sangre del novillo y el macho cabrío ofrecida en sacrificio libera del pecado Israel (Lv 16,27). Todos los ejemplos tienen en común una muerte que reporta un beneficio.

El sufrimiento o la muerte por sustitución (muerte vicaria) son por definición beneficiosos y se convierten en el detonante de la salvación de otros ahorrándoles la desgracia y asegurando el fin de una calamidad. La muerte vicaria no es una pura casualidad y tiene un componente de aceptación por parte del que sufre y se podría decir que está prevista intencionadamente antes de que ocurra una situación que pondría en peligro la comunidad. El que sufre asume su destino, su sufrimiento es la condición necesaria para conseguir la victoria ante la posibilidad de una guerra, peste o cualquier desgracia que amenace a una persona o una colectividad.

La noción de que la muerte de un individuo puede ser beneficiosa para otra persona, comunidad o la sociedad entera por ser liberadora de un peligro inminente y real aparece muchas veces en la literatura griega y romana, con una presencia notable en las tragedias de Eurípides. Ifigenia decide libremente ofrecerse por los demás. Su muerte hará posible el viaje de la flota griega y así asegurar la navegación que permitirá la victoria sobre Troya y la salvación de Grecia. Alcestis se dispone a morir voluntariamente a fin de salvar su esposo Admeto de la muerte. Heródoto explica el caso de dos jóvenes nobles, Espertias y Buli, que se ofrecen voluntariamente expiar ante Jerjes el asesinato de dos mensajeros de Darío asesinados a Esparta. Licurgo afirma que era muy grande la nobleza de los reyes de antes que preferían morir por la salvación de sus súbditos que no huir a otro país resguardando así sus vidas. En el Menexeno de Platón, Aspasia alaba los hombres valientes que han aceptado la muerte a cambio de la salvación de los vivos. Dión Casio explica que el emperador Otón dijo a sus soldados: "Es mejor y más justo que uno solo perezca por todos que no muchos perezcan por uno solo"

Los ejemplos aportados favorecen que la idea del sacrificio por sustitución o la muerte vicaria fuera admitida tanto por el judaísmo como el cristianismo, ella actuó de marco cultural que ayudó a su utilización como también de la difusión, captación y aceptación por parte de los destinatarios.

Es cierto que entre los escritos griegos y los textos judíos y cristianos que hablan de la muerte vicaria hay una distancia cultural y temporal que no se puede pasar por alto, pero es de suponer que la influencia de algunos escritos se mantuvo e hizo posible un poso cultural que mantuvo viva la idea.

La presentación de la muerte de Jesús como una muerte expiatoria habría sido un fenómeno aterrador y en última instancia ininteligible si no hubiera esta por la existencia de un contexto cultural que lo hacía comprensible y admisible.

Domingo 29 durante el año. 17 de Octubre de 2021