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La traducción griega de los Setenta nos ha legado un conjunto de libros que no forman parte de los 39 libros canónicos de la Escritura hebrea. Se les da el calificativo de "deuterocanónicos". Entre ellos está el Sirácida o Eclesiástico. Un fragmento de este libro lo leemos en la primera lectura de este domingo: Sir 3,17-18.20.28-29. El Sirácida es un abanico de proverbios, sentencias, y reflexiones morales. Es difícil delimitar estructuras organizativas en esta síntesis sapiencial.

Hacia el año 190 aC., probablemente en Jerusalén, Jesús ben Sira redacta en hebreo una gran recopilación del pensamiento de los sabios de Israel que nos informa sobre la vida cotidiana, religiosa y espiritual del judaísmo de la época seléucida (es decir, los años en que mandan este gobernantes: 200-142 aC.). Este primer texto fue muy apreciado en los ambiente judíos de la época. Tal y como lo tenemos en nuestras biblias, el libro ha sido objeto de múltiples modificaciones y ampliaciones.

En los versículos escogidos para la lectura litúrgica encontramos dos temas: la humildad y la meditación acompañada del saber escuchar. "Cuanto más importante seas, más humilde debes ser" (v.18). El término humilde traduce una palabra hebrea cuya raíz es hn' (ani). Esta raíz nos pone en conexión con un tema estrella del Antiguo Testamento el de la pobreza y su paralelo, la humildad. En un primer nivel el término se refiere a una situación social de pobreza y opresión. El pobre es el que está bajo los efectos, momentáneamente o permanentemente, de una miseria provocada por la pobreza económica, la enfermedad, la cárcel, la opresión. Pobres son aquellos que no gozan de derechos en Israel: el huérfano, la viuda, el hambriento, el oprimido, el desamparado. Viven bajo el común denominador de ser víctimas de la opresión social que les pisa. (Is 3,14-15; Am 2,7; 8,4) .Pobre es lo que ha sido socialmente humillado, de ahí la sintonía entre pobreza y humildad.

"El Señor escucha a los pobres" dice el salmo 69,34 y " se levanta a salvar a todos los humildes de la tierra" (Sal 76,10). Los pobres del Antiguo Testamento no son simplemente pobres, sino que se han convertido en los pobres del Señor. "Tú eres el Dios de los humildes, el auxilio de los débiles, el defensor de los débiles, el protector de los rechazados, el salvador de los que han perdido toda esperanza" dirá el libro de Judit (9,11). El hecho de que Dios esté de parte del miserables y los pequeños lleva a pensar que la humildad es deseable y lleva a la vida verdadera (Pr 22,4) y esto hace que, con el tiempo, la humildad describa una actitud humana positiva. Será en la época de después del exilio que la humildad sea considerada una actitud básica de la piedad de la religión judía que afecta al comportamiento hacia Dios y hacia los seres humanos.
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El profeta Sofonías es el que expresa con más convencimiento este giro. Él se dirige a la gente sin importancia, ignorada y marginada. Esta gente es la que está en condiciones de percibir la llamada profética: "Buscad al Señor vosotros, todos los humildes del país, que cumple sus preceptos. Busque la bondad, busque la humildad. Quizá así quedaréis protegidos el día de la enojo del Señor "(Sof 2,3).

Preocupado por saber cuál es la auténtica sabiduría (Sir 1,1) el autor del Sirácida da a entender que el humilde es un auténtico sabio porque una manera de manifestar la grandeza humana está en la humildad.

Domingo 22 durante el año 28 de Agosto de 2016