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Estudios recientes sobre el evangelio de Marcos defienden que este evangelista habría elaborado una primera redacción de su evangelio entorno el año 40 en Jerusalén. Esta redacción, de texto más corto, se amplió con dos posteriores redacciones que han conformado el texto de Marcos tal como lo tenemos ahora. Pieza fundamental de este evangelio es el relato de la pasión, que toca leer en el domingo de Ramos de este año (Mc 14,1 a 15,47). Texto largo, del que se pueden decir muchas cosas. Nos fijaremos en algunas.
Partiendo del principio de que ningún detalle de los evangelios es superfluo, cabe preguntarse qué papel juega el hecho de que Jesús envíe dos discípulos a preparar la Pascua, siguiendo un hombre que lleva un cántaro de agua (14,13-16). No era nada normal, en aquella época, que un hombre llevara un cántaro de agua, porque era un trabajo de mujeres. Este hecho despierta forzosamente la atención del lector y se presta más a una interpretación simbólica que histórica. Los discípulos preguntan a Jesús donde quiere que preparen la Pascua. Evidentemente hablan de la Pascua, que recuerda la salida de Egipto, echo emblemático que liga con la reivindicación de Israel frente a las naciones paganas. Pero cuando Jesús hable de "su estancia con sus discípulos para comer la Pascua" se refiere claramente a su Pascua, la nueva Pascua, que no va ligada a las pretensiones históricas de Israel.
El hombre del cántaro de agua es una figura simbólica que evoca Juan Bautista, el único personaje del evangelio de Marcos relacionado con el agua. Si el seguimiento a Juan deviene decisivo para seguir a Jesús, ahora el seguimiento al hombre del cántaro será decisivo para acceder a la nueva Pascua, la Pascua de Jesús. El bautismo, simbolizado por el agua, será la señal del cambio. Si los discípulos se mantienen aferrados a la antigua mentalidad del judaísmo, si no cambian, si no siguen el hombre, no llegarán a participar de la Pascua de Jesús.
Otro detalle que enriquece notablemente, cuando se interpreta simbólicamente, es el reparto de los  vestidos (15,24). El sorteo de los vevestidos es una clara referencia al salmo 22: "Se repartieron mis vestidos, echan a suertes mi túnica" (22,19). El vestido de Jesús se convierte en imagen de su Reino, atendiendo a lo que dice 1Sa 15,27-28, cuando Saúl, rechazado como rey, arranca una punta del manto de Samuel: "El Señor te ha arrancado hoy el reino de Israel y lo ha dado a otro más digno que tú ". El reino de Jesús es tomado de Israel y entregado a los paganos representados aquí por los soldados romanos. Además de lo dicho, el vestido de Jesús tiene la capacidad de comunicar la vida, su Espíritu. La mujer con hemorragias quiere tocar el vestido de Jesús (5,27-30), los enfermos quieren tocar el borde de su vestido (6,56). En un pasaje del Antiguo Testamento vemos como Eliseo recoge el vestido de Elías, forma simbólica de expresar - como dice el mismo texto- que el espíritu de Elías se transmite a Eliseo (2Re 2,13). Los vestidos de Jesús, el fruto de su persona, su Espíritu pasa a ser heredado por los paganos.
Aunando los dos ejemplos, vemos como Marcos invita a seguir a Jesús hacia su Pascua, no la que recuerda la liberación de Egipto, sino aquella que rompe todos los esquemas obsoletos para poder entregar su vida, su Espíritu sin barreras de ningún tipo para que pueda llegar a hombres y mujeres de todo el mundo y de la historia.
 

Domingo de Ramos. 29 de Marzo de 2015