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Ni los escritos de Pablo, ni los evangelios sinópticos atribuyen a Jesús ninguna designación o función sacerdotal. Jesús no perteneció a ninguna familia de sacerdotes ni ejerció ninguna de las funciones de los sacerdotes judíos de su época, a pesar de todo esto, la carta a los Hebreos en el texto (He 7,23-28) que leemos en la segunda lectura de 'este domingo atribuye a Jesús la dignidad, la función y la categoría sacerdotal. En el texto se afirma con toda claridad que Jesús es sacerdote.

Antes de hablar del sacerdocio de Jesús puede ser bueno tener en cuenta algunas consideraciones generales sobre la carta a los Hebreos. Este escrito del Nuevo Testamento es propiamente un sermón dirigido a unos cristianos que corren el peligro de abandonar la fe debido a la existencia de algunas persecuciones o a una crisis interna de la fe que lleva a la desgana religiosa. Seguramente están decepcionados porque añoran la grandiosidad del culto de la antigua religiosidad judía. El templo ha sido destruido, se acabaron los esplendorosos sacrificios que en él se hacían. Con el sermón, el autor quiere persuadir a sus destinatarios que la añoranza del viejo judaísmo no tiene fundamento; propone entender bien la persona y la misión de Jesús que es mejor y superior a cualquiera de los sacerdotes antiguos. Él ha sustituido la vieja y obsoleta alianza por una nueva, definitivamente eficaz y los viejos sacrificios han sido sustituidos por un nuevo sacrificio único y eficaz: su muerte y su resurrección.

¿Por qué el autor de Hebreos ve en Jesús la figura de un gran sacerdote? Observando la historia del pueblo de Israel se puede comprobar que el comportamiento de los sacerdotes no siempre fue ejemplar. Este hecho explica las protestas de los profetas que denunciaban estos malos comportamientos (Jr 23,11; Ez 22,26; Os 4,9.14; 6,9; Mi 3,11; So1,4; Ml 1,6.9; 2,8) . De ahí que surgiera la esperanza del advenimiento para los últimos tiempos de un sacerdote perfecto y este no es otro que Jesús mismo. El mal comportamiento de la clase sacerdotal no podía ser un impedimento para el cumplimiento de las promesas mesiánicas por parte de Dios y entre ellas tenía su papel la mediación sacerdotal y por ello se mantenía la esperanza en el advenimiento de un sacerdote que no fuera como los demás.

De todas las funciones sacerdotales la que mejor explica el sacerdocio de Jesús es la mediación. Los pueblos antiguos comprendían muy bien la dificultad de las relaciones entre la divinidad y el ser humano. Tenían un sentimiento muy acusado de la enorme distancia que separa al hombre de Dios. Como podía un ser débil y miserable entrar en contacto con la grandeza incalculable de Dios tres veces santo?. El pueblo no tenía la santidad necesaria para acercarse a Dios. Entre la grandeza de la vida de Dios y la fragilidad de su propia existencia del ser humano se da cuenta de una diferencia insalvable y reconoce que su relación con Dios no es posible sin una transformación radical de su ser que le permita pasar del nivel profano al nivel sagrado. Será el sacerdote que separado del mundo terrenal mediante una consagración entrará a formar parte del ámbito de lo sagrado. Esta capacidad y perfección Jesús las tiene con toda propiedad.

Jesús es el Hijo de Dios y al mismo tiempo verdaderamente hombre y por ser el Hombre-Dios es el mejor mediador posible entre Dios y la humanidad. La íntima relación con Dios y a la vez el hecho de formar parte de la especie humana, acreditado ante Dios y solidario con los seres humanos, son la base de su pontificado mediador. Más que Moisés, el máximo exponente de la mediación ante Dios en el Antiguo Testamento, Jesús es el mediador más acreditado. Con la muerte comparte la condición humana y Dios escucha su clamor y acoge la ofrenda de su muerte transformándola en triunfo, en resurrección. Dios hace de esta muerte y resurrección causa de salvación y así Jesús convierte sacerdote que salva toda la humanidad.

Domingo 31 durante el año. 31 de Octubre de 2021