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La primera lectura que leemos el domingo 2º de Navidad es un fragmento del libro que en hebreo lleva el título de “Sabiduría de Jesús hijo de Eleazar hijo de Sira” (Sir 24,1-2. 8-12), también conocido como libro de la Sabiduría de Ben Sira. En la Biblia Catalana Interconfesional (BCI) aparece con el nombre de Sirácida. Durante mucho tiempo en las versiones latinas fue conocido como Eclesiástico, nombre dado por los primeros cristianos para distinguirse de la sinagoga y por el uso que se hacía en las iglesias – comunidades. Es uno de los libros más largos de la Biblia y lo que seguro se sabe es quién es su autor. Hacia el final de la obra afirma con toda claridad: "Lo ha redactado Jesús hijo de Sira y nieto de Eleazar de Jerusalén" (50,27).

Este sabio vivió entre finales del siglo III y principios del siglo II aC. y, tal y como se afirma en el prólogo del traductor griego, dedicó la vida al estudio de la Ley, los Profetas y los Escritos y llegó a ser un escriba y un maestro muy respetado que regentaba una escuela por chicos judíos. Su libro no tuvo éxito y, resultado de luchas entre partidos judíos, el libro resultó dañado y no entró a formar parte de la Escritura hebrea porque fue rechazado por los fariseos, precursores de los rabinos que crearon el canon hebreo. El libro se conservó en la traducción griega de los Setenta.

El texto que leemos hoy forma parte de un magnífico poema que es un elogio a la sabiduría. Inspirado en un poema conservado en el libro de los Proverbios, es considerado uno de los textos más bellos de todo el Sirácida. El poema comienza con una breve introducción a lo que será el discurso de la Sabiduría (vv. 1-2 que les leemos en la lectura de hoy), sigue el gran parlamento de la Sabiduría (vv. 3-22 de los que leemos los versículos del 8 al 12); sigue la interpretación que el propio Jesús hijo de Sira hace de las palabras pronunciadas por la Sabiduría (vv. 23-39) y los últimos versículos (vv.30-34) están dedicados a describir el papel que el sabio se ha auto asignado.

En el texto de Proverbios (8,1-3) la Sabiduría "levanta la voz arriba las alturas, ... se planta en el cruce de los caminos, proclama junto a las puertas de acceso a la ciudad". En el Sirácida, sin embargo, la Sabiduría toma la palabra en el templo, durante una asamblea litúrgica donde está reunida la comunidad de los fieles. La Sabiduría personificada hablará esencialmente de sí misma y de las buenas acciones que ha realizado en favor de quienes se dirige, es decir, toda la comunidad de los creyentes.

A qué responde el paso de un espacio más universal a un espacio más concreto y especificado cómo es la asamblea del pueblo de Israel. El v. 8 lo explica claramente: la Sabiduría recibe la orden del creador de establecer su vivienda entre los descendientes de Jacob y tome Israel como heredad. La Sabiduría se dirige a Israel porque según el autor del Sirácida la sabiduría se identifica con la Torá, la Ley de Israel: “Toda sabiduría consiste en venerar al Señor, y sólo hay sabiduría cuando se cumple la Ley” I para reforzar esta identificación entre Sabiduría y Torá, la Sabiduría describe su origen divino porque en los escritos rabínicos Dios consultó a la Torá y creó el mundo (GnR 1,1). Sabiduría y Torá existen ambas, pues, antes de la creación del mundo.

El texto presenta la Sabiduría establecida en la montaña de Sión, reposa en la ciudad de Jerusalén, ha arraigado en un pueblo glorioso. La mención de la tienda es en una referencia implícita del templo. La Sabiduría por querer de Dios se ha hecho presente en el corazón de la religiosidad de Israel, el lugar emblemático que define la singularidad de Israel frente a los demás pueblos. Desde este lugar la Sabiduría ejerce su poder, es decir, no sólo marca las pautas de comportamiento moral para el pueblo, no sólo eso sino que señala las normas del verdadero culto al Señor y su enseñanza lleva implícita el cumplimiento integral de la Ley con toda su plenitud e intensidad.

Domingo 2o. de Navidad. 2 de Enero de 2022