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Después del envío de los Doce, se puede considerar que la misión ha sido un éxito: han predicado la conversión, han expulsado demonios y han curado a la gente; los doce han cumplido su misión, a pesar de los buenos resultados, el conjunto del pueblo de Israel no se ha convertido, el ideal de la implantación de las 12 tribus no se ha cumplido y el Reino de Dios aún no ha llegado . Es necesario que la misión continúe, indicativo de que las comunidades cristianas tienen el encargo permanente de proclamar la buena nueva de Jesús y poner en marcha la realización de su proyecto. Leemos en el evangelio de hoy los versículos dedicados al regreso de los doce (Mc 6, 30-34).

En medio del envío y el relato del regreso, el evangelio de Marcos incorpora la opinión de Herodes sobre Jesús y el relato de la muerte de Juan Bautista. Cabe decir que ninguno de estos dos hechos interrumpe la misión de los doce, pero no se puede descartar que la opinión de Herodes y la muerte del Bautista impactan sobre los doce y en cierto modo el ir a un lugar despoblado representa tomar precauciones ante un peligro nada despreciable. La inclusión de la muerte de Juan en medio de la misión quiere advertir a las comunidades cristianas que la predicación no está exenta de peligros y dificultades.

Jesús lleva los Doce en un lugar apartado para descansar; busca el descanso de los doce, no el suyo. La propuesta de descanso está en paralelo a la compasión hacia la multitud, ovejas sin pastor. El no tener tiempo ni para comer va preparando para el relato de la multiplicación de los panes. La gente llega al lugar antes que Jesús y los doce. No es cuestión de discutir sobre la posibilidad de la gente de haber llegado antes. Lo que es importante para Marcos es mostrar una multitud sedienta de Jesús más para hacerlo mesías que por sintonía con su mensaje; sólo hay que tener presente el comportamiento de la multitud en el juicio de Jesús ante Pilato (Mc 15,8.15).

La llegada de la gente representa un giro en el planteamiento de Jesús que en un principio pretendía el recogimiento y la intimidad con los doce, tendrá ahora de acoger una multitud carente de compasión, de guía y alimento que debe entenderse en sentido figurado: el alimento es la instrucción.

Como ovejas sin pastor. La imagen del pastor es un clásico de la literatura bíblica. Como en todo el oriente el pastor ideal es el rey que ha de proteger a su pueblo. A Nm 27,17 Moisés pide a Dios que designe un hombre que vaya delante de la comunidad a fin de que no sean como ovejas sin pastor. En general, los dirigentes del pueblo son considerados pastores, pero los pastores, como dice Ezequiel pueden descuidar su función. En el pensamiento de Jesús hay una crítica agresiva dirigida a los líderes religiosos de su tiempo. Cuando fallan los pastores Dios mismo hará de pastor (Ez 34,11ss). El salmo 23 lo proclama bien claro: "El Señor es mi pastor" Jesús, enviado de Dios, será el pastor que se compadece de las ovejas / pueblo de Israel.

Jesús enseña a las multitudes. Como hemos dicho, la enseñanza es alimento. El libro de los Proverbios presenta la sabiduría hecha alimento (9,5). Aquel alimento que los pastores dirigentes del pueblo no han querido dar a sus ovejas, Jesús lo da a la gente. Lo hace no desde los lugares tradicionales donde se imparte la enseñanza: escuelas rabínicas, sinagogas, atrios del templo, sino desde el espacio abierto de la naturaleza porque su enseñanza es abierta, no se necesitan estudios previos, ni conocimientos iniciáticos, basta escuchar y dejarse penetrar por la palabra liberadora.

Domingo 16º durante el año. 18 de Julio de 2021