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El capítulo 3º del evangelio de Lucas comienza con un largo relato sobre la predicación de Juan y del bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados (3,1-20), sigue un breve relato del bautismo de Jesús (3,21 -22). El capítulo concluye con la noticia sobre la edad en que Jesús empezó su ministerio (3,23) y la presentación del linaje desde Jesús hasta José (3,24-38). La idílica situación del momento del bautismo contrasta con el inicio del capítulo 4 que comienza con la historia de la tentación de Jesús, con la que da comienzo a su obra (4,1-15). En el evangelio de este domingo leemos el breve relato del Bautismo de Jesús (Lc 3,15-16.21-22).

Lo más significativo del relato es lo que acompaña al hecho mismo del bautismo de Jesús. Jesús oraba. Jesús lo hacía en los momentos decisivos y determinantes de su vida. Cuando crece su llamada, él ora (Lc 5,16), antes de escoger a los doce (Lc 6,12), antes de predecir su pasión (Lc 9,18), antes de enseñar la oración del Padrenuestro ( Lc 11,1), en el momento de la transfiguración (Lc 9,29), en la montaña de los Olivos antes de su muerte (Lc 22,39-46) y desde la cruz (Lc 23, 34-46 ). El bautismo de Jesús se inscribe, pues, en el conjunto de eventos primordiales de su vida y su actividad; es el momento de la identificación de Jesús como Mesías de Israel y, en este sentido, juega un papel determinante la voz que viene del cielo porque revela quién es realmente ese Jesús que recibe el bautismo de Juan.

La voz que viene del cielo pone la escena del bautismo de Jesús en paralelo a la escena de la transfiguración. Allí la voz del cielo interviene proclamando solemnemente: “Éste es mi Hijo, mi elegido; escuchadle” (Lc 9,35). Las dos intervenciones de la voz del cielo, la voz de Dios, la voz del Padre acontecen antes de las dos grandes etapas de la vida, el ministerio y la actividad de Jesús. El bautismo precede al ministerio de Jesús en Galilea, la declaración en el momento de la transfiguración precede al gran viaje de Jesús a Jerusalén, el lugar donde ocurrirá su pasión, su muerte y la resurrección. Tanto en el bautismo como en la transfiguración se pone de manifiesto la estrecha relación de Jesús con el Padre que no se reduce a estos dos momentos, sino que preside toda la existencia de Jesús.

La presencia del Espíritu Santo juega en la escena del Bautismo un rol de primer orden; Lucas describe esta presencia con la imagen de una paloma en forma corporal, es decir, bien visible. En el Antiguo Testamento el don del Espíritu está asociado a la plenitud (Jl 3,1; Nm 11,29) y el futuro rey mesiánico posee los dones del Espíritu (Is 11,2; 61,1). En tiempos de Jesús estaba arraigada la convicción de que el Espíritu de Dios permanecería ausente hasta el fin de los tiempos y aparecería de nuevo con la llegada del profeta definitivo ( 1Ma 9,27). En el relato de Lucas la presencia del Espíritu ya se hace notar en los episodios de la infancia ( 1,15.17.35.41.67), pero es en el momento del Bautismo cuando esta presencia se hace pública y evidente indicando que es el Espíritu el que guiará todo el decir y hacer de Jesús incluso si éste le empuja al desierto para ser tentado (Lc 4,1). Esta irrupción del Espíritu en la persona de Jesús indica claramente la venida de los tiempos últimos y definitivos, encendidamente esperados, tal y como dicen las primeras palabras de la lectura de hoy: "el pueblo vivía en la expectación".

De hecho, el Bautismo en su conjunto: oración, don del Espíritu, voz del cielo es la respuesta a esta expectativa del pueblo. Las esperanzas mesiánicas en el tiempo de Jesús habían tomado muchas formas. La respuesta a la pregunta de Jesús a los discípulos: ¿qué dice la gente que soy yo? hace dar cuenta de esta pluralidad. La esperanza del retorno de Elías quizás era una de las que tenía más fuerza (Ml 3,23). Teófilo, a quien Lucas dedica su obra, seguro las conocía todas. Ante la pregunta que Teófilo se hacía de si era posible que hubieran muerto el verdadero Mesías de Israel, la respuesta de Lucas es suficientemente clara en el pasaje que nos ocupa. Realmente Jesús de Nazaret es, sin duda, el verdadero Mesías de Israel avalado con el don mesiánico del Espíritu del Señor y con la inconfundible voz de Dios aplicando a Él las palabras de un salmo que Teófilo sabía era eminentemente mesiánico: “Tú eres mi Hijo”.

Festividad del Bautismo del Señor 9 de Enero de 2022.