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 En el libro del Éxodo se dan las instrucciones para la construcción del santuario (cc. 25-31) y más adelante se explica cómo se realiza esta construcción (cc. 35-40); entre los dos grupos de capítulos se  interpone el relato de la adoración del becerro de oro (C.32) con la que Israel rompe la alianza del Sinaí. Los capítulos 33-34 explican cómo, gracias a la intervención de Moisés, Dios renueva la alianza e Israel perdonado podrá llevar a cabo la definitiva construcción del santuario. En la 1ª lectura de hoy leemos un pasaje (Ex 34,4b-6.8-9) de este tramo del libro del Éxodo.

Veamos los elementos del relato que nutren la significación del texto. "Moisés subió al monte Sinaí". En el antiguo oriente existía la convicción de que la montaña era el lugar de residencia de los dioses. Algún vestigio de ello queda en el Antiguo Testamento; en el libro de Isaías se dice: "Subiré hasta el cielo ... me sentaré en la montaña donde reside la corte divina" (14,13). La montaña es también el lugar de la teofanía, es decir, de la manifestación de la divinidad. Es en una montaña donde el Señor se manifiesta al profeta Elías: "Sal y estate de pie ante mi en el monte porque pasaré yo, el Señor" (1 Re 19,11).

En cuanto a Moisés, subir a la montaña es el equivalente a la experiencia espiritual que representa acercarse al mundo de la divinidad. En este sentido Moisés vivirá una experiencia única de la que el resto del pueblo está excluido. Representa un esfuerzo y un alejamiento del pueblo pecador. Moisés hace la experiencia que el pueblo, con la adoración del becerro de oro, no ha querido hacer. Como representante del pueblo, la experiencia de acercamiento a Dios que hace Moisés reportará el perdón del pecado cometido por el hecho de romper el compromiso de fidelidad al Señor.

"Llevando a la mano las dos tablas". La divinidad que entrega las leyes escritas en piedra no es ajena a la mentalidad del antiguo oriente. Este es el caso de Shamash, dios del sol que entrega las leyes al rey babilónico Hammurabi que las graba en una piedra (1792 - 1750 aC.). Al proceder de la divinidad la ley no permite modificaciones humanas y no se puede cambiar, esto se asegura grabándola en una piedra. Al dar Dios la ley en tablas de piedra se garantiza su transmisión, tal como dice el libro del Deuteronomio: "También vuestros hijos que aún no la conocen, la escucharán y aprenderán a temer al Señor todos los días de la vida "(31,13).

El que conozca la niebla de Lleida sabe que esta es envolvente, penetrante, poderosa,  se impone por doquier  por sobre los colores de todas las cosas. Quizás esto ayude a entender que la nube sea imagen de Dios. Él es presencia poderosa que se impone por encima de todo y no deja ver nada más que su blancura absorbente. La Biblia se vale de esta imagen para explicar la presencia de Dios. Lo vemos en el libro del Éxodo cuando el Señor camina ante el pueblo en una columna de nube (13,21) o cuando el Señor baja en la columna de nube y se queda en la entrada de la tienda (33,9) o cuando la gloria del Señor, en forma de nube, llena el templo (1 Re 8,10).

Pasaré es una manera de decir que Dios se hace presente. Encontramos el uso de este verbo cuando Dios pasa en forma de una antorcha de fuego en la alianza con Abraham (Gn 15,17), cuando pasa por el país de Egipto (Ex 12,12) o cuando se manifiesta al profeta Elías (1 Re 19,11).

La cuestión del nombre de Dios aparece en Ex 3,6.13-15. Allí Señor se vincula con el favor de Dios hacia los Patriarcas. En nuestro texto se produce un cambio sustancial. El nombre de Dios no se vincula a los patriarcas sino a una fórmula definitoria que aparece en otros lugares de la Escritura: "El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor" (Nm 14,18; Jl 2,13; Jo 4,2). La fórmula contiene los atributos divinos que, según los rabinos, Dios organiza su gobierno sobre la creación y los seres humanos: la justicia y la misericordia. Pocas veces en la Escritura este lenguaje sobre Dios adquiere el equilibrio, la profundidad y la potencia teológica que esta fórmula le otorga. Quizás esta es la razón de la elección de este texto para la fiesta de la Trinidad.

Festividad de la Santísima Trinidad. 7 de Junio ​​de 2020