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Leemos en el evangelio de este domingo la parábola de la oveja perdida, la de la dracma perdida y la de los dos hijos (Lc 15,1-32) que responden, por parte de Jesús, a la crítica que le hacen los fariseos y los maestros de la ley: "Este acoge a los pecadores y come con ellos". Hay detalles en la tercera parábola del conjunto que permiten enriquecer la comprensión del texto.

Fijémonos en el versículo 17 cuando dice: "Entonces reflexionó y se dijo" Esto indica que el comportamiento del hermano pequeño es el resultado de una reflexión y un diálogo interno. Esta manera de proceder la encontramos en otros personajes del evangelio de Lucas. El rico insensato (12,13-21) y el administrador astuto (16,3-4) se comportan fruto de una reflexión. En estos casos la reflexión no desemboca en un comportamiento positivo, en cambio, sí la reflexión da un buen resultado en el caso del juez que no tiene temor de Dios (18,1-8). El juez después de reflexionar cambia y hace caso de la viuda. Comparar el hijo pequeño con otros personajes del evangelio que actúan y se comportan después de una reflexión nos hace ver que los personajes del evangelio no son autómatas, son personas humanas que reflexionan y toman decisiones resultado de procesos internos (reflexión y diálogo interno dan las pistas de este proceso) que a veces pueden ser largos y dificultosos.

La intervención del padre queda en el centro de la parábola. Esta centralidad nos lleva a buscar en esta parte el núcleo de la respuesta a la crítica que fariseos y maestros de la ley hacen a Jesús. Los rabinos en sus comentarios a la Escritura consideraban que el comportamiento de Dios estaba determinado por sus atributos: la justicia y la misericordia. El verbo que aparece en el texto "splanchnizesthai" significa "remover las entrañas" y por extensión se puede traducir por "tener misericordia" o "conmoverse"; es el mismo verbo que Lucas usa para describir la compasión del samaritano hacia el hombre que cae en manos de ladrones (10,33). Los fariseos y maestros de la ley y también el hermano mayor hubieran querido que el padre - clara imagen de Dios - se hubiera comportado según el juicio, castigando el comportamiento disoluto del hermano pequeño. Pero Jesús recuerda que además de la justicia Dios también puede actuar movido por la misericordia que incluye el perdón y el restablecimiento de la dignidad de la persona. Si Jesús acoge y come con pecadores no hace otra cosa que actuar en sintonía con el comportamiento de Dios.

También el hermano mayor prefiere el juicio a la misericordia. Respecto a él se puede hacer la pregunta: Entró finalmente en la casa? La parábola no da respuesta a la supuesta pregunta y se mantiene en un final abierto. Difiere de las otras dos parábolas, la de la oveja perdida y la dracma perdida. Estas culminan con la alegría de haber encontrado lo que estaba perdido. Recordemos que la parábola responde a la crítica de fariseos y maestros de la ley. El hijo mayor caracteriza el posicionamiento de estos personajes. Como el hijo mayor estos pavonean de no desobedecer ningún precepto y de haber  permanecido muchos años al servicio de quien ven más como un dueño que como un padre. A la falta de justicia que representa el perdón se añade, según ellos, la falta de justicia de no reconocer sus méritos. Con la reflexión, el hijo pequeño se da cuenta de la ganancia que supone volver a casa y encontrar al padre. Jesús enseña a los fariseos, maestros de la ley y al  hijo mayor los beneficios de la comunión de vida con el padre. Les propone que reflexionen como reflexionó el hijo pequeño. Lo harán?

Domingo 24 durante el año. 15 de Septiembre de 2019