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Con el capítulo 12 de la primera carta de Pablo a los Corintios comienza una nueva sección que llega hasta 14,40. Leeremos un pequeño fragmento en la segunda lectura de este domingo (1 Co 12,4-11). El tema estrella es la presencia en la comunidad de “dones espirituales” o carismas, es decir, cómo se llevan a cabo determinadas manifestaciones del Espíritu en la vida de la comunidad. El problema que había originado la intervención de Pablo, tratando este tema, era que en lugar de alegrarse de los dones concedidos a cada uno de los miembros de la comunidad, los cristianos de Corinto se comportaban orgullosamente con sus propios dones y despreciaban los dones que tenían los demás. Particularmente esto se daba entre los que poseían el don de lenguas y su interpretación, éstos consideraban que los demás dones servían de poco. Fijémonos en que Pablo introduce este don en el último lugar de la lista que presenta en nuestro texto. Los “dones espirituales” se habían convertido, pues, en una fuerza de división dentro de la comunidad y esto Pablo no podía consentirlo de ninguna manera.

El capítulo 12 está marcado por una preocupación muy precisa: la tensión existente entre unidad y diversidad. La existencia de carismas es un hecho que no se puede negar y no sólo eso sino que la vida de la comunidad tiene necesidad de ellos y todo esto debe ser una realidad sin que la unidad quede resentida. De hecho el problema real, tal venimos diciendo, era que la existencia de la pluralidad de carismas hacía peligrar la unidad de la comunidad. La posterior imagen del cuerpo con la multiplicidad de sus miembros servirá para reforzar el equilibrio que debe existir entre unidad y diversidad.

La pluralidad queda afirmada en el texto por la repetición del término “diairesis”, diversidad y por la variedad de términos con que Pablo se refiere a los dones espirituales: dones, servicios y milagros, en cambio, la unidad se enfatiza con la repetición de "uno mismo". La diversidad se expresa también con la lista de dones: expresarse con sabiduría, don del conocimiento, don de la fe, don de curar, don de hacer milagros, don de profecía, don de discernir espíritus, don de hablar lenguas, don de interpretarlas. Cabe decir que en los textos de Pablo aparecen otras listas como en la misma sección 1Co 12,28-30 o en Rm 12,6-8. No siempre son coincidentes y eso prueba que carismas habría muchos más que los expuestos en el texto que nos ocupa.

La acción de Dios a través de su Espíritu y en sintonía con Jesús es la realidad que unifica la multiplicidad de carismas. La riqueza que da y se manifiesta en la pluralidad y variedad brota de una única fuente. Todos los dones que se dan en la comunidad proceden de la acción del Espíritu de Dios negando así la pretensión de algunos miembros de la comunidad que consideran que sólo algunos podrían considerarse auténticamente espirituales. Además de esto los dones tienen un carácter totalmente gratuito y son recibidos resultado de la generosidad divina, quedando excluida así cualquier pretensión de quien pretenda poseerlos fruto de sus cualidades personales.

La unidad queda puesta de manifiesto también por la existencia de una sola comunidad, un solo grupo. El bien de todos actúa como factor unificador. No existe en la comunidad una pluralidad de intereses, sino un único interés común.

Pocos son los textos de las cartas de Paz que sitúan a Dios Padre, Jesús Hijo y al Espíritu en un paralelismo que será la base para el desarrollo de la posterior teología de la Trinidad ( 2 Co 1,21-22; 13,13; 1 Co 2,7-16; 6,11; Rm 5,1-5; 8,14-17;15,30). El texto que comentamos es una muestra. No quiere expresar un reparto de funciones entre el Padre, Hijo y Espíritu sino que existe una gradación ascendente que resalta una única acción de Dios que lo obra todo en todos.

El texto pone de relieve la forma de organizarse las comunidades de Pablo en los tiempos más tempranos del cristianismo. No aparecen carismas destinados a los cargos de dirección. Será a finales del s.I cuando se empezará a hablar de obispos y diáconos. La instancia última es el impulso del Espíritu, Él es quien vela por el bien de toda la comunidad y todos los poseedores de dones espirituales están implicados y comprometidos en dar a la comunidad lo mejor para su buen funcionamiento.

Domingo 2 del tiempo ordinario. 16 de Enero de 2022