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El deseo de David de construir un templo a fin de trasladar el arca de la alianza y las palabras del profeta Natán sobre la perpetuidad de la dinastía de David, prueba del favor de Dios se narran en el texto (2 Sa 7 , 1-5.8b.11-16) que leemos, aunque fragmentariamente, en la primera lectura de este domingo.

Dos veces se hace mención en el texto que los enemigos han dejado en paz al rey David. La indicación sirve para corroborar que el pueblo de Israel ha alcanzado la plena posesión de la tierra prometida (Gn 13,15; Dt 1,8). Es una manera de constatar que lo que Dios promete lo cumple, seguramente preparando la promesa que Dios hará a David por boca del profeta Natán.

Con David se puede hablar de un único territorio que acoge las 12 tribus de Israel, rara vez más volverá a pasar. En este territorio poseído y unificado, Jerusalén adquirirá un papel de primera magnitud; de ser un irrelevante pueblecito, será conquistado por David que lo convertirá en Jerusalén, capital primero del reino de Judá y después del territorio entero. De aquí sucederá que Jerusalén adquiera un significado y prestigio tanto político como religioso. Es para dotar a la ciudad de esta importancia religiosa y posiblemente cansado de que el arca hubiera ido de un lado a otro (Betel Jue 20,27; Silo 1Sa 3,3; en manos de los filisteos 1Sa 4,4; Quiriat - jearim 1Sa 7,1) que David la llevará a Jerusalén y, en consonancia con el deseo de agrandar Jerusalén, nacerá en David el deseo de construir un templo para albergar el arca de la alianza convertida, ya desde del tiempo de estancia en el desierto, en un elemento fundamental del culto de Israel.

Vale la pena observar cómo el texto utiliza la palabra "casa" que traduce el término hebreo "bayit". En un primer nivel sirve para designar el lugar donde se vive; encontramos un ejemplo en Gn 24,23 "Dime ... si en casa de tu padre hay suficiente lugar para que podamos pasar la noche". En el caso de que la casa se considere que es el lugar donde vive Dios, el significado adquiere un nivel más profundo y se convierte en equivalente de templo: "Vamos a la casa del Señor" dirá el salmo 122,1 y el 135 , 2 hablará de los "atrios de la casa de nuestro Dios"; ambos refiriéndose al templo de Jerusalén. Es este el sentido que tiene cuando el texto dice: "Tú me has de construir una casa para que resida?"

El término hebreo "bayit" puede significar también: apellido, familia, pueblo, parentela, estirpe, linaje. Es en este sentido que lo encontramos en el salmo 115,12 cuando dice. "El Señor se acuerda de nosotros y nos bendecirá, bendecirá la casa de Israel bendecirá la casa de Aarón" y este es el sentido que tiene en nuestro texto cuando dice: "Y ahora el Señor te dice que es él quien te hará una casa "(v.11). Usando el mismo término se habla en el texto de realidades diferentes; o quizás no tan diferentes.

Debemos tener en cuenta que el arca de la alianza era el símbolo de la presencia de Dios. Cuando David quiere construir un templo para poner el arca lo que quiere es asegurar que la presencia de Dios esté en Jerusalén. Según como se mire, la quiere controlar. La monarquía opta, por decirlo de alguna manera por una presencia estática de Dios. La propuesta de Natan es diferente. Dios asegura su apoyo a la dinastía de David, promete estar a su lado. En cierto modo, la presencia de Dios en medio del pueblo se mantendrá segura mientras haya un descendiente del rey David reinando sobre Israel. David inaugura el mesianismo tanto histórico como teológico en Israel. La presencia de Dios en medio del pueblo se notará en las acciones mesiánicas creativas y liberadoras. Natán, en consonancia con el pensamiento profético (Jr 7), opta por una presencia de Dios dinámica protegiéndola así de secuestros y manipulaciones.

Domingo 4º de Adviento. 20 de Diciembre de 2020