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Seguimos leyendo, en el evangelio de este domingo, las dos últimas antítesis que en el sermón de la montaña del evangelio de Mateo sirven de ejemplos que muestran cómo Jesús es el intérprete autorizado de la Ley. El texto (Mt 5,38-48) comienza recordando el enunciado de esta ley: "ojo por ojo diente por diente". Es una ley pensada para evitar las desmesuras en el castigos derivados de la aplicación de las leyes. Se trataba de evitar imponer penas excesivamente severas para delitos o faltas leves. Esa ley estaba presente en muchos códigos legislativos de la antigüedad y el Antiguo testamento la recogió Ex 21,23-25; Lv 24,19-20 y Dt 19,21. Jesús la cita como punto de partida de la primera de las antítesis de nuestro texto.

Mateo presenta Jesús exigiendo un comportamiento ético que va más allá de lo simplemente mandado. Es un plus de exigencia que caracteriza la comunidad de Mateo que con ello marca la diferencia respecto al comportamiento ético de otros grupos religiosos y sociales. Se propone un comportamiento de la persona diferente, alternativo de lo normal en la vida cotidiana. Este plus lo vemos en otros lugares del Evangelio como en el caso del chico rico a quien Jesús pide que después de cumplir los mandamientos lo venda todo y le siga (12,21). En el mismo sermón de la montaña pide una justicia superior a la de los escribas y fariseos (5,20).

Este ir más allá del mandado está explicitado en cuatro ejemplos. Están extraídos de la vida de cada día, podrían ser de otros, lo que invita a la comunidad a descubrir aquellas nuevas situaciones en las que puede ser aplicable el mismo comportamiento.

Todos los casos contienen una dosis de provocación deliberada. Señalan unas reacciones o comportamientos ilógicos que con su rareza intentan captar la atención del oyente o el lector. Al recibir una bofetada, la reacción lógica, casi instintiva es la de responder con otra bofetada. Esta podría ser una reacción, la otra podría ser no hacer nada, la de la pasividad total. Jesús no pide ni una ni la otra. Poner la otra mejilla es renunciar al recurso de la violencia como respuesta a la violencia, es hacer que no se ponga en marcha una espiral de violencia que puede llevar a extremos insostenibles e irresolubles. Por otra parte, la pasividad total representa la connivencia con el mal. La no reacción es dar la razón al mal que se impone despreciando y dominante del otro.

Poner la otra mejilla es un gesto desconcertante. Es la no violencia desarmante. Quien la practica significa que no se deja intimidar ni cae en la provocación. Es una respuesta activa no violenta ante un sistema concebido para dominar. Poner la otra mejilla niega al agresor su poder de humillar. El que pone la otra mejilla rechaza la sumisión y afirma su propia dignidad y humanidad.

La renuncia a la violencia se dirige a una comunidad que ha sido protagonista de sufrimientos, persecuciones, torturas y muerte. A la comunidad se le propone este comportamiento porque es el que practicó Jesús.

Los ejemplos que ilustran un plus a la ley del talión: renunciar a la violencia, o pleitear contra el pobre, no enfrentarse al enemigo, dar sin condiciones nos preparan para la última de las antítesis: el amor a demás, no fácil de llevar a cabo cuando el plus del amor a los demás es el amor a los enemigos, sobre todo si estos toman la forma de las legiones romanas opresoras.

Domingo 7º durante el año. 23 de Febrero de 2020

 

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