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En la primera década del exilio se configuró la historia deuteronomista que nos ha llegado en ellos libros de Josué hasta 2 Reyes. Esta historia nos viene precedida de un discurso puesto en boca de Moisés (Dt 1-4). Después del exilio, la obra deuteronomista experimentó una revisión motivada por la experiencia de quienes vivieron la deportación. El capítulo 4 podría haber sido creado en el momento de esta revisión; de él leemos unos versículos en la primera lectura de la festividad de la Santísima Trinidad. (Dt 4,32-34.39-40).

Nuestro texto comienza con una invitación: "Pregunta". A Israel se le anima a hacer una búsqueda mediante un repaso a la historia universal. Una investigación que se extiende por el tiempo y por el espacio y que quiere abarcar el mayor tiempo (desde la creación) y espacio (de un extremo a otro del mundo) posibles. Israel debe hacer lo que hoy llamaríamos una historia comparada de las religiones. La búsqueda a través de la historia universal y la comparación con otras religiones aportan la motivación fundamental teológica de la relación exclusiva de Israel con su Dios.

El tema de fondo que mueve el discurso que recoge nuestro texto es el de la exclusividad del Dios de Israel ante la competencia que pueda representar la presencia de los dioses de los otros pueblos. El Señor es nuestro Dios. Sólo el Señor es Dios.

El texto va dirigido a los que habían conocido la experiencia del exilio. Allí habían visto la magnificencia del culto dedicado a los dioses babilonios. El triunfo de los babilonios implicaba el triunfo de sus dioses sobre el Dios de Israel. Como puede que Israel que era el elegido de Dios (Dt 7,6s) se haya visto envuelto en circunstancias tan penosa ?. Se preguntaban: ¿Dónde está nuestro Dios que permite la derrota militar ?, ¿qué hace ?, ¿cuál es la actuación de nuestro Dios ?.

Israel ha conocido los dioses egipcios, cananeos, asirios y de esta experiencia ha surgido el convencimiento, expresado en el salmo 115, de la ineficacia de los dioses de los otros pueblos. El salmo expresa la contraposición entre el Dios de Israel que hace lo que se propone y los otros dioses que tienen boca y no hablan y manos que no palpan (Sal 115,3-7). Por eso Israel debe tener presente los dos hechos fundamentales que muestran la actuación liberadora de su Dios: la teofanía del Sinaí y la salida de Egipto. La confrontación del Señor con otros dioses no debe situarse al nivel del culto o la dogmática, sino al nivel de la historia. En la confrontación siempre el Señor sale vencedor.

El hecho de que el texto se haya escrito desde la experiencia del exilio explica porque Dios ha "hecho sentir desde el cielo su voz y en la tierra ha hecho contemplar su fuego inmenso" (v 36 que la lectura litúrgica omite ). El exilio va acompañado de la desaparición del templo. La gloria (presencia) del Señor ha abandonado el templo y Jerusalén (Ez 11,22). Dios ya no habla desde el templo, el cielo y la tierra son el lugar donde Dios hace sentir su voz. El cielo y la tierra son el espacio del Señor, Dios de Israel y ningún otro  Dios ocupa estos espacios. En contra la indicación de rendir culto en un santuario único (Dt 12,5), este texto postexílico abandona la teología del templo y se abre a una universalidad abierta y nueva.

A la exclusividad de la elección de Israel, hay que responder con la exclusividad del servicio al único Dios, renunciando a los dioses de los otros pueblos. La exclusividad del Dios de Israel lleva a pensar en la exclusividad del Dios que enseña Jesús, Dios trinitario que es Padre, Hijo y Espíritu.

Fiesta de la Santísima Trinidad. 27 de Mayo de 2018