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La ciudad de Colosas situada en la región de Frigia era una población importante en los comienzos del siglo I. Habitada por paganos de habla griega que convivían con algunos judíos, había una comunidad cristiana que no fue fundada por Pablo, sino por algunos miembros de su equipo, entre ellos un tal llamado Epafras (1,6). En principio una comunidad tranquila sin problemas especiales hasta que esta situación empezó a tambalearse con la llegada de unos predicadores que pusieron en duda la centralidad de la persona de Jesús, dado que predicaban la existencia de unos poderes que gobiernan el mundo, principados y potestades que influyen en el destino de la humanidad y que son superiores a la persona de Jesús. La carta tiene 4 capítulos. El primero está dedicado a hablar de la preeminencia de Jesús sobre todas las cosas; en el segundo el autor apunta el problema de los intrusos en la comunidad y en los capítulos 3 y 4 aplicará al comportamiento del cristiano todo lo que ha dicho hasta el momento. En la segunda lectura de este primer domingo de Resurrección leemos los versículos (3,1-4) que sirven de nexo entre la parte doctrinal de los dos primeros capítulos y la parte exhortativa del resto de la carta.

El texto de la lectura empieza diciendo: "Habéis resucitado en Cristo" (v.1); anteriormente en la misma carta ya ha dicho: "con Cristo también habéis resucitado" (2,12). Es interesante observar el giro que se produce aquí respecto a la doctrina de Pablo. En Romanos 6 se afirma que los cristianos han muerto con Cristo en el bautismo y que por este hecho obtendrán la resurrección. La resurrección debe venir o ha acontecido ya? El autor de Colosenses está convencido de que la fe de la comunidad "resiste con firmeza" (2,5) y esta solidez atiza el convencimiento de que la resurrección es una realidad tan incuestionable que la ven como algo conseguida, tan seguros están que vendrá que se ven ya resucitados.

La condición de resucitado conlleva, como consecuencia, buscar lo que es de arriba. El mundo de Dios se encuentra arriba según la cosmovisión del helenismo que concibe la esfera terrestre inestable, insalubre y mortal al contrario del mundo superior puro inmortal y divino. Pero también en la Escritura el espacio superior es el espacio de Dios. En el relato de la torre de Babel se dice que "el Señor bajó para ver la ciudad y la torre que construían los hombres" (Gn 11,5); también el libro del Éxodo dice que "el tercer día bajará el Señor en el monte Sinaí a la vista de todo el pueblo" (Ex 19,11) y en el tercer Isaías dice el Señor: "El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies" y en el salmo 102 está escrito:" el Señor mira desde las alturas del cielo ". Poner el corazón en las cosas de arriba es una manera de decir que el corazón, el centro neurálgico de la persona debe estar ocupado por Dios, Él debe ser el máximo valor, la prioridad por encima de todo en la vida de la persona.

En cuanto a lo terreno, el autor de Colosenses las describe en el versículo inmediatamente posterior a la lectura: inmoralidad, impureza, pasiones, malos deseos y amor al dinero que es una idolatría. Además de eso, a lo largo de la carta ya ha dicho algo referente a lo que es terrenal: los malos deseos que dominan nuestro cuerpo (2,11) los poderes que dominan este mundo (2,16) le ideas puramente terrenas de  los falsos predicadores (2,18).

Resucitar, poner el corazón en las cosas de arriba efectúan en la persona una transformación tal que la lleva a vivir una vida, eso sí, escondida a los ojos de los que no tienen fe. Esta vida se manifestará plenamente el día que también se manifieste Jesús, el Cristo, designio (2,2) escondido de Dios.

Domingo de Resurrección. 4 de Abril de 2021