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El salmo 27 es el que leemos entre la primera y segunda lectura de este 2º domingo de Cuaresma del ciclo C. La versión litúrgica del salmo sigue la numeración de la traducción griega del texto hebreo - la llamada de los Setenta - Esta, en virtud de desdoblamientos y reagrupamientos de algunos salmos ha hecho que gran parte de estos indiquen con el número anterior al número del texto hebreo. Así el salmo 27 de la Bíblia  hebrea es, según la versión griega y también latina (Vulgata), el salmo 26.

En su conjunto el salmo 27 más que una lamentación es un salmo de oración de una persona perseguida y acosada y falsamente acusada a pesar de ser inocente. Esta persona ha buscado refugio en el templo y dentro de él se siente segura y percibe que el Señor la protegerá. No tiene miedo, todo lo contrario, sabe que ofrecerá un sacrificio de acción de gracias al Señor que la liberará y la salvará. La petición del versículo 7 tiene un carácter de apelación. Al final, se escucha una nueva palabra de salvación mediante con la que se alienta al orante a afianzarse en el Señor.

El tema del justo perseguido que pone la confianza en Dios, que busca refugio en el templo y que finalmente recibe la respuesta de Dios es un tema muy habitual en los salmos. Casi responde a un esquema que, con variantes y modificaciones, se repite en los salmos muchísimas veces.

Esta visión armónica y bien conjuntada del salmo no es compartida por todos los comentaristas. Hay quien ve dos cánticos que poco tienen en común y que habría que interpretar separadamente. El tono de la oración de la primera parte del salmo (vv.1-6) es de confianza en el Señor y de alegría por haber triunfado sobre los adversarios; en la segunda parte (vv. 7-14) las palabras del salmista adquieren un tono de súplica lastimera para que el Señor tenga piedad de él, pues se ve abandonado y calumniado.

La relación de la luz con Dios es frecuente en la Biblia. "Te envuelve la luz como un manto" dirá el salmo 104,2; "El Dios santo, luz de Israel" (Sal 10,17). El texto estrella lo encontramos en Is 60,19: "Yo, el Señor, seré siempre tu luz". La luz de Dios es luz que es vida y guía para el camino de la existencia humana "Para que camine delante de ti, Dios mío, a la luz de tu vida" (Sal 54,14). La primera experiencia de quien nace es ver la luz y vivir es ver la luz porque, como dice el libro de Job, la muerte es vivir en el país de la oscuridad y la tiniebla (10,21). En el libro del Génesis la luz es la primera criatura (GN1), con mucho acierto el autor del salmo pone en su comienzo de su poema el tema de la luz.

"Buscad mi presencia" (v.8). Literalmente el texto hebreo dice. "Buscar mi rostro". El rostro es el equivalente a toda la persona. Viendo el rostro se percibe lo que uno es. La persona se manifiesta a través de su rostro. El primer libro de los reyes dice de Salomón: "De todas partes venían a verlo para escuchar la sabiduría que Dios le había infundido" ( "Todo el país buscaba el rostro de Salomón" dirá el texto hebreo 10,24). El rostro puede indicar la persona entera, por eso a Caín le decae el rostro cuando ve que Dios no acepta su ofrenda (Gn 4,5). Viendo el rostro se capta lo que el otro es y como el ser humano no puede hacer suya la realidad de Dios, Moisés se tapa la cara porque tiene miedo de mirar a Dios (Ex 3,6).

El orante del salmo se compromete a buscar el rostro de Dios, es decir a Dios mismo y pide que Dios no se esconda lejos de él porque esconder el rostro es señal de rechazo y de abandono. Ahora toca a Dios no ocultar su rostro a quien lo busca, sobre todo cuando es Dios mismo que invita a hacerlo con palabras que llegan al fondo del corazón, es decir, a la dimensión más íntima y singular de la persona humana.

Domingo 2º de Cuaresma 17 de Marzo de 2019