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Todo el capítulo 13 del evangelio de Marcos está dedicado al discurso sobre el fin y unos versículos de dicho capítulo los leemos este domingo (Mc 13,24-32). El tema principal del fragmento es la venida del Hijo del hombre que va precedida de un grupo de señales: guerras, terremotos, hambre, dolores de parto, falsos profetas, persecuciones, profanación del templo de Jerusalén, los más espectaculares los que se mencionan hoy: el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo y los luceros sacudidos.

Fijémonos que en el cuarto día de la creación (Gn 1,14), Dios establece un orden en la bóveda del cielo donde el sol, luna y estrellas han de separar el día de la noche, señalar las festividades y asegurar una vida con normalidad. Todo los fenómenos extraordinarios de que habla el texto son el símbolo de que aquel viejo mundo que comenzó con la creación saliendo del caos queda desmantelado y vuelve al caos a fin de abrir paso a un nuevo orden, un nuevo mundo que debe estar presidido por el Hijo del hombre y no por los poderes que simbolizan sol, luna y estrellas. Este desmantelamiento ya había sido anunciado por el Antiguo Testamento: "Estrellas y constelaciones dejarán de lucir; el sol cuando salga se oscurecerá, la luna no dará su resplandor " nos dice el profeta Isaías (13,10 y también 34,4; Jl 2,10; 3,3-4). Sol, luna y estrellas ya no brillarán porque lo que brillará será la luz del Hijo del hombre. A fin de que ésta pueda brillar necesario que las demás luces se apaguen; a fin de que el poder liberador de la venida del Hijo del hombre sea efectivo es necesario que desaparezcan los otros poderes representados por el sol, luna y estrellas; hay que recordar que en las culturas de la antigüedad estos astros representaban divinidades y poderes cósmicos. El orden de la creación se ha pervertido: sol luna y estrellas ya no separan día y noche y señalan fiestas sino que se han convertido en divinidades y poderes. Hace falta un nuevo orden, será el que ocurra con el advenimiento del Hijo del hombre.

Marcos identifica el Hijo del hombre con la persona de Jesús. El hijo del hombre perdona los pecados (2,10), es señor del sábado (2,28) es el que anuncia su muerte y resurrección (8,31; 9,31; 10,33), es lo que debe venir en los últimos tiempos (8,38; 13,26; 14,62). La figura que la tradición y la apocalíptica judías conocen a través del libro de Daniel (Dn 7), el libro de las Parábolas de Henoc y el libro 4 de Esdras resulta ser Jesús de Nazaret.

Entre el Hijo del hombre de Marcos y el de la apocalíptica judía hay diferencias. En Marcos el hijo del hombre no actúa como un guerrero que lucha contra los enemigos y los vence. "El hijo del hombre aniquilará sus enemigos con el aliento de su boca" (4 Esd13), tampoco dice nada de una condena de los demás, ni habla del infierno ni de la derrota de los ricos y poderosos ( 1 1HenPar 62).

¿Qué interés tiene para Marcos, pues, la figura del Hijo del hombre? Lo dice el texto: la reunión de los elegidos. Quienes son estos elegidos ?. Ha habido una especie de "casting" en la humanidad que ha hecho una selección de los que deben ser salvados ?. Sabemos que Israel es el pueblo elegido de Dios (Dt 7,6) La apocalíptica judía entiende que los que no son malvados ni perversos son los elegidos (1 HenVig 1,1).
Aquí los elegidos corresponden a las comunidades cristianas que, gracias a labor evangelizadora se han esparcido por el mundo. Son las comunidades que experimentan las difíciles situaciones que provocan las persecuciones lideradas por los poderes políticos que no pueden tolerar el mensaje liberador del evangelio. Comunidades inmersas en un tiempo de prueba. El mensaje del capítulo 13 de Marcos para estas comunidades es claro: los tiempos difíciles pueden ser largos, pero no inacabables. Las dificultades pertenecen al tiempo del viejo mundo. El escrito de Marcos quiere mantener la resistencia, evitar el desfallecimiento, fomentar la esperanza.

Domingo 33 durante el año. 18 de Noviembre de 2018